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27 enero 2008

The Capa Cache

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The Capa Cache

Por Randy Kennedy
Publicado en The New York Times
27.01.2008
Traducción libre y sujeta a revisión
[Versión original completa en inglés]

Miles de negativos de fotografías tomadas por Robert Capa durante la Guerra Civil española y que se creían perdidos para siempre, fueron hallados en México.

Para el pequeño grupo de expertos en fotografía que estaban al tanto de su existencia, era simplemente conocida como “la valija mexicana”. Y en el panteón de los modernos tesoros culturales perdidos, estaba envuelto por el mismo aura mítico que los primeros manuscritos de Hemingway, que desaparecieron de una estación de trenes en 1922.

La valija –en realidad, tres endebles cajas de cartón- contenían miles de negativos de fotografías que Robert Capa, uno de los pioneros de la fotografía de guerra moderna, tomó durante la Guerra Civil española antes de abandonar Europa hacia Estados Unidos, dejando atrás todo el contenido de su laboratorio en París.

Hasta su muerte en 1954 en Vietnam, Capa estaba convencido de que todo su trabajo se había perdido durante la invasión nazi. Pero en 1995 comenzó a correr el rumor de que los negativos habían sobrevivido, tras haber sufrido una travesía digna de una novela de John le Carré: de París a Marsella y de ahí -en manos de un general mexicano diplomático que había servido bajo las órdenes de Pancho Villa-, a Ciudad de México. Allí es donde permanecieron ocultos por más de medio siglo hasta el mes pasado, cuando recorrieron su camino final hacia el International Center of Photography (ICP) en Manhattan, fundado por Cornell Capa, hermano del fotógrafo.

Tras años de lentas e interrumpidas negociaciones, los negativos han sido recientemente entregados a los herederos de Capa por los descendientes del general mexicano, entre quienes se encuentra un director de cine que los vio por primera vez en 1990 y pronto advirtió la importancia histórica de la propiedad familiar.

Esto es el Santo Grial del trabajo de Capa”, manifestó Brian Wallis, curador general del ICP, quien añadió que dentro de las cajas, además de los negativos de Capa, también se encontraron imágenes de Gerda Taro, la compañera profesional y sentimental del fotógrafo y de David Seymour, conocido como Chim, su socio fundador de la agencia Magnum.

El descubrimiento ha revolucionado el mundo de la fotografía, más que nada porque se espera que los negativos puedan dilucidar finalmente la pregunta que siempre ha perseguido al legado de Capa: si su imagen más célebre y una de las fotografías de guerra más famosas de todos los tiempos fue armada o no. Conocida como Muerte de un miliciano, muestra a un soldado republicano español cayendo de espaldas en el momento en que una bala atraviesa su pecho o cabeza en una colina cerca de Córdoba (España) en 1936. Publicada por primera vez en la revista francesa Vu, la foto contribuyó a la obtención de apoyo internacional para la causa republicana.

A pesar de los persuasivos argumentos de Richard Whelan, biógrafo de Capa, las dudas se han sostenido a través de los años debido, en gran parte, a que Capa y Taro nunca mantuvieron una objetividad periodística a lo largo del conflicto –ambos eran comunistas partidarios de la causa republicana- y además, eran conocidos por fotografiar escenas de maniobras militares armadas de antemano, una práctica común de la época. El negativo de la célebre imagen nunca fue hallado (siempre fue copiada a partir de una vieja reproducción) y el posible descubrimiento del mismo, y en particular los correspondientes a la secuencia original con las tomas previas y posteriores, podría terminar con el histórico debate.

Pero no son sólo las razones forenses por las que este hallazgo es considerado un evento de enorme magnitud. Este es el desarrollo del trabajo de un fotógrafo que, en un siglo dominado por los conflictos bélicos, jugó un papel crucial a la hora de mostrar una guerra, reflejando sus horrores de una manera tan cercana como nunca se había visto hasta el momento -“Si tus imágenes no son lo suficientemente buenas, es que no estás lo suficientemente cerca”, era su mantra-, aún cuando algunos de sus resultados fueran demasiado cinematográficos e irreales.

