The Capa CacheLa valija –en realidad, tres endebles cajas de cartón- contenían miles de negativos de fotografías que Robert Capa, uno de los pioneros de la fotografía de guerra moderna, tomó durante la Guerra Civil española antes de abandonar Europa hacia Estados Unidos, dejando atrás todo el contenido de su laboratorio en París.
Hasta su muerte en 1954 en Vietnam, Capa estaba convencido de que todo su trabajo se había perdido durante la invasión nazi. Pero en 1995 comenzó a correr el rumor de que los negativos habían sobrevivido, tras haber sufrido una travesía digna de una novela de John le Carré: de París a Marsella y de ahí -en manos de un general mexicano diplomático que había servido bajo las órdenes de Pancho Villa-, a Ciudad de México. Allí es donde permanecieron ocultos por más de medio siglo hasta el mes pasado, cuando recorrieron su camino final hacia el International Center of Photography (ICP) en Manhattan, fundado por Cornell Capa, hermano del fotógrafo.
Tras años de lentas e interrumpidas negociaciones, los negativos han sido recientemente entregados a los herederos de Capa por los descendientes del general mexicano, entre quienes se encuentra un director de cine que los vio por primera vez en 1990 y pronto advirtió la importancia histórica de la propiedad familiar.
El descubrimiento ha revolucionado el mundo de la fotografía, más que nada porque se espera que los negativos puedan dilucidar finalmente la pregunta que siempre ha perseguido al legado de Capa: si su imagen más célebre y una de las fotografías de guerra más famosas de todos los tiempos fue armada o no. Conocida como Muerte de un miliciano, muestra a un soldado republicano español cayendo de espaldas en el momento en que una bala atraviesa su pecho o cabeza en una colina cerca de Córdoba (España) en 1936. Publicada por primera vez en la revista francesa Vu, la foto contribuyó a la obtención de apoyo internacional para la causa republicana.
A pesar de los persuasivos argumentos de Richard Whelan, biógrafo de Capa, las dudas se han sostenido a través de los años debido, en gran parte, a que Capa y Taro nunca mantuvieron una objetividad periodística a lo largo del conflicto –ambos eran comunistas partidarios de la causa republicana- y además, eran conocidos por fotografiar escenas de maniobras militares armadas de antemano, una práctica común de la época. El negativo de la célebre imagen nunca fue hallado (siempre fue copiada a partir de una vieja reproducción) y el posible descubrimiento del mismo, y en particular los correspondientes a la secuencia original con las tomas previas y posteriores, podría terminar con el histórico debate.
Pero no son sólo las razones forenses por las que este hallazgo es considerado un evento de enorme magnitud. Este es el desarrollo del trabajo de un fotógrafo que, en un siglo dominado por los conflictos bélicos, jugó un papel crucial a la hora de mostrar una guerra, reflejando sus horrores de una manera tan cercana como nunca se había visto hasta el momento -“Si tus imágenes no son lo suficientemente buenas, es que no estás lo suficientemente cerca”, era su mantra-, aún cuando algunos de sus resultados fueran demasiado cinematográficos e irreales.
Los curadores del ICP, que han comenzado una labor de conservación y catalogación que implicará meses de trabajo, dicen que quizás nunca se sepa la historia completa sobre cómo los cerca de 3500 negativos llegaron a México.
En 1995, Jerald R. Green, un profesor universitario, recibió una carta de un director de cine mexicano que recientemente había visto una exposición fotográfica de la Guerra Civil española, co-auspiciada por la universidad donde Green trabajaba. En la carta le contaba que recientemente había tomado posesión de un archivo de negativos de nitrato que habían sido de su tía, quien a su vez los había heredado de su padre, el General Francisco Aguilar González. El general había sido destinado como diplomático a finales de la década de 1930 en Marsella (Francia), donde el gobierno mexicano, que apoyaba la causa republicana, había comenzado a ayudar a refugiados antifascistas españoles a emigrar a México.
