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Alfredo Casero (no CaseroS), un gran pacificador (dicho sea de paso: ¿qué carajo hace Casero ahí? Qué hambre, che).

Demás. Leáse como "no tenemos puta idea quien es esa enana que está al lado del señor que no es Hierro López". Glenda Rondán, ex diputada y actual edil por Lista 15. El otro, paso.
El dibujante Horacio Guerriero (no GuerreIro), más conocido como Hogue. Al lado es Jorge Burel, periodista y escritor, pero ese hay que adivinarlo.
Ellos no saben. Nosotros sí. No todas, claro, que tampoco tenemos por qué saber que entre ellas se encuentra la directora adjunta del diario y la gerenta de Marketing y Observa.Etiquetas: El Observador, Observa
En un arranque de entusiasmo, Ricardo Peirano prometió que en el vigésimo aniversario se va regalar a cada invitado un pan flauta saborizado con ajo.
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Al parecer, Pablito Tosquellas tendría intenciones de convertirse en un serio competidor de Observa.com. Hasta el momento, sus herramientas para enfrentar semejante cometido serían la lucidez de los títulos y la actualización permanente de las noticias.
El informe peruano sigue haciendo estragos en la prensa sensacionalista panamericana.Etiquetas: Infobae
Madonna se plegó a la moda negrito-in-a-bag y se trajo un souvenir de Malawi. Ahora resulta que "grupos de derechos humanos y de protección a la infancia" quieren impugnar la adopción porque la ley malauí no permite a los extranjeros adoptar niños sin haber vivido al menos un año y medio en ese paraíso africano.
Charaboncito mandó el aporte culto del día. Según sus propias palabras "a esta altura de la vida, no se le puede exigir a un periodista que sea un gran conocedor de mitología romana". Ni de mitología ni de nada, según se ve el panorama. Tal como hace notar el colaborador, Neptuno es el dios de los mares y Júpiter el del cielo, responsable de lluvias, tormentas, rayos, etc. Qué necesidad de andar inventando, che.Etiquetas: El Observador
La nota contaba que el código había sido obtenido por la Policía luego de un operativo que terminó con la detención de "un delincuente". Según el periodista, los símbolos fueron comparados con algunos robos importantes que habían ocurrido en Montevideo durante los últimos 3 meses y "salvo algún caso excepcional", los signos todavía estaban. Acá ya arranqué a discrepar con el asunto, porque es bien sabido que en la inmensa mayoría de los robos, la Policía no hace una puta mierda y mirá si se va a poner a buscar dibujos cuasipreescolares hechos con tiza, aerosol o un objeto punzante, abajo de un felpudo, cerca del portero eléctrico, en un árbol, en un muro, en una reja o en la vereda o la pared (todos estos, útiles de dibujo y lugares que el cronista mencionaba como posibles herramientas y pizarrones delictivos). Me acordé del caso de un conocido que al llegar a su casa y descubrir que le habían pelado hasta el perro, notó que todos los vidrios estaban llenos de huellas dactilares e incluso había sangre, producto de la rotura de una ventana por parte de uno de los malhechores. Esta persona, que evidentemente había consumido demasiadas horas de CSI, dejó la escena del crimen tal cual estaba hasta que llegara el personal policial, al que apenas pisó la vereda le exigió que tomaran muestras de las huellas y la sangre. Los uniformados, después de levantarse del piso tras un ataque de risa, le tomaron los datos y se fueron a tomar mate a la comisaría.

Según el periodista, tras el interrogatorio, "el delincuente" había confesado que "la identificación de las casas se realiza, por lo general, en la tarde", más precisamente entre las 13 y 16 horas. Justo la hora ideal para andar graffiteando con tranquilidad y sin que nadie se queje. También aclaraba que las bandas "ponían en la mira en aquellas viviendas ubicadas en los barrios al Sur y al Este de Montevideo", por no decir Pocitos y Carrasco para que después no los acusen de hacer oposición espantando viejas reaccionarias. Como "el delincuente" parecía andar suelto de lengua, también habría largado a los "agentes de Investigaciones" que ese trabajo era realizado por "personas ajenas a la banda, para disminuir los riesgos" porque está clarísimo que si cualquiera pinta pavadas en la vereda para saber qué casas se pueden afanar, sin lugar a dudas es ajeno a cualquier gavilla manilarga y bajo ningún punto de vista se podrá acusarlo de cómplice. Como para crear un verdadero estado de alerta ciudadano, el artículo señalaba sin lugar a dudas, que el "el sistema para conseguir información preliminar y luego marcar la vivienda radica en escuchar conversaciones en los centros comerciales, peluquerías de perfil socio económico alto o entablar diálogos con vecinos y comerciantes de la zona". No hable con nadie, señora. Repetimos: con nadie. Excepto, claro está, con aquellos que tengan "cierta presencia", porque como bien aclaró el delincuente desbocado, eso "no levanta sospecha" alguna porque más vale que cualquier habitante de los barrios del este y sur montevideanos no hablan con cualquier negro de mierda. Sabiamente, el periodista aconsejaba que en caso de advertir cualquiera de los símbolos del código, se lo borrara raudamente.