Los curadores del ICP, que han comenzado una labor de conservación y catalogación que implicará meses de trabajo, dicen que quizás nunca se sepa la historia completa sobre cómo los cerca de 3500 negativos llegaron a México.

En 1995, Jerald R. Green, un profesor universitario, recibió una carta de un director de cine mexicano que recientemente había visto una exposición fotográfica de la Guerra Civil española, co-auspiciada por la universidad donde Green trabajaba. En la carta le contaba que recientemente había tomado posesión de un archivo de negativos de nitrato que habían sido de su tía, quien a su vez los había heredado de su padre, el General Francisco Aguilar González. El general había sido destinado como diplomático a finales de la década de 1930 en Marsella (Francia), donde el gobierno mexicano, que apoyaba la causa republicana, había comenzado a ayudar a refugiados antifascistas españoles a emigrar a México.

A través de algunos archivos y de las investigaciones biográficas de Whelan, los expertos presumen que en 1939 o 1940, mientras estaba en Nueva York, Capa le habría solicitado a Imre Weisz, un amigo húngaro encargado de su laboratorio en París, que guardara sus negativos por temor a que fueran destruidos en caso de ser descubiertos por los nazis.

Weisz llevó las valijas a Marsella pero fue arrestado y enviado a un campo de concentración en Argelia. En algún momento, los negativos llegaron a manos del General Aguilar González, quien los llevó a México, donde murió en 1967. Nunca se sabrá si el general conocía el contenido de las imágenes o quién era su autor; de todas maneras, nunca intentó contactar ni a Capa ni a Weisz, quien casualmente terminó viviendo en México DF hasta su reciente muerte. En 1985 fue entrevistado por Richard Whelan para su biografía de Capa pero no hizo mención a los negativos perdidos.

Cuando el ICP tomó conocimiento de que el material que se creía perdido podría haber aparecido, contactaron al director mexicano y le solicitaron su devolución. Pero las sucesivas cartas y llamados telefónicos no arrojaron resultados, según explicó Phillip S. Block, el vicedirector de programas del centro, quien añadió que al principio, él y otros miembros no estaban demasiado seguros de la veracidad del relato del mexicano, más que nada porque nadie había visto los negativos. (Argumentando que la devolución del material fue una decisión conjunta de la familia Aguilar González, el sobrino del general pidió no ser identificado en este artículo y rechazó ser entrevistado para el mismo)

Todas las reuniones programadas con el director no pudieron llevarse a cabo porque este nunca se presentó. “De repente se cortaron todas las comunicaciones, sin razón aparente”, explicó Block. Todos los esfuerzos por restablecer el contacto fueron en vano. Pero durante el pasado mes de setiembre, cuando el ICP comenzó a organizar nuevas muestras del trabajo de Capa y Taro, decidieron intentarlo de nuevo, con la esperanza de que las nuevas imágenes pudieran ser incorporadas en las exhibiciones.

Wallis, el curador general del ICP, explicó que el mexicano nunca buscó una retribución económica sino que “sólo quería asegurarse de que fueran al lugar correcto”.

El ICP recurrió a la ayuda de Trisha Ziff, una de sus curadoras, quien había vivido varios años en México. Tras una búsqueda que requirió algunas semanas, logró contactar al poseedor de los negativos y comenzó una negociación que duró casi un año.

No es que no quisiera entregarlos”, relató Ziff, “sino que creo que antes que yo, nadie había pensado en esto de la manera en la que algo tan sensible necesita ser analizado”. En gran parte, al director le preocupaban las críticas que pudiera recibir en su país tras la partida del material a Estados Unidos, dada la gran conexión histórica de México con la Guerra Civil española. “Había que respetar y considerar el dilema en el que se encontraba”, explicó la curadora.

Finalmente, Ziff logró persuadirlo para que renunciara a los negativos, asegurándole una promesa por parte del ICP para permitirle el uso de las imágenes en un documental que planea realizar sobre la historia de la recuperación del material y el papel que tuvo su familia en ello.