Weisz llevó las valijas a Marsella pero fue arrestado y enviado a un campo de concentración en Argelia. En algún momento, los negativos llegaron a manos del General Aguilar González, quien los llevó a México, donde murió en 1967. Nunca se sabrá si el general conocía el contenido de las imágenes o quién era su autor; de todas maneras, nunca intentó contactar ni a Capa ni a Weisz, quien casualmente terminó viviendo en México DF hasta su reciente muerte. En 1985 fue entrevistado por Richard Whelan para su biografía de Capa pero no hizo mención a los negativos perdidos.
Cuando el ICP tomó conocimiento de que el material que se creía perdido podría haber aparecido, contactaron al director mexicano y le solicitaron su devolución. Pero las sucesivas cartas y llamados telefónicos no arrojaron resultados, según explicó Phillip S. Block, el vicedirector de programas del centro, quien añadió que al principio, él y otros miembros no estaban demasiado seguros de la veracidad del relato del mexicano, más que nada porque nadie había visto los negativos. (Argumentando que la devolución del material fue una decisión conjunta de la familia Aguilar González, el sobrino del general pidió no ser identificado en este artículo y rechazó ser entrevistado para el mismo)
Todas las reuniones programadas con el director no pudieron llevarse a cabo porque este nunca se presentó. “De repente se cortaron todas las comunicaciones, sin razón aparente”, explicó Block. Todos los esfuerzos por restablecer el contacto fueron en vano. Pero durante el pasado mes de setiembre, cuando el ICP comenzó a organizar nuevas muestras del trabajo de Capa y Taro, decidieron intentarlo de nuevo, con la esperanza de que las nuevas imágenes pudieran ser incorporadas en las exhibiciones.
Wallis, el curador general del ICP, explicó que el mexicano nunca buscó una retribución económica sino que “sólo quería asegurarse de que fueran al lugar correcto”.
El ICP recurrió a la ayuda de Trisha Ziff, una de sus curadoras, quien había vivido varios años en México. Tras una búsqueda que requirió algunas semanas, logró contactar al poseedor de los negativos y comenzó una negociación que duró casi un año.
“No es que no quisiera entregarlos”, relató Ziff, “sino que creo que antes que yo, nadie había pensado en esto de la manera en la que algo tan sensible necesita ser analizado”. En gran parte, al director le preocupaban las críticas que pudiera recibir en su país tras la partida del material a Estados Unidos, dada la gran conexión histórica de México con la Guerra Civil española. “Había que respetar y considerar el dilema en el que se encontraba”, explicó la curadora.
Finalmente, Ziff logró persuadirlo para que renunciara a los negativos, asegurándole una promesa por parte del ICP para permitirle el uso de las imágenes en un documental que planea realizar sobre la historia de la recuperación del material y el papel que tuvo su familia en ello.
En diciembre, tras haber enviado una pequeña parte de los negativos como demostración de buena fe, el director entregó el resto del material a Ziff, quien lo llevó personalmente a Nueva York.
Wallis también explicó que aunque los expertos de Kodak que forman parte del equipo de restauración sólo se han limitado a evaluar las condiciones de conservación de los negativos, el estado de los mismos es excepcionalmente bueno, considerando que se trata de películas con más de 70 años almacenadas en cajas de cartón.
“Parece que hubieran sido hechas ayer”, explicó. “No están quebradas sino casi como nuevas. Por ahora vimos sólo algunas de ellas con mucho cuidado, para tener una idea de qué hay en cada rollo”. Justamente, ya se han hecho algunos descubrimientos en las cajas –una roja, otra verde y una beige-, cuyo contenido parece haber sido cuidadosamente etiquetado en recuadros manuscritos en sus respectivas tapas, hechos por Weisz o quizás algún otro asistente del estudio fotográfico. Los investigadores han encontrado fotografías de Hemingway y de Federico García Lorca.
También fue recuperado el negativo de una de las más famosas fotografías de Weisz durante la Guerra Civil española, que muestra a una mujer amamantando a su hijo mientras escucha al orador de una manifestación en 1936.