Pero no conforme con la acción individual, advertía que en estos casos "también es importante el apoyo entre vecinos" (no, no ese apoyo). Por lo tanto, si alguien llegaba a verificar que algún domicilio adyacente estaba señalado, "las autoridades exhortan a emitir una alerta de inmediato". O sea, párese en medio de la vereda y empiece a los gritos, que más inmediato que eso no hay nada. Después sigue con algún que otro dato estadístico acerca de la cantidad de robos mensuales y las zonas más afectadas; puro caracter de relleno.
Todo el asunto tenía como un tufillo manipulador y alarmista, principalmente por la ausencia de nombres de autoridades de Policía, o al menos del Ministerio del Interior, que avalaran toda la sarta de datos tan precisos y detallados que escribió el periodista. Pero como la vasta creatividad para el afane no tiene límites, la cuestión era algo verosímil para cualquiera que crea que los diarios dicen la verdad. Otros hubieran esperado un comunicado público del Ministerio del Interior, pero eso es sólo para exquisitos.
La cuestión hubiera quedado como una muestra más de la "peste Zur" que afecta últimamente a El Observador, si no fuera porque a El País se le ocurrió llamar al jefe de Relaciones Públicas de Jefatura, quien no dudó en aclarar que "en Uruguay no hay ningún caso por el estilo y no se está investigando ningún hecho parecido". Por si la pasadita de trapo no alcanzaba, encima le enrostran a EO que “el diario El País no divulgó esa información porque altas fuentes de Inteligencia y de la Jefatura de Policía no dieron credibilidad al hecho” y le encajan que “sin embargo ayer algunos medios de prensa se hicieron eco de ese mail”, que en lenguaje periodístico viene a ser algo así como “ustedes, manga de giles que se comen cualquier verdura”.
Como la cuestión amenazaba con dejar al medio encargado de difundirla como un soberano pelotudo (o mentiroso, según la vereda en que uno prefiera pararse) hoy El Observador pone el asunto de nuevo en tapa y pide perdón casi que de rodillas.
Cuando un diario accede a pedirle disculpas a sus lectores, lo menos que debería hacer es decir la verdad. Asumir un error está muy bien pero decirle a los lectores “ayer nos equivocamos” es mentirles descaradamente. Dejando de lado el chiste fácil y obvio de que no sólo ayer se equivocaron sino que hace rato que están abonados a los errores diarios, lo lógico hubiera sido empezar hablando con la verdad: “Ayer les mentimos” hubiera sido el título correcto, pero no estaban dispuestos a bajarse los calzones más abajo de la rodilla. Levantaron un mail que circula hace rato en Uruguay y otros países de la región, lo metieron en página 3 y encima le inventaron todos los adornos posibles para que sonara más o menos creíble.
En la edición de ayer de El Observador se publicó en la portada un título que decía “descubren código para robar viviendas”, y en la página 3 se daba cuenta de que la Policía de Montevideo había hallado un sistema de símbolos utilizado por bandas que los pintaban frente a algunas viviendas, y saber así si en las mismas vivían mujeres solas, o estaban deshabitadas o si sus moradores se habían ido de vacaciones, entre otras posibilidades. Esa información es básicamente incorrecta. También es incorrecto que ese sistema de símbolos se haya encontrado en poder de un supuesto ladrón de autos que fue detenido en Montevideo, como lo es que la existencia de estos símbolos haya sido constatada por las autoridades policiales en algún lugar de la capital. La gravedad del error nos obliga a explicar qué fue lo que ocurrió con esta información antes de que El Observador decidiera publicarla.
Señores: vamos a explicarles cómo y por qué somos tan impúdicos para inventar una nota basada en un correo electrónico de dudosa procedencia, espantar a cuanta mujer y anciano viva solo y darnos el lujo de decir que fue un simple error y pedirles disculpas para que ustedes, tontos e incautos lectores, se queden contentos y no hagan reproches.
La explicación del invento no tiene desperdicio. Según EO, un colaborador del Jefe de Policía de Montevideo y la Jefatura de Maldonado recibieron simultáneamente el mail donde se alertaba de esta peligrosísima banda dedicada a expresar sus dotes artísticas sobre muros y veredas. Al parecer, la Jefatura de Montevideo tuvo claro desde un primer momento que el correo venía desde Argentina y no le dieron pelota. En cambio en Maldonado, como andan un poco quemados con el tema de la inseguridad y la ineficacia de su jefa policial, se tomaron la cosa en serio y le avisaron a la Dirección de Investigaciones para que estudiara un poco el asunto. La conclusión fue que el tema no ameritaba mayor importancia y a otra cosa mariposa. Según el jefe del Estado Mayor Policial de Maldonado lo que se hizo fue enviar un comunicado a las restantes jefaturas “no en el formato de alerta, sino comunicando e informando de la novedad”. Miren que llegó esto pero igual no le den mucha pelota, decía el texto. Cuando llegó a Montevideo, la dirección policial decidió repartir una fotocopia con el código entre algunos jerarcas capitalinos, pero haciendo la pertinente aclaración de que eso ocurría en el exterior y no acá donde los ladrones podrán cagar en tu living pero jamás te rayarán las paredes exteriores de la casa. El periodista de EO tuvo acceso a la fotocopia y lo chequeó con el comisario de la seccional 14ª, Carlos Popovich, “quien no solo confirmó que había sido repartido por sus superiores sino que añadió más información, presuntamente de su propia cosecha”. Bueno, no sé qué opinarían en la redacción del diario pero a mí me sonó a "crucifiquemos una fuente". ¿Así que Popovich nos cagó a cuentos? Préndele fuego pero sé discreto, digamos. De otra manera no se explica que no se mencionara su nombre en ninguna parte de la nota (algo que le habría hecho medianamente creíble) y se lo escrache de esa manera en el pedido de disculpas, presentándolo como un demente que inventa pavadas:
Fue así que narró que esa fotocopia con los símbolos había sido encontrada en poder de un ladrón de autos en el momento en que fue apresado. Y contó que esos símbolos se dibujaban por parte de los delincuentes junto a los timbres de las puertas o debajo del felpudo. Lo extraño de la situación es que la misma versión que Popovich dio sobre cómo se halló el papel y cómo se aplicaba esta técnica delictiva, figura en una página de Internet argentina fechada el 8 de octubre, de la cual El Observador no estaba enterado.
Castigo: escribir 100 veces “somos tontos y no tenemos problema alguno en asumir que desconocemos las bondades de internet para cotejar informaciones que de entrada huelen raro”. Le echan el fardo a Popovich porque es un policía cualunque que no va a salir a armar escándalo pero habría que ver si esa información que supuestamente les pasó el comisario, en realidad no fue un copy/paste de un periodista con ganas de inventar boludeces.
Esa página argentina, a su vez, lo que reproduce es una advertencia realizada por la Policía Nacional de Perú, la que reproduce los mismos símbolos que corrieron de mano en mano entre las autoridades policiales uruguayas en los últimos tiempos.
En plan de no destapar demasiado la olla, jamás se aclara a qué “página argentina” se está haciendo referencia. Para ahorrarles trabajo, yo encontré esta. Lo único cierto que dice la nota es que la información salió desde Perú. El País habla de "un informe de inteligencia elaborado por SET-PNP 2006", aclarando que la institución no pertenece a Uruguay. En un nuevo intento de defenestración hacia El Observador, EP aclara que “la misma información aparece en páginas web de Bolivia, Chile, Perú y Argentina” y que “todas se atribuyen fuentes policiales”. Y le hace leru leru a sus colegas explicándoles en la frase final de la nota que “para hallarlas basta hacer una búsqueda en Google”. ¿Ah si? Mirá vos lo que son las cosas, que haciendo una rápida exploración en el mencionado buscador cualquier avispado descubre que el misterioso organismo SET-PNP 2006 no es otra cosa que la Policía Nacional del Perú (PNP) y que las intrigantes siglas SET (me da así como vergüenza ajena confesarlo) corresponden a SETIEMBRE, fecha del comunicado peruano.
Una vez descubiertas estas páginas de Internet, Popovich se negó a aclarar de dónde había obtenido él esa información que aludía a un supuesto ladrón de autos que llevaba consigo la lista de símbolos. En suma, ese sistema de símbolos surgió en el exterior y llegó a manos de la Policía uruguaya, cuyos jerarcas fueron advertidos y llegaron a investigar su posible aplicación en Uruguay, pero no hubo ni un solo caso en que hayan podido demostrarlo. Además, todo indica que la existencia de un supuesto ladrón local que tenía en su poder esa tabla de símbolos es falsa y nada indica que se esté utilizando en el país.
Es admirable como El Observador continúa asumiendo la mediocridad y la falsedad de su información con un descaro tal que es imposible no calentarse. Si “no hubo un solo caso” en el que haya podido demostrarse la utilización de ese código, ¿por qué la nota aseguraba lo contrario? Aun asumiendo que tal como declara EO, Popovich sea un aspirante a copycat y haya plagiado todo el asunto de la incautación del papel con los códigos, la presencia de dibujos en casas que han sido recientemente asaltadas es pura y exclusivamente fantasía del autor de la nota.
A los lectores y a todos quienes se pudieron ver involucrados o preocupados por esta información errónea, nuestras disculpas.
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Jime, posta que sos lo más grande que hay.
Y más o menos entre 100 y 400 dólares, ponéle.
Se deduce que las heridas eran muy graves.
El Tío Sam.
¿Una jugada situadora o una jugadora situada?
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