En diciembre, tras haber enviado una pequeña parte de los negativos como demostración de buena fe, el director entregó el resto del material a Ziff, quien lo llevó personalmente a Nueva York.

Wallis también explicó que aunque los expertos de Kodak que forman parte del equipo de restauración sólo se han limitado a evaluar las condiciones de conservación de los negativos, el estado de los mismos es excepcionalmente bueno, considerando que se trata de películas con más de 70 años almacenadas en cajas de cartón.

Parece que hubieran sido hechas ayer”, explicó. “No están quebradas sino casi como nuevas. Por ahora vimos sólo algunas de ellas con mucho cuidado, para tener una idea de qué hay en cada rollo”. Justamente, ya se han hecho algunos descubrimientos en las cajas –una roja, otra verde y una beige-, cuyo contenido parece haber sido cuidadosamente etiquetado en recuadros manuscritos en sus respectivas tapas, hechos por Weisz o quizás algún otro asistente del estudio fotográfico. Los investigadores han encontrado fotografías de Hemingway y de Federico García Lorca.

También fue recuperado el negativo de una de las más famosas fotografías de Weisz durante la Guerra Civil española, que muestra a una mujer amamantando a su hijo mientras escucha al orador de una manifestación en 1936.

La investigación también podría traer aparejada una revisión de la poco conocida carrera de Taro, una de las primeras fotógrafas de guerra, para determinar si son suyas o no algunas de las imágenes atribuidas a Capa. Ambos siempre trabajaron en forma tan cercana que firmaron muchos de sus trabajos en conjunto, dificultando el establecimiento de su autoría individual, según explicó Wallis. Incluso agregó que existe una remota posibilidad de que Muerte de un miliciano haya sido tomada por Taro y no por Capa.

Esa es una de las teorías que se han manejado”, manifestó. “No lo sabemos. Para mí, eso es lo más apasionante de este material. Hay tantas preguntas y tantas otras por hacer que quizás puedan responderse”. Según Wallis, el descubrimiento es trascendental porque es el material en crudo del nacimiento de la fotografía de guerra moderna.

Capa estableció un modo y un método para describir la guerra en estas imágenes, del fotógrafo no como observador sino como participante de la batalla y eso se transformó en el patrón que el público y los editores comenzaron a demandar”, explicó. “Nada menos que eso, parecía que estabas ahí. Y la revolución visual que Capa encarnó, comenzó acá, en estas primeras imágenes”.

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28 octubre 2007

Superpunk

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Allá por 1993, cuando las listas de discos más vendidos estaban copadas por la música tropical (y eso sin todavía haber aparecido Los Fatales), el extinto grupo Níquel era una de las bandas de mayor convocatoria y poder de venta de discos de la escena ¿rockera? local. Venían de pegarla bastante bien con el Candombe de la Aduana que si bien de candombe sólo tenía el nombre, a la gente de MTV le gustó lo suficiente como para emitir su clip, convirtiéndose así en el primer video de un grupo nacional en circular por la cadena. Subidos al caballo, tuvieron la idea de presentarse junto a la Orquesta Sinfónica del SODRE en el Teatro Solís y editar un combo de disco y video previsiblemente llamados Níquel Sinfónico.

Por aquel entonces, todos los sábados de 18 a 20 -en la también desaparecida FM El Dorado-, Jorge Bonomi y Fernán Cisnero conducían Tiempos Salvajes. Bonomi y Cisnero no eran precisamente fanáticos de la banda de Jorge Nasser, por lo que se dedicaban a defenestrarla en forma sistemática. Una nota publicada en 2001 en Surmedia (otra que pasó a mejor vida), cuenta que cuando los conductores se quedaban sin tema y avizoraban un silencio incómodo, Liquen -el apodo burlón que usaban para referirse a la banda- "era su muletilla para salir del paso con una risa". El mismo artículo describe a Bonomi y Cisnero de la siguiente manera: "Eran chicos malos, pregonaban tener actitud, odiaban al sistema, eran punkies, eran rockeros en el más brutal de los sentidos. Al menos en el discurso".