La investigación también podría traer aparejada una revisión de la poco conocida carrera de Taro, una de las primeras fotógrafas de guerra, para determinar si son suyas o no algunas de las imágenes atribuidas a Capa. Ambos siempre trabajaron en forma tan cercana que firmaron muchos de sus trabajos en conjunto, dificultando el establecimiento de su autoría individual, según explicó Wallis. Incluso agregó que existe una remota posibilidad de que Muerte de un miliciano haya sido tomada por Taro y no por Capa.
“Esa es una de las teorías que se han manejado”, manifestó. “No lo sabemos. Para mí, eso es lo más apasionante de este material. Hay tantas preguntas y tantas otras por hacer que quizás puedan responderse”. Según Wallis, el descubrimiento es trascendental porque es el material en crudo del nacimiento de la fotografía de guerra moderna.
“Capa estableció un modo y un método para describir la guerra en estas imágenes, del fotógrafo no como observador sino como participante de la batalla y eso se transformó en el patrón que el público y los editores comenzaron a demandar”, explicó. “Nada menos que eso, parecía que estabas ahí. Y la revolución visual que Capa encarnó, comenzó acá, en estas primeras imágenes”.
Etiquetas: Fotografía, Historias
Ignacio Alvarez va a la selva colombiana y decide experimentar con el yagé. Aunque los efectos parecen más producto de una buena edición que otra cosa, es bueno saber que Alvarez no es el único que vomita a causa de sus informes.
¡Tomá, Barney!
Los muertos que vos matáis (I)
Los muertos que vos matáis (II)
Los muertos que vos matáis (III)
Julio Ríos hace lo que mejor sabe hacer: tirar mierda y rajarse sin esperar la respuesta. Esta vez le tocó a Julio César Maglione, presidente del Comité Olímpico Uruguayo. Una lástima que ya no use el peluquín; le hubiera venido bárbaro para enterrárselo a Ríos en la garganta.Etiquetas: Videos
El del miércoles 16 de enero fue el último número de planB, un interesante proyecto concebido por El País para competir con La República, aunque por estilo, formato y precio, siempre quedó la sensación de que su rival más cercano era la diaria.Etiquetas: planB
El martes pasado, el ya desaparecido planB citó la información publicada por acá, acerca del responsable del servidor donde se aloja el dominio www.reelección2009.com, que resultó ser el empresario José Pepe Valdez, propietario de la Guía del Ocio y allegado a Federico Fasano, dueño de La República.Etiquetas: Federico Fasano, La República, planB



Ayer murió Guillermo Waksman. Durante un buen rato estuve esperando que alguno de los portales informativos hiciera un obituario decente, más que nada porque a cualquiera de sus periodistas no le hubiera costado más esfuerzo que levantar el culo de la silla y preguntarle a alguno de sus colegas algún recuerdo de "Batman", ya que con seguridad, al menos uno de los presentes habría trabajado junto a él. Pero todos se limitaron a la mención de su papel en la fundación y dirección del semanario Brecha o las razones de su muerte (equivocándose en su edad) y el horario y lugar en que iba a ser velado y eso, sumado a su culto al bajo perfil, hicieron que las posibilidades de escribir algo digno sobre Waksman quedaran un tanto limitadas. Está bien, también podría haber marcado algún número, pero hasta ahora nadie me paga por esto así que no hay necesidad de tomarse trabajo al santo botón.Adiós Decano
Por Pablo Alfano
Publicado en La mirada paraláctica - 09.01.2008
Ayer tempranito me avisaron desde la redacción de Brecha que "Batman" había muerto. Era previsible porque desde hacía meses la venía remando contra una enfermedad para nada fácil de sobrellevar. Aún a sabiendas de ello, y a que en los últimos días su salud había empeorado, con la noticia se me atoró algo en la garganta.
Las crónicas con estilo de obituario señalan que Guillermo Waksman fue cofundador del semanario Brecha, periodista y durante unos cuantos años su director. "Un gran periodista", "un periodista de verdad", y otros elogios, todos absolutamente merecidos, escuché en radio, televisión y leí en la prensa.
Pero había otro Waksman. Para los más veteranos era "Batman" apodo que llevaba orgulloso. En su diminuto escritorio había dibujos y hasta fotografías colgadas en la pared donde él aparece, con una sonrisa cómplice, luciendo una remera del superhéroe.
Para los más jóvenes era "El Decano". Así lo bautizó la camada de periodistas más jóvenes de Brecha en una de esas reuniones de los viernes donde se discutía de todo y rara vez se arreglaba algo. Por su cara, de entrada nomás le agradó el nuevo apodo.
Detrás de esos gruesos bigotes se escondía un tipo tranquilo que nunca dejaba entrever enojo o bronca por algo, equilibrado y puntilloso a más no poder de la información y del lenguaje. Cultivaba la puntualidad por sobre todas las cosas. Eran resabios de su estadía forzada en Suiza, uno de los tantos países donde estuvo exiliado durante la dictadura cívico-militar.
El Decano era de la vieja guardia, pero con una mentalidad abierta a lo que aportaban los más jóvenes. No era de esos veteranos periodistas a los que les costó la vida ingresar al siglo XXI, navegar en Internet y adaptarse a las "nuevas" tecnologías.
Era generoso con todos al punto de abrir su agenda, o pasar aquel datito que siempre mejoraba un poco más una nota. Rara vez juzgaba a alguien y hacía gala de un sentido del humor que pasaba de lo infantil a lo filoso con una celeridad sorprendente.
Los periodistas que alguna vez cubrimos casos de corrupción, delitos de cuello blanco, o tuvimos que enfrentar un plantón eterno frente a la puerta de un juzgado muy de vez en cuando íbamos a "robarle" el prolijo ejemplar que tenía del Código Penal o el de la Constitución. Aunque no era necesario. El Decano se conocía los principales artículos penales y constitucionales casi de memoria. Es que había trabajado en los "viejos juzgados de instrucción", decía mientras se reía, décadas antes de que el periodismo lo atrapara para siempre.
Profesaba una forma didáctica para explicar a los más nuevos, incluso recién llegados al semanario, que estaban equivocados en tal o cual enfoque. Por eso no sólo fue un periodista de verdad y con mayúsculas sino que durante los más de 22 años que estuvo en Brecha además de ejercer el periodismo, fue un maestro, en el sentido amplio de la palabra.
¡Adiós Decano! Te vamos a extrañar...
Guillermo Waksman (1944-2008)
Por Marcelo Pereira
Publicado en la diaria - 09.01.2008
Lo conocí cuando él andaba por los 40 años, una edad que a mí, sin cumplir todavía 27, me parecía mucha. La edad de un tipo que había sido adolescente cuando Fidel entró triunfante a La Habana, que había escrito en Marcha y que estaba por volver del exilio. Poco más de un año después empezamos a cruzarnos en la redacción de Brecha, donde yo me entreveraba de atrevido y él lograba destacarse entre leyendas.
Como periodista sumaba virtudes poco frecuentes: no concebía el oficio como algo distinto del compromiso político, pero sabía tomar distancia de los hechos y de sus propias convicciones con un rigor enorme; escribía notablemente bien, y le sobraban cultura, inteligencia y sentido del humor para jugar de taquito con las palabras, pero ponía la claridad por encima de su propio lucimiento; cavilaba mucho antes de llegar a una conclusión, y podía ser muy tenaz -también muy valiente- en la defensa de sus opiniones, pero siempre pedía otros puntos de vista antes de publicarlas, y los tomaba en serio.
En su período como director de Brecha, de 1993 a 1999, tuvo la inteligencia y la generosidad de abrir el proyecto, compartiendo el poder con gente más joven y muy distinta a él; puso la cara por todos en el aprendizaje de la independencia, y cuando le tocó quedar en minoría lo aceptó con grandeza. Todo eso fue crucial para que el semanario alcanzara logros mucho más trascendentes que la mera supervivencia.
Cuando nos conocimos, a mediados de 1984, yo llevaba a Buenos Aires noticias de la reciente desproscripción parcial del Frente Amplio: compartimos incertidumbres acerca de la salida de la dictadura que se estaba gestando, e intercambiamos impresiones sobre las resistencias de adentro y de afuera. Desde entonces nunca discrepamos en nada fundamental.
Teníamos una diferencia de edad escasa para ponernos en posiciones de padre e hijo, y demasiado grande para hermanos, pero ideal para que el menor aprendiera en el trabajo compartido. Traté de hacerlo durante todos estos años, y me faltaba todavía mucho.
Etiquetas: Obituarios
Se cuenta por ahí que cierto co-conductor de matutino de FM y movilero de programa televisivo que no obtuvo el éxito esperado, tenía, hace unos pocos años, una novia que lo dejó repentinamente. A pesar de la insistencia de sus allegados, la señorita estuvo algunos meses sin revelar la razón del abandono hasta que una noche confesó. En uno sus frecuentes viajes al interior por motivos laborales, decidió adelantar el regreso y llegó al hogar que compartían un sábado por la noche. Al entrar, encontró a su pareja algo pasado de sustancia y paseándose por el balcón con uno de sus conjuntos de tanga y corpiño. Al parecer, según le relataron sus vecinos tiempo después, este era el pasatiempo habitual del periodista durante cada una de sus ausencias.
Ayer, el diario El País publicó los resultados de un informe de un grupo de investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) que - de acuerdo a la escasa y antojadiza capacidad de comprensión del periodista-, concluían que el estado del río Uruguay, tras el inicio de actividades de Botnia, era "razonablemente bueno".
Tras las declaraciones de Ostera, El País publicó a las 18.39 la transcripción completa de la entrevista. Herido en su orgullo, el matutino aclaraba que en la misma, surgía "claramente" que se refería "a estudios previos y posteriores". Entre pucheros, agregaba que hasta el momento de la publicación, el investigador no se había comunicado "con el diario ni con el periodista que le realizó la entrevista para solicitar una rectificación o aclaración". Es que después de leerla, ni falta que hacía."Nosotros tenemos el registro hasta antes de la puesta en funcionamiento de la planta. El registro desde la puesta en marcha de la planta lo vamos a tener entre enero y marzo. Simplemente pudimos ver, y de alguna manera caracterizar cuales eran los niveles de las concentraciones de metales en agua, de compuestos orgánicos, ese tipo de cosas así"Como al parecer, el periodista se quedó dormido durante la enunciación de esa respuesta, sobre el final de la entrevista insiste y Ostera aclara que, por ahora, sólo manejan hipótesis:
- ¿Objetivamente, que podría decir respecto a las emanaciones de Botnia, cumplidos dos meses de funcionamiento?- Nosotros podemos estimar el impacto de los efluentes al agua partiendo de las peores hipótesis posibles. Asumiendo que la emisión que dijo la planta iba a tener, es la que va a tener y asumiendo las peores condiciones del río, las bajantes, el bajo caudal, etc.
-Los modelos, de acuerdo a lo que expresaron los especialistas, dicen que existe la posibilidad de que llegue contaminación a Gualeguaychú, los ordenes o niveles de concentración ya es otro problema.Sin embargo, aun con la contundente declaración inicial, 24 horas después El País logra que Ostera se baje los pantalones y admita que "a lo mejor", no se expresó "con la suficiente claridad". Hay que joderse con estos tiranos periodísticos, cuya manipulación informativa no amerita una mínima disculpa y como si fuera poco, todavía logran que el principal perjudicado casi les termine pidiendo disculpas. Mientras, me quedo con la penúltima frase de Ostera en la entrevista, que lo resume todo:- (...) es indudable que estos modelos nos están indicando que parte de esas emisiones van a llegar a Argentina, pero hay que pensar que posiblemente la zona mas afectada sea la zona de Fray Bentos, simplemente por la capacidad de dilución, la posición de la chimenea y ese tipo de cosas así.
- Hay evidencias a partir de los modelos, y también existen evidencias concretas obtenidas en mediciones que han detectado compuestos probablemente emitidos por la planta, eso es así.
Aún así, esa información debería ser analizada por los profesionales, a ver si yo no dije ciertas cosas que, tomadas aisladamente, sin criterio profesional, pueden producir alarma y no es la intención nuestra de ninguna manera que pase eso.Un visionario el tipo.
Etiquetas: El País, Papelones papeleros