Website Ribbon Cursos para/lelos, la absoluta carencia de rigor periodístico
30 diciembre 2006
No hay nada como arrancar las vacaciones y que se te aparezcan cosas para comentar por todos lados. Por ejemplo:

1) Leo en El Observador de hoy que agarraron en Punta del Este a un "conocido homicida y copador" que había salido en libertad en octubre de 2005, gracias la ley de Humanización del Sistema Carcelario. Ahora, si mal no recuerdo, dicho beneficio no se aplica, entre muchos otros delitos, a los casos de homicidio y, de acuerdo a la nota, este señor había limpiado a una veterana en el 2000. ¿Error del diario, de la arbitrariedad para aplicar la mencionada ley o del pésimo control de cada caso en cuestión? Me gusta cualquiera de las dos últimas.

2a) Enemigo del silencio es un blog nuevito que promete. El autor es un ex-productor de Bernardo Neustadt, Mauro Viale y Mirtha Legrand. Algunas anécdotas de su trabajo son imperdibles, ideales para el choluleo estival. Además tiene otras cosas: por ejemplo, una buena explicación de por qué Luis Gerez apareció una hora después de una cadena nacional de Kirchner dedicada al asunto. O de por qué su esposa minimiza los golpes recibidos por su marido. I love Argentina (y las teorías conspirativas, claro).

2b) Acá también aparecen buenas preguntas para hacerse sobre el mismo caso. (vía: Nehuen)

3) Samurai Jack reproduce una excelente nota de Guillermo Piro acerca de "No a los papelones", el documental que hizo calentar a un pueblo y eso que todavía no se estrenó.

Ahora sí, hasta la próxima. Buen año.
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29 diciembre 2006
Será hasta algún momento del mes de enero. Me encantaría decir marzo, pero se hace lo que se puede. Salud y buen año.

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Durante los últimos años del gobierno militar y particularmente en los meses previos y los años posteriores al plebiscito de 1980, surgieron numerosos semanarios político-partidarios con la idea de oponerse al régimen, pero también con el propósito de marcar un perfil propio. Esa prensa “alternativa” conformó un ámbito donde diversas agrupaciones políticas efectuaron su oposición a la dictadura. Se creó un nuevo lenguaje entre los periodistas y el público: las entrelíneas, metáforas y el humor fueron algunos de los elementos que se utilizaron para difundir la mayor información posible y evitar así clausuras y suspensiones. La ciudadanía estaba ávida de volver a leer opinión política y los semanarios utilizaron editoriales y columnas para expresar sus respectivas posturas democráticas. Las discrepancias con el gobierno no se daban únicamente a través de la opinión sino que también las notas sobre los problemas sociales contribuían a enmendar la falta de información que sufrían los uruguayos sobre lo que realmente sucedía. Al notar que sus dirigentes se enfrentaban a los militares, los ciudadanos comenzaron a imitarlos; los medios partidarios volvieron a reunir a la dirigencia política con la gente.

El idilio duró hasta el 1º de marzo de 1985, fecha de regreso de la democracia luego de 11 años de dictadura. Los semanarios se encontraron sin un régimen contra el cual oponerse, los políticos se comunicaban con los ciudadanos a través de los espacios tradicionales y los dirigentes se reunían en otros espacios que no eran las redacciones, anteriormente cuna de grandes debates políticos e ideológicos que contribuían a la calidad del producto que se le brindaba al público. A partir de la apertura democrática y la eliminación de las restricciones a la libertad de prensa e información, el interés de la gente decayó. Fue en ese momento cuando la sagacidad empresarial de Federico Fasano advirtió un posible nicho para su promisorio producto: el primer diario independiente de izquierda pos dictadura. Gracias a su convincente discurso, donde incluso mencionó alguna similitud con Le Monde Diplomatique (no por tendencia política sino por contenido), supo venderle la ilusión a unos cuantos. Así nació La República.

Un par de años después, el proyecto había tomado cualquier otro rumbo menos el inicial y Fasano decidió recurrir al fallecido Enrique Alonso Fernández, director del semanario Convicción (clausurado en 1984 por anunciar el regreso de Wilson Ferreira Aldunate), secretario de redacción de Jaque y poseedor de una formación intelectual envidiable. Como correspondía, Fasano le prometió a Alonso el oro y el moro, posicionándolo como subdirector del diario e inventándole el cargo de director periodístico, que implicaba supervisar la edición de todo el diario exceptuando las tapas, que serían entera obra de Fasano, por expreso pedido suyo. Claro que hubo excepciones. Una de ellas fue la tapa del 28 de diciembre de 1990. Unos días antes, Alonso tuvo una idea que hasta ese entonces, no había aplicado ninguno de los acartonados diarios tradicionales: el día de los Santos Inocentes publicaría una noticia falsa en tapa. Para lograr el efecto deseado y siguiendo la línea amarillista del diario, la noticia debía provocar cierta alarma en la población. Alonso decidió inventar la rotura del caño colector de Montevideo. Lo habló con Fasano y enseguida tuvo el OK. La elección del tema no era un asunto menor: el proyecto del colector se había gestado durante la primera intendencia capitalina pos dictadura, conquistada por el Partido Colorado, también a cargo del gobierno nacional con la presidencia de Julio María Sanguinetti. Desde el inicio, el plan fue cuestionado y criticado hasta el hartazgo por el Frente Amplio, que objetaba su gran costo y (a su criterio) su escasa extensión, argumentando que 50 kilómetros no eran distancia suficiente entre la rambla y la caca montevideanas. La intendencia colorada llegó a su fin sin ver la culminación de su proyecto insignia. Paradójicamente, la cinta la cortó Tabaré Vázquez, ya subido al trampolín de la primera de las intendencias frenteamplistas que catapultaron al partido a la actual presidencia. Tiempo después, los gritones del FA tuvieron que hacer mutis por el foro (y no el batllista) cuando les mostraron los primeros resultados de los estudios que señalaban un notable descenso de la contaminación en las playas capitalinas.

Así estaban todos felices, contentos y limpitos cuando el día mencionado, La República sale con una maravillosa tapa con titular a tamaño catástrofe: "Espanto" y un copete en el que podía leerse "Conmoción: a las 4.01 de la madrugada explotó el caño colector. Dramática súplica de las autoridades: 'Debemos mantener la calma'". Debajo, un colgado ideado por Alonso Fernández, una de cuyas líneas era prueba genial de su sentido del humor: “Llovía y no era agua”. Las páginas 2 y 3 estaban dedicadas a la narración de los hechos, que incluían una explosión del colector en medio de la madrugada y un consiguiente diluvio de mierda sobre las calles aledañas. También había declaraciones de vecinos acerca del terrible olor y alguna de Vázquez. El remate de la nota fue el siguiente: "El ministro Ramírez sin perder la calma lo dijo con claridad: 'Menos mal que es el Día de los Inocentes'. A lo que el cronista respondió: 'Menos mal, señor ministro, que La República no pierde el sentido del humor'. El jefe de Coraceros se puso inusitadamente serio y preguntó: '¿Qué quiere decir con eso?'. La respuesta del cronista fue breve y memorable: 'Que la inocencia les valga, señores'".

Hasta la lectura de esas últimas palabras, la cobertura convencía de que las funestas premoniciones del FA se habían hecho realidad. El engaño era bueno para cualquiera que no estuviera al tanto de los cierres de un diario. Aunque perfectamente puede pararse toda una tirada -y más La República, que cuenta con imprenta propia-, existen tiempos de redacción y edición que si algún avezado se ponía a hacer números, las cuentas no cerraban. Pero la gracia era el impacto inicial, que cumplió con creces su objetivo, así que las cuentas quedaban para más tarde. Incluso algunos informativos radiales de la mañana levantaron la noticia y hasta Enrique Iglesias, ya presidente del BID, pensó en gestionar un préstamo para semejante catástrofe. Los lectores crédulos exhibían las fotos que acompañaban la nota como prueba de la veracidad de la noticia. Los desconfiados argumentaban que todas las imágenes eran un montaje pero nadie les daba mucha pelota: un montaje fotográfico sonaba como un trabajo demasiado complicado para hacer con el único fin de ilustrar un chiste. Pero Alonso Fernández quería hacerla completa. Si no incluía imágenes, la noticia no era creíble ni la joda era tan buena. Se lo comunicó a Armando Sartorotti, por ese entonces jefe de fotografía del diario y se reunieron para definir el contenido de las mismas. Decidieron que una de las fotos mostraría a Tabaré Vázquez en la rambla de Punta Carretas (punto de partida del colector) y detrás suyo una densa humareda que partía desde las instalaciones recientemente inauguradas. El montaje se creó a partir de una foto original de la zona, sobre la cual se pegaron una imagen recortada de Vázquez y un recorte de una columna de humo. Una vez terminado, se tomó una foto del collage y el resultado fue la fotografía de tapa. Contemplada hoy, 16 años después, salta a la vista alguna que otra imperfección, sobre todo en lo que respecta a la perspectiva pero teniendo en cuenta las limitaciones técnicas de ese entonces (de Photoshop ni hablar, más vale), el resultado fue más que convincente.

Varios años después, en 2001, Fasano y Alonso Fernández tuvieron una de sus tantas peleas, que tuvo la particularidad de hacerse pública. Habían comenzado a surgir algunas denuncias acerca de la gestión de Salomón Noachas al frente del Banco Hipotecario, más que nada vinculadas a la indiscriminada adjudicación de viviendas –preferentemente en Punta del Este- a toda su parentela. Noachas argumentó que todo se había hecho público porque no había accedido a un chantaje periodístico, aunque no aclaró qué medio ofició de extorsionador. Allegados a su entorno mencionaron a la desaparecida revista Posdata, el primer medio en denunciar los impúdicos manejos de Noachas al frente del BHU. Unos días más tarde, Alonso Fernández manifestó en un programa radial que Fasano había chantajeado a Noachas y otros políticos, confirmando así la sospecha generalizada acerca del verdadero sustento de La República y la fortuna personal de Fasano. Alonso agregó que en el caso de Noachas, el diario tenía toda la información hacía tiempo pero que no la publicó porque había recibido 50 mil dólares en publicidad del BHU. Lógicamente, Fasano siempre negó todo y haciendo uso de su espléndida capacidad metafórica, llegó a decir que Alonso Fernández había perdido “el control de sus esfínteres morales”. Alonso murió no mucho tiempo después y Fasano sigue ahí nomás. Tal es el orgullo que provocó en su momento la tapa del 28 de diciembre de 1990 que sigue enmarcada y colgada en la redacción del diario. La idea se convirtió en una tradición y casi todos los años La República cumple con el rito establecido por Alonso Fernández. La tapa de este año fue ésta:


La nota anunciaba que gracias a la mediación de Hugo Chávez, Botnia había aceptado la relocalización de su planta en el departamento de Treinta y Tres, a cambio de hacerse cargo durante 25 años de la explotación del puerto de La Coronilla. Como para resarcirle la pérdida a Fray Bentos, Chávez construiría un estadio de béisbol y fútbol con capacidad para 100 mil personas. Todo traído de los pelos, en el afán de la exageración. Y atrás va Infobae y la levanta como cierta. La Diaria también se sumó al juego pero en vez de una, publicó cuatro noticias falsas: el nombramiento de la artista Jacqueline Lacasa como ministra de Educación y Cultura, la creación de una Dirección Nacional de Planificación Centralizada a cargo de Alberto Couriel, un nuevo acuerdo entre la AUF y Tenfield (incluyendo el regreso de Figueredo a la presidencia) y la sorpresa del día: coincidentemente, también anuncian la relocalización de la planta de Botnia gracias a la mediación de Chávez, aunque en este caso la mudanza sería a Entre Ríos.

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Los afiches de Boca y River son un clásico. Para compensar la gastada que se tuvieron que bancar cuando perdieron el último campeonato, la gente de Boca empapeló Buenos Aires con las imágenes que se ven arriba. Un único detalle: Shakira no tocó en River sino en Vélez.

Gracias, Demián.
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19 diciembre 2006
Bueno, se perdieron la oportunidad de participar del sorteo del iPod. Ahora tengo un bonito diploma, un disco de NTVG(*)(**) y cinco entradas para el cine. Gracias a Freeway y al misterioso informante que me avisó previamente de la derrota, ahorrándome el ensayo de 15 diferentes expresiones de sorpresa frente al espejo.


(*) Nótese la insolencia de regalar un disco de No Te Va Gustar a los derrotados.

(**) Se aceptan sugerencias para el destino del cd en cuestión. El recto está descartado, por obvio y doloroso.


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18 diciembre 2006
El lunes que era viernes (gracias, Hernán)

No sólo las cámaras amedrentan (Hernán otra vez).


Y otra lectora atenta nota que cuando Observa dice "en base a", en realidad debería decir "copiado enteramente de". Gracias, Estela.

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14 diciembre 2006
Coronas y coronitas III
Por Nené López-Chicheri de Rodríguez Perigó

La Ciudad Vieja es un enorme crucero que hunde su proa en aguas encrespadas. Por eso, vivir en un apartamento en Misiones es como estar embarcada. Salgo al balconcito y saludo a los turistas que a su vez están en balconcitos de otros cruceros. Mis huéspedes, hombres de mar a los cuales he dado posada, también los saludan desde sus ventanas. Y seguimos navegando. Yo, de cara al viento y con los brazos abiertos. Solo falta que Leonardo di Caprio me tome de la cintura. Lástima que me toque viajar en tercera. Pero eso es sólo en verano. Cuando llega el invierno la inclemencia del tiempo se suma al deficiente mantenimiento del edificio y hay días en que vivo en un barco hundido. Es que no puedo dedicarle tiempo a la casa y además en cualquier momento la Unesco declarará el edificio como patrimonio histórico universal, me consta. Mientras tanto no se puede tocar nada, nada. Ni cambiar a un coreano de lugar, nada. De todas maneras yo viajo mucho y cuando estoy en Montevideo suelo pasar temporadas con alguna amiga en la rambla, con losa, gran recepción y jacuzzi. Y finas terminaciones, como las del enlace de Cayetano Martínez de Irujo y Genoveva Casanova, en el Reino de España. Disculpen, amigas, estaba en deuda con ustedes, pero debí ocuparme de la familia real británica y sus gestiones en Uruguay.

No les puedo decir lo emocionante que fue la boda de Genoveva y Cayetano, en el Palacio de Las Dueñas, en Sevilla. Los preparativos insumieron cuatro largos años –desde que nacieron los mellizos- y concitaron toda la atención de los sevillanos, los nobles, que departían animadamente dentro del palacio y los plebeyos, que al rigor de la intemperie se vendían entre sí toda suerte de humeantes snacks artesanales, desde garrapiñada a postas de pescado y los había que compraban unas y otras para luego vender tapas agridulces. En esa postal se atascó el carruaje de la novia, en cuyo pescante viajaba esta servidora desde Madrid, como un lacayo, sosteniendo la cola del vestido - dos metros de voile de organza en seda natural con incrustaciones de encaje y unas florcitas en degradé, divina, divina -, que salía por la ventanilla.

- ¡Me lleva! – exclamó Genoveva al ver que el carruaje se movía entre las masas como el pez en el barro.

Yo advertí el peligro en las miradas hostiles que se adivinaban más allá del espeso humo. Entrar a Las Dueñas era peor que salir de Versailles. Volví a oír la voz de la novia, ya temblorosa, dirigiéndose a mí.

- ¡Nené, ¿estáis ahí?!
- ¡Sí, m´hija! – respondí -. ¡La humareda no me deja ver! ¡Cómo me va a quedar el pelo, la puta que lo parió!
- ¡¿Nené, cuidáis la cola?!
- ¡No es momento para daros consejos matrimoniales! ¡No os hagáis la chiquilla y salvadme de la turba, por el amor de Dios!

Sin embargo, en el interior del carruaje la familia de la novia y los mariachis habían sido ganados por la desesperación y solo se oían gritos de angustia.

- ¡Cochero – grité con todas mis fuerzas -, apurad a las bestias! ¡Lanceros, a la carga! –agregué para intimidar a la muchedumbre que nos rodeaba.

Quiso la buena fortuna que finalmente los doce corceles blancos se abrieran paso entre y sobre los simples y llevaran su cargamento de sudacas a la seguridad del Palacio de Las Dueñas. Me sentí feliz de poder soltar la cola de la novia, que olía a grasa rancia. Genoveva descendió del carruaje y antes de que los invitados advirtieran su presencia me tomó del brazo y apuró el paso hasta una pequeña sala con un hogar donde ardían varios leños. Advertí que la tristeza había invadido su bello rostro.

- Nené... – dijo casi en un susurro, mientras una lágrima rodaba por su mejilla. Extraño Jalisco.

- No te pongas así, mi corazón – le dije mientras buscaba en la cartera material absorbente. A ver, a ver esa carita triste – la consolé, secando una lagrimita con un pedazo de papel estraza que decía “cuarto de yerba, 3 huebo, $ 14”.

- No me quiero casar con ese guarro – me confesó Genoveva.

- El amor viene después, mi querida, tené paciencia.

- Hace cuatro años que vivimos juntos, Nené. ¿Cuánto más tengo que esperar?

- Ya vas a conocer a alguien que te ame, te lo aseguro, y que puedas amar.

- Entonces, ¿no me caso?

- Por supuesto que sí. Para eso vine hasta acá, con viáticos y todo – le dije tomándola de la chaquetita bordada en microcristal glasé, un sueño.

La empujé suavemente hasta la puerta, donde la esperaba ansioso su padre y padrino, quien además aportó el capital de giro del enlace, ya que los dueños de Las Dueñas solo pusieron el decorado. Mientras le retocaban el peinado a Genoveva me escurrí hasta la capilla del palacio, donde reencontré a lo más granado de la aristocracia española. Nené para acá, Nené para allá, casi me pierdo el ingreso de Cayetano, del brazo de su madre y madrina, la duquesa de Alba. El novio vestía el elegante uniforme de maestrante de la Real Maestranza de Sevilla, consistente en pantalón negro y chaqueta roja con botones dorados y charreteras bordadas en plata, con un gorro de penachos blancos. No sé por qué lo imaginé metiendo la cabeza en la boca de un león.
Cuando completé mis apuntes sobre su vestimenta le presté atención al propio Cayetano. Mi Dios, cargaría en la conciencia el peso de haber arrojado a esa hermosa chica al vacío, tal era la expresión del noble rostro. A su lado, su madre llevaba en el pelo una flor similar a la de aquella duquesa de Alba que Goya inmortalizara hace ya siglos. El parecido fisonómico de ambas era sorprendente, aunque la actual duquesa parece un Goya llevado de la mano de Quino.
Qué emoción cuando entró Genoveva del brazo de su padre, mientras los mariachis Aguas de Querétaro entonaban La prima lejana, en versión ranchera funky. Lloré de verdad y me tuve que secar las lágrimas con la estola de la baronesa de Valle Miñor. Qué novia más divina. En el altar fue recibida por Cayetano, que la miraba con adoración, y como preámbulo a la ceremonia litúrgica el coro de viaje jalisqueño Vinimos a Quedarnos – agrupación de 110 integrantes - comenzó a interpretar exquisitamente La Guadalupana.
Luego llegó el turno de la prosa. El marqués de Henares leyó un emotivo pasaje de Platero y yo, interrumpido por los sollozos del novio al llegar a “relleno de algodón”; fue seguido por el niño Pedrito de la Manola, que calculó mal el perímetro de un poliedro, en tanto Manuel Fraga, agendado para leer El lazarillo de Tormes, prefirió hacer gala de su habilidad en origami, con un equino que le dio unidad temática al conjunto de destrezas.
No pude calmarme hasta que Genoveva, ya casi condesa de Salvatierra, pronunció “sí, quiero”, porque no viajé hasta Sevilla para quedarme con una página en blanco y tener que devolver los viáticos. Al finalizar la ceremonia pasamos al salón de reuniones del segundo piso del palacio, una bellísima estancia sobre la galería que domina “un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero”. Sí, amigas y fieles lectoras de Antonio Machado, es el patio del Palacio de Las Dueñas al que hacía referencia el poeta en sus versos. Sin embargo debo aclarar que mi colega de Hola! trasmitió información errónea al afirmar que Machado conocía el palacio por haber vivido en una casa aledaña “que su familia había alquilado a los Alba”. No, no y no, mi querida. Ya lo ha dicho el propio Machado: “Nací en Sevilla el año 1875 en el Palacio de las Dueñas. Anoto este detalle no por lo que tenga de señorial (el tal palacio estaba en aquella sazón alquilado a varias familias modestas), sino por la huella que en mi espíritu ha dejado la interior arquitectura de ese viejo caserón.”
La duquesa de Alba estará encantada de que enmendemos este error. Por lo demás, ¿quién no ha tenido que convertir alguna vez su residencia en conventillo, como los Alba, o en petit hotel, como en mi caso? De todas maneras es sabido que los niños pobres de Sevilla siempre han sido bien recibidos en el Palacio de las Dueñas, donde pueden jugar en el patio, correr por las galerías y quedarse a merendar, si lo desean.
No hay caso, Nené, las hadas ya fueron.

Ver:
Coronas y coronitas I
Coronas y coronitas II

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Algunos malpensados creen que Federico Fasano inventó los premios Tabaré porque de otra manera, nadie en su sano juicio hubiese distinguido ninguna producción radial o televisiva concebida bajo su ala protectora. Lo cierto es que los premios Tabaré fueron creados allá por 1989, cuando AM Libre y TV Libre sólo eran una ilusión fasanesca. Si bien el galardón nunca alcanzó el prestigio del cual se vanagloria su creador, hay algún que otro guanaco que lo exhibe con un orgullo dudoso; Fasano otorgando premios a la calidad periodística es como Pepe Mujica recomendando un buen peluquero.

Pero dejémonos de pavadas y vayamos a lo concreto: la glamorosa entrega de los premios Tabaré, acontecida el miércoles 29 de noviembre en los amplios salones del complejo Melrose de Carrasco, donde se juntó la flor y nata (¿?) del periodismo, la política y la cultura nacionales. Allí se encontraron, siempre de acuerdo a la exquisita crónica de La República, el canciller Reinaldo Gargano, los viceministros de Industria, Economía y Salud Pública, el presidente de Ancap, Oscar Magurno, el presidente de Cutcsa y hasta Ricardo Bernal, jefe de Policía de Montevideo, lo que además de incomprensible, resulta algo inquietante. El benemérito presidente de la República estaba invitado pero excusó concurrir a través de una carta. La versión off the record/1 dice que alguien le hizo notar que su presencia despertaría (aun) más sospechas de tongo entre su persona y el director del "multimedio plural". La versión off the record/2 cuenta que Vázquez decidió no ir apenas se dio cuenta que el nombre de los premios no había sido inspirado por su magnánima personalidad. Cosas que pasan.

Como no podía ser de otra manera, SuperFasano inauguró la ceremonia con una de esas aburridísimas alocuciones que tanto placer le causan:
"Los premios Tabaré de La República desalientan los programas que exhiben una seudoespectacularidad periodística que enmascaran una real miseria cultural y una ideología retardataria del progreso humano"
O mejor todavía:
"Premiamos la inteligencia, los valores del espíritu, la solidaridad social, el desarrollo cultural y humano. Desalentamos los valores elitistas, consumistas, de obediencia irreflexiva, de participación condicionada, de instrucción excluyente, de conformismo, racismo, hedonismo y ostentación"
Después de semejante estocada contra la miseria cultural y la ideología retardataria, el primer premio de la noche cayó en manos de La culpa es nuestra, como mejor programa de entretenimiento y humor en televisión. Contradicciones, que le dicen. Después, como no podía ser de otra manera, hubo muchos premios para las producciones y conductores de TV y AM Libre y sorprendentemente, otros tantos para VTV, propiedad de Paco Casal, a quien Fasano le ha dedicado unos cuantos huevazos, pero con quien ahora, por alguna extraña razón, pretende hacer buenas migas. Business are business, pensaba Fasano mientras se bajaba un farolito de Johnnie negro. A su lado, su señora Sonia Breccia lo miraba orgullosa mientras esperaba el anuncio del premio a mejor conducción de programa periodístico en radio que, gracias a un jurado independiente y objetivo, recayó en sus manos. De nada, mi amor, dijo Federico mientras agitaba los hielitos en el vaso. Allá subió Sonia, rauda y feliz, sorprendida por obtener un premio creado por su marido a su labor periodística en la radio de su marido. Para despejar cualquier sospecha de arreglo previo, junto a ella subió un grupo de infantes que nadie sabe explicar de dónde salieron y que de ninguna manera formaban parte de un ensayado discurso de agradecimiento en el que se la escuchó decir: "estos niños son el futuro y el presente de esta nación". Muy original Sonia. Bien dice el slogan de AM Libre: "lo que hay que oír".

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07 diciembre 2006
Denle las gracias a Pablito Tosquellas que por una vez dejó de escribir gansadas en su blog.
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06 diciembre 2006
CORONAS Y CORONITAS II
Por Nené López-Chicheri de Rodríguez Perigó

El real avión de la Corona británica hizo un giro tan pronunciado que me deslicé sobre el water y caí de rodillas bajo el real lavatorio. Qué dolor, y todo por no soltar los jaboncitos. Me incorporé como pude y oprimí el botón de la cisterna con la vil esperanza de que las aguas entraran por la ventanilla del piloto. Luego me dirigí a la sala de comunicaciones y envié el fas a la tía Gregoria. Cuando volví a mi asiento, una criada que lucía en su cofia el escudo real se disponía a llenar tres tazas de té que luego depositó cuidadosamente sobre una mesa ratona junto a varias bandejas de masas. Por último se inclinó ante Sus Altezas y empujó el carrito por el pasillo.

- Cómo me hincho cuando viajo en avión – exclamó Camilla Parker-Bowles mientras tomaba dos cañones de crema simulando que eran una sola pieza de artillería repostera, un arte bien conocido por quienes asistimos a siete vernissages por semana como estrategia de sobrevivencia.

Charles de Inglaterra me dedicó una sonrisa seductora y aproveché para encender el grabador y dejarlo sobre la mesa. Lo miró con desconfianza, pero luego hizo un gesto de aprobación.

- Su Alteza, ¿qué lo trajo a Uruguay en representación del Consejo Mundial de Casas Reales?

Charles se inclinó hacia mí y susurró:

- Tenemos tendencia a la repetición, Nené.
- ¿En la escuela?
- En la genética. Los príncipes y reyes llevamos siglos repitiendo genes.
- ¿O sea?
- Que somos como aburridos... Yo no, usted lo ve.

Asentí enérgicamente.

- Y los soberanos de Tailandia tienen un pibe con dos cabezas – agregó Charles. El rey está deshecho, pero su hermana está peor. Es primeriza.
- Dos cabecitas... Bueno, pero es más que tener un solo niño... – comenté con sinceridad.

Su Alteza titubeó.

- Celebro su optimismo, Nené. En verdad se puede ver la cuna medio llena o medio vacía, ¿no?
- Siempre hay dos bibliotecas – acoté con seguridad.
- También, pero eso ya pertenece a la decoración, Nené –respondió con un ligero gesto de perplejidad.
- Lo sigo, lo sigo, Su Alteza.
- Bien. Para decirlo darwinianamente, las casas reales constituimos una especie exitosa, pero dejaremos de serlo si no buscamos la diversidad. Solo alcanzaremos ese objetivo si abrimos las puertas a nuevas sangres, de nuevas casas reales.

Charles Philip Arthur George Windsor agregó con tono rimbombante:

- Uruguay, Nené, es nuestra primera opción.

De pronto sentí que los músculos faciales no me respondían, como si estuvieran bajo los efectos de un potente anestésico.

- ¿Se siente bien, Nené?
- Agá.
- ¿Segura? –intervino Camilla -, creo que todo esto la ha movilizado.
- Agá.

En verdad la sorpresa me había movilizado la dentadura y no lograba volver a encajarla en su sitio.

- ¿Un vaso de agua o un cognac?
- Goniá, pod favod.

Mordí una cucharilla de plata y la agité convulsivamente hasta que logré llevar la dentadura a su lugar, mientras mis anfitriones simulaban sentirse cautivados por los bañados que sobrevolábamos.

- Su Alteza – pronuncié con claridad al cabo de dos interminables minutos - ¿acaso le ha propuesto usted a la República Oriental del Uruguay que se convierta en una monarquía?
- Un royal franchising, para ser preciso. El Reino de Uruguay y Sandwich del Sur, un archipiélago obsequio.

El Reino de Uruguay, qué belleza. Pero yo no pensaba dejar de trabajar, porque una baronesa bien puede dirigir una novel y prestigiosa revista, a la que llamaría...

- Cricri.
- ¿Qué pasó?
- Me refiero a que su cognac está servido. Se distrajo un poco, Nené.
- Es cierto – dije con vergüenza - pensaba en los beneficios que esto traería al Uruguay y su gente. Porque el rey... ¡¿Quién sería el rey?!

Su Alteza Real esbozó una sonrisa y agitó las orejas.

- Es un austero administrador y un preclaro hombre de ciencia.
- ¿Magurno?
- Tibio, Nené, tibio.
- Charles, no asustes a Nené – lo reprendió la duquesa de Cornwall.
- Está bien –exclamó el príncipe, al tiempo que cubría el grabador con una tartita de manzana - ¿Cómo le suena Su (P) Alteza Real Don Tabaré Vázquez Rosas de Arbolitoilateja?
- ¡No te puedooo! – exclamé, para luego ahogar mi propio grito con tres dedos de cognac.
- Como lo oye, Nené – afirmó Camilla mientras sacaba su tejido de una bolsa y se disponía a enhebrar las agujas. A mí no me cierra, qué quiere que le diga. Me gusta más Lacalle, que tiene pantalones de montar blancos y botas de caña de charol.
- ¿Qué significa la “(P)”?
- Promitente – explicó Camilla sin levantar la vista de su tejido.
- Sinceramente, Sus Altezas, la posibilidad de una monarquía me halaga, pero el presidente Vázquez jamás se apartaría del camino republicano. Lamentablemente esa iniciativa no integra el programa del Frente. Él no es el hombre que buscan.
- Nené, un hombre es lo que el Real Servicio Secreto dice que es – cerró el príncipe-. Y creo que al hacer este viaje seguimos un buen consejo.
- ¿Quiere decir que aceptó?
- Bueno, dijo que en principio si... no... que no es un acuerdo pero se siente comprometido con la iniciativa y la consultará con su fuerza política.
- ¿Sí o no?
- El sí está en camino. Démosle tiempo, Nené, para ordenar la casa.
- Ah, tiene razón, porque entre los mandados y los desfiles está que no puede más, la pobre. Hace meses que no encera, y eso que Pablo Suárez le hizo unos patines di-vi...
- A Mr. Vázquez, Nené – Charles agitó las orejas, haciendo volar todas las servilletas.
- Claro, ya entendí. Es una idea maravillosa, SAR, pero ¿funcionará en un país con tradiciones republicanas tan fuertes? – dije señalando al piso del avión.
- Mi querida Nené, no olvide que ustedes fueron vecinos de Don Pedro II y que San Martín era coloniense. Por no decir que el Rey Arturo sacó la espada de la piedra de la Florida. Y creo que en la mesita de luz tengo una cálida carta que recibió Jorge III del Congreso de 1813.
- Fíjese si tiene alguna del Chueco Maciel a Robin Hood – sugerí entusiasta, pero a Sus Altezas no pareció gustarles la idea.
- Por otro lado – siguió el príncipe de Gales-, como parte del aggiornamento abrazarán la fe protestante, obvio.
- ¿Y la estatua del Papa?
- Al tren fantasma, después de la segunda curva. Por lo demás el escudo tendrá una corona en lugar de la vaca y la bandera tendrá un escudo, af cars.
- ¿Y la vaca?
- Al escudo de Burger King.
- ¿Y las papeleras? – pregunté ansiosa.
- El papel ya fue, Nené. Pongan una fábrica de discos duros.
- ¿Y la corona de S(P)AR Don Tabaré?
- Stella McCartney se ofreció a diseñarla con ágatas y amatistas, querida – me informó Camilla. Yo aproveché que tenía el centímetro y le medí la caja craneana a Mr. Vázquez. Por su parte la corona de Doña María Auxiliadora será un espinoso diseño del reverendo Amílcar Macalister.
- Está todo pensado – dije con satisfacción.
- Absolutamente todo – subrayó Charles entusiasta. La familia real se mudaría al Palacio Taranco y Anchorena se llamaría Nuevo Camelot.
- Reino de Uruguay – dije como para mí.
- Y Sandwich del Sur – agregó la duquesa.
- No sé si el gobierno argentino se tragará ese sapo, que además es una redundancia. Ya somos el sandwich del sur.
- Cuando el sapo viene de Londres se lo come relleno de gofio – dijo Charles terminante.
- ¿Y dónde quedo yo, Su Alteza Serenísima? – deslicé con la merecida esperanza de que se gestionara un modesto título nobiliario en mi favor.
- Aquí, justamente. Peyton ha encendido la luz roja, señal de que encontró donde aterrizar.
- Oh.

Tras una rápida y cálida despedida en la pista del aeropuerto de Melilla, mis anfitriones partieron rumbo a Londres. A la salida del campo de aviación un quintero se ofreció a llevarme en una Chevrolet vieja y despintada.

- ¿Viene de lejos? – me preguntó el buen hombre.
- Ni se imagina – respondí mirando la puerta sin manija.
Segunda despedida, esta vez en el Camino Pérez y Ruta 5, donde me bajé con tres atados de puerros y una ristra de ajos. No hay caso, Nené, las hadas ya fueron.

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Un escocés, estudiante de arqueología, decide visitar Uruguay para conocer de primera mano, las ruinas de la civilización charrúa (¿?). Desde Montevideo viaja a Salto, donde después de pasar un par de días asoleándose en las termas de Daymán y departiendo con algunos lugareños se entera que en Tacuarembó es posible conocer algunos vestigios indígenas. Hacia allá se va, en medio de la noche. Primero decide hacer dedo, pero de la generosidad uruguaya que tanto le habían hablado ni noticias y nadie lo levanta, así que se toma un ómnibus interdepartamental del cual se baja en la intersección de las rutas 3 y 31 para continuar el trayecto a pie. Cualquiera podría preguntarse qué lleva a un turista (y a cualquier persona con más de dos dedos de frente) a bajarse de un transporte que lo trasladaría cómodamente hasta su destino, para ponerse a caminar por una ruta desolada a las 11 de la noche o a las 4 de la mañana (según la versión que se escuche). Si me decís que vas a ver las pirámides de Egipto, capaz te aguanto, pero para ir a ver tres boleadoras y un par de puntas de lanza, querido, mejor quedáte arriba del bondi. La cosa es que después de caminar unos 8 kilómetros, se encuentra con un par de tipos que lo surten a patadas y le pelan 10 mil euros, 8 mil pesos, una filmadora y un par de cosas más. No te digo yo, que en este país ya ni se puede caminar tranquilo por ninguna ruta de noche. Después de la paliza, el incauto trotamundos siguió caminando hasta que un kilómetro después encontró una garita policial donde, créase o no, había un par de agentes despiertos que le tomaron la denuncia y lo llevaron al hospital.

Bien. Hasta acá, un resumen de la crónica ingeniosamente titulada “La peripecia del escocés que buscaba “ruinas” charrúas y acabó arruinado”, publicada por El Observador el viernes 1º de diciembre. El hecho, según el artículo, había ocurrido el viernes 24 de noviembre, pero el diario decidió que era mejor tomarse unos días para verificar los datos y no incurrir nuevamente en el papelón de los dibujitos peruanos. Por eso, después de chequear todas las fuentes a su alcance, el sábado 2 publicó una nota titulada “Chasco: el escocés arqueólogo era sólo un mitómano salteño”. Ah la pelota. Puro rigor periodístico: un día sacan una noticia con 7 días de atraso y al otro dicen que era mentira. Se ve que este asunto de verificar datos no está dando buenos resultados. Una buena cosa sería cambiar de fuentes, si es que realmente las hay. O leer otros diarios nacionales, ponéle El País, que el viernes 24 ya había publicado la noticia del escocés asaltado y el lunes 27 la verdadera historia de todo el asunto.

El País - 24.11.05

El País - 27.11.05

El País la dejó pasar sin tomárselo demasiado a pecho. El Observador le dedica una página entera que, como corresponde en estos casos, no tiene desperdicio:

De vez en cuando la vida de una comunidad es alterada por hechos sorprendentes, tan misteriosos como inverosímiles. El avistamiento de supuestos ovnis suele liderar el ranking de estos hechos atípicos. Pero al cabo de mucha tinta e imágenes en los medios de comunicación el fenómeno sucumbe bajo la evidencia científica. Los mitómanos, seres capaces de inventar las historias más insólitas por motivos que en ocasiones ni ellos saben, generan una reacción similar. Las comunidades asombradas o curiosas, comentan durante días un hallazgo inesperado o la peripecia increíble de un hombre o una mujer hasta que la mentira disparadora del escándalo muere aplastada. Eso fue lo que sucedió con el supuesto turista escocés asaltado en la ruta 31 de Salto el pasado viernes 24.
Clarísimo. Ahora resulta que el cuento de un taradito aburrido es equiparable a la aparición de objetos voladores no identificados. Tal cual. El problema es que como bien dice el cronista, dicho fenómeno “sucumbe ante la evidencia científica” y la historia del escocés trucho se hubiera desplomado sin más trámite que un llamado telefónico o la lectura de un diario de la competencia. Pero eso es nada al lado de la última parte de la nota en cuestión:
EL PIANISTA. Mitómano enigmático, si los hubo, fue el célebre pianista amnésico y desmelenado que apareció vagando en una remota isla inglesa en mayo de 2004. El mundo entero siguió la evolución de aquel joven, a quien un equipo de siquiatras intentaba hacer hablar poniendo fuera de su alcance un piano al que arrancaba algunas notas. “El hombre del piano” logró que decenas de psicólogos le diagnosticaran “problemas mentales reales”. “Sólo resiste la presencia humana si esta cerca de un piano”, decía un especialista. El misterio sobre su identidad hizo que miles de hipótesis llegaran a la policía. Al final, se trataba de un alemán de Baviera que había abandonado el Reino Unido para reunirse con su familia. Hospitales y clínicas lo demandaron por miles de libras para cubrir lo gastado en curarle males que no tenía.
Pasando por alto que el famoso “hombre del piano” apareció en abril y en el 2005, poner a estos dos lunáticos en igualdad de condiciones es una falta de respeto para el trabajo del alemán que la hizo mucho mejor y supo sostener semejante puesta teatral durante 4 meses jodiendo a cuanto siquiatra se le acercara.

Pero bueno, son cosas que pasan. Al menos hay que reconocerles el mérito de que cuando se mandan un moco así, siempre tienen la delicadeza de reconocerlo en tapa:

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