Cuestión que un sábado de marzo, Nasser se duchaba escuchando Tiempos Salvajes cuando sus conductores empezaron a darle palo al disco sinfónico y a burlarse de la banda y su líder. Lo que sigue es la narración de los hechos según la nota de Surmedia:
Cuando terminó la ducha decidió ir a la radio, a explicarle “a esos pendejos”, por las buenas, que no lo jodieran más, que no hay que reírse así del trabajo ajeno.

Se tomó un taxi y fue a los estudios de la radio, en 18 de julio 1220, entre Yí y Cuareim. Subió los cuatro pisos por el ascensor y cuando iba a tocar tiembre vió que la puerta estaba abierta; un error de Gabriel Santoro, el operador de la radio que había salido poco rato antes.

Sin hacer ruido, Nasser llegó al estudio. Se paró del lado de afuera de la puerta, pegó la oreja y se puso a escuchar. La burla seguía. “Van a dejar las guitarras y van a hacer el Candombe de la Aduana con tachos de basura”. “No decimos que esté bien o que esté mal (Níquel Sinfónico)... que está mal”. “Es el curro de ellos y nosotros tenemos la obligación de decir lo que nos parece. Desde que sos una figura pública cualquier imbécil como nosotros con la oportunidad de estar frente a un micrófono, tiene la oportunidad de cagarte. Esa es nuestra función, arruinarle la vida a los demás”.

Ahí fueron a un tema musical, y Nasser seguía pegado a la puerta del estudio. Pensando cómo encararlos. Vuelve a prenderse la luz roja. El programa está por terminar y van a pasar el último tema. “What’s so funny between peace, love and understanding?” (¿qué hay de gracioso en la paz, el amor y el entendimiento?).

Los locutores juegan con el título del tema. “Es lo que les vamos a decir a unos amigos que criticamos”. Y Nasser explotó.

Abrió la puerta del estudio y pateó la primera silla que encontró, que era la de Bonomi, quien automáticamente cayó al piso. Cisnero huyó por el otro lado del estudio.

Nasser -¿Por qué no me lo decís en la cara?

Ruidos y los conductores gritando “pará flaco, pará”. Natalia Montenegro, la operadora, se asustó y salió corriendo, olvidándose de apagar el micrófono. Por eso todo salió al aire.

Más ruidos. Sonidos de golpes. “Estábamos jodiendo, pará”.

La discusión, los puñetazos y las patadas siguen. Uno solo pega y los otros se defienden. Como en una película de los Tres Chiflados, corren alrededor del estudio. El momento más gracioso, trágicómico en realidad, es cuando uno de los conductores dice “llamá a la policía”. El líder de Níquel se ríe.

“¿Pero no sos el superpunk? ¿No sos el súperagresivo? ¿No es que te gusta la música con personalidad? Bueno, poné personalidad, jugate por lo que decís”.

Al programa siguiente, los conductores de Tiempos Salvajes se refirieron brevemente al problema, pidiendo disculpas a la gente de la Sinfónica Municipal y a su director, Fernando Condon. Sobre el problema, se refirieron al “agresor”, al “integrante de una banda”, al “conato de violencia”, etc. “La violencia no mejora nuestra opinión sobre su obra, que seguimos teniendo la opinión que teníamos la semana pasada y empeora la que tenemos como persona”. Nunca nombraron a Nasser ni a Níquel (mucho menos a “Líquen”).

¿Cuál era esa opinión? Por cobardía o no, se cuidaron de no volver a repetirla. Un acto fallido de Cisnero, casi justifica la agresión: “desde el momento en que uno muestra algo, hace algo, está plausible de que alguien haga algo como... opine algo”. Nasser hizo, no opinó.

Y terminaron el programa pasando un fragmento del incidente, donde Nasser decía “qué te importa lo que hago. Si no te gusta, te callás” Y le agregaron una grabación de un dibujito animado que decía “este payaso es muy estúpido”. Claro, fue algo muy cortito, no fuera cosa que que Nasser se enojara y tuviera tiempo para ir hasta la radio nuevamente".

Con ustedes, entonces, la grabación de un momento tan memorable. Denle play y aguanten que cargue que dura casi 10 minutos. Si no tienen paciencia, acá pueden leer la transcripción.




Este post no hubiera sido posible sin la inestimable colaboración y producción de Osvaldo Cervinho.

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26 febrero 2007

El gran simulador

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La agencia de noticias Inter Press Service (IPS) fue fundada en 1964 por el periodista italiano Roberto Savio y el politólogo argentino Pablo Piacentini. Concebida como una cooperativa internacional de periodistas sin fines de lucro, se caracteriza por priorizar la producción de artículos y análisis bien documentados, antes que noticias inmediatas (¹). Si bien en la actualidad su red de corresponsales se extiende a los cinco continentes, las limitaciones económicas iniciales provocaron que por aquellos años, su presencia estuviese limitada a Italia, España, Estados Unidos, México y América del Sur.

La agencia contaba con una sección de artículos especiales, que consistían en notas en las que se pretendía dar una visión analítica de un tema determinado y vaticinar su posible desarrollo durante los meses siguientes; la primicia no importaba, por lo que un especial podía ser publicado varios días después del hecho. Tal particularidad hacía que el material estuviera dirigido en mayor medida hacia revistas y semanarios que a diarios.

La filial sudamericana, que desde el inicio se situó en Santiago de Chile, fue trasladada en 1969 a Montevideo y dos años más tarde a Buenos Aires. En estas últimas dos sedes, la jefatura de la sección estuvo a cargo de un experimentado periodista uruguayo que llamaremos X, por justificadas razones. Sus colegas, además de considerarlo un referente, destacan su vasta cultura general y una inmensa capacidad para predecir la evolución de los acontecimientos. Según cuentan, supo vaticinar con varios meses de anticipación la guerra de 1973 entre árabes e israelíes (conocida como “guerra del Yom Kippur”), motivo por el cual muchos pusieron en duda su sensatez, dado que todos los antecedentes del conflicto indicaban otro final. X ejerció su cargo entre 1969 y 1974. Fue durante su labor en la capital argentina cuando ideó una solución para compensar la carencia de corresponsales en América Central, África, Asia, Oceanía y el resto los países europeos donde IPS no tenía presencia. Como la producción de artículos sobre esas zonas estaba considerablemente limitada, X recurría a revistas y diarios franceses, británicos o americanos que llegaban a Buenos Aires con uno o dos días de atraso y a una radio de onda corta que le permitía captar numerosos informativos internacionales, fundamentalmente el de la BBC.
Con todo ese material a disposición, X creó una red de 15 o 20 corresponsales ficticios, cuyos textos eran elaborados por él mismo o alguno de sus colaboradores, que suelen recalcar el gran trabajo en equipo de aquella redacción. En el juego colectivo, a cada personaje se le fue construyendo una personalidad definida: uno era un estafador porque pasaba facturas de viáticos infladas, a otro su mujer le era infiel, otro escribía muy bien pero era muy haragán, otro era homosexual y así con cada uno de los cronistas imaginarios.

Para el sur de Asia, X había concebido a Andrew Fitzgerald, un muy buen periodista y devoto del alcohol. Fitzgerald cubría la guerra entre India y Pakistán de 1971, que culminó con la independencia de Bangladesh. Cuenta la historia que un día, después de haber tomado alguna que otra copa de más, X llegó a la redacción y largó un despacho informando acerca de la muerte de su corresponsal asiático: el intrépido Fitzgerald, que solía permanecer muy cerca de la línea de fuego para lograr una mejor cobertura, había sido alcanzado por una bala pakistaní.

Algunos arriesgan que el seudo homicidio se debió a la trascendencia que estaban alcanzando algunas de las notas de Fitzgerald; otros aventuran que, a pesar de ser su invento más querido, X podría haber empezado a sentir una fuerte competencia de su parte. Los periodistas de la redacción no se sorprendieron tanto con la abrupta muerte como con las numerosas condolencias que comenzaron a llegar, de parte de otras agencias y medios que publicaban las notas del corresponsal. Abrumado por la respuesta y arrepentido de su afectada decisión, al día siguiente X inventó un nuevo corresponsal que envió de inmediato al área de conflicto donde Fitzgerald había fallecido heroicamente en el ejercicio de su labor.

Dicen los que saben que la anécdota es aun mejor relatada por Carlos López Matteo, periodista de la vieja guardia y partícipe de la tramoya ideada por X. Con años de experiencia en diarios como El Bien Público, El Diario, Época, Hechos, El Observador (desde su fundación hasta mediados de 2002) y el semanario Marcha, López Matteo se encuentra actualmente jubilado pero no por eso silenciado. Acorde a los tiempos actuales, desde enero publica sus columnas en su blog, donde desarrolla lo que define como su “vocación eterna: la de francotirador sin disciplina que lo ate”. Bienvenido sea.


(¹) Fuente: IPS en Wikipedia

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28 diciembre 2006

Del "espanto" y otras cuestiones periodísticas

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Durante los últimos años del gobierno militar y particularmente en los meses previos y los años posteriores al plebiscito de 1980, surgieron numerosos semanarios político-partidarios con la idea de oponerse al régimen, pero también con el propósito de marcar un perfil propio. Esa prensa “alternativa” conformó un ámbito donde diversas agrupaciones políticas efectuaron su oposición a la dictadura. Se creó un nuevo lenguaje entre los periodistas y el público: las entrelíneas, metáforas y el humor fueron algunos de los elementos que se utilizaron para difundir la mayor información posible y evitar así clausuras y suspensiones. La ciudadanía estaba ávida de volver a leer opinión política y los semanarios utilizaron editoriales y columnas para expresar sus respectivas posturas democráticas. Las discrepancias con el gobierno no se daban únicamente a través de la opinión sino que también las notas sobre los problemas sociales contribuían a enmendar la falta de información que sufrían los uruguayos sobre lo que realmente sucedía. Al notar que sus dirigentes se enfrentaban a los militares, los ciudadanos comenzaron a imitarlos; los medios partidarios volvieron a reunir a la dirigencia política con la gente.

El idilio duró hasta el 1º de marzo de 1985, fecha de regreso de la democracia luego de 11 años de dictadura. Los semanarios se encontraron sin un régimen contra el cual oponerse, los políticos se comunicaban con los ciudadanos a través de los espacios tradicionales y los dirigentes se reunían en otros espacios que no eran las redacciones, anteriormente cuna de grandes debates políticos e ideológicos que contribuían a la calidad del producto que se le brindaba al público. A partir de la apertura democrática y la eliminación de las restricciones a la libertad de prensa e información, el interés de la gente decayó. Fue en ese momento cuando la sagacidad empresarial de Federico Fasano advirtió un posible nicho para su promisorio producto: el primer diario independiente de izquierda pos dictadura. Gracias a su convincente discurso, donde incluso mencionó alguna similitud con Le Monde Diplomatique (no por tendencia política sino por contenido), supo venderle la ilusión a unos cuantos. Así nació La República.

Un par de años después, el proyecto había tomado cualquier otro rumbo menos el inicial y Fasano decidió recurrir al fallecido Enrique Alonso Fernández, director del semanario Convicción (clausurado en 1984 por anunciar el regreso de Wilson Ferreira Aldunate), secretario de redacción de Jaque y poseedor de una formación intelectual envidiable. Como correspondía, Fasano le prometió a Alonso el oro y el moro, posicionándolo como subdirector del diario e inventándole el cargo de director periodístico, que implicaba supervisar la edición de todo el diario exceptuando las tapas, que serían entera obra de Fasano, por expreso pedido suyo. Claro que hubo excepciones. Una de ellas fue la tapa del 28 de diciembre de 1990. Unos días antes, Alonso tuvo una idea que hasta ese entonces, no había aplicado ninguno de los acartonados diarios tradicionales: el día de los Santos Inocentes publicaría una noticia falsa en tapa. Para lograr el efecto deseado y siguiendo la línea amarillista del diario, la noticia debía provocar cierta alarma en la población. Alonso decidió inventar la rotura del caño colector de Montevideo. Lo habló con Fasano y enseguida tuvo el OK. La elección del tema no era un asunto menor: el proyecto del colector se había gestado durante la primera intendencia capitalina pos dictadura, conquistada por el Partido Colorado, también a cargo del gobierno nacional con la presidencia de Julio María Sanguinetti. Desde el inicio, el plan fue cuestionado y criticado hasta el hartazgo por el Frente Amplio, que objetaba su gran costo y (a su criterio) su escasa extensión, argumentando que 50 kilómetros no eran distancia suficiente entre la rambla y la caca montevideanas. La intendencia colorada llegó a su fin sin ver la culminación de su proyecto insignia. Paradójicamente, la cinta la cortó Tabaré Vázquez, ya subido al trampolín de la primera de las intendencias frenteamplistas que catapultaron al partido a la actual presidencia. Tiempo después, los gritones del FA tuvieron que hacer mutis por el foro (y no el batllista) cuando les mostraron los primeros resultados de los estudios que señalaban un notable descenso de la contaminación en las playas capitalinas.

Así estaban todos felices, contentos y limpitos cuando el día mencionado, La República sale con una maravillosa tapa con titular a tamaño catástrofe: "Espanto" y un copete en el que podía leerse "Conmoción: a las 4.01 de la madrugada explotó el caño colector. Dramática súplica de las autoridades: 'Debemos mantener la calma'". Debajo, un colgado ideado por Alonso Fernández, una de cuyas líneas era prueba genial de su sentido del humor: “Llovía y no era agua”. Las páginas 2 y 3 estaban dedicadas a la narración de los hechos, que incluían una explosión del colector en medio de la madrugada y un consiguiente diluvio de mierda sobre las calles aledañas. También había declaraciones de vecinos acerca del terrible olor y alguna de Vázquez. El remate de la nota fue el siguiente: "El ministro Ramírez sin perder la calma lo dijo con claridad: 'Menos mal que es el Día de los Inocentes'. A lo que el cronista respondió: 'Menos mal, señor ministro, que La República no pierde el sentido del humor'. El jefe de Coraceros se puso inusitadamente serio y preguntó: '¿Qué quiere decir con eso?'. La respuesta del cronista fue breve y memorable: 'Que la inocencia les valga, señores'".

Hasta la lectura de esas últimas palabras, la cobertura convencía de que las funestas premoniciones del FA se habían hecho realidad. El engaño era bueno para cualquiera que no estuviera al tanto de los cierres de un diario. Aunque perfectamente puede pararse toda una tirada -y más La República, que cuenta con imprenta propia-, existen tiempos de redacción y edición que si algún avezado se ponía a hacer números, las cuentas no cerraban. Pero la gracia era el impacto inicial, que cumplió con creces su objetivo, así que las cuentas quedaban para más tarde. Incluso algunos informativos radiales de la mañana levantaron la noticia y hasta Enrique Iglesias, ya presidente del BID, pensó en gestionar un préstamo para semejante catástrofe. Los lectores crédulos exhibían las fotos que acompañaban la nota como prueba de la veracidad de la noticia. Los desconfiados argumentaban que todas las imágenes eran un montaje pero nadie les daba mucha pelota: un montaje fotográfico sonaba como un trabajo demasiado complicado para hacer con el único fin de ilustrar un chiste. Pero Alonso Fernández quería hacerla completa. Si no incluía imágenes, la noticia no era creíble ni la joda era tan buena. Se lo comunicó a Armando Sartorotti, por ese entonces jefe de fotografía del diario y se reunieron para definir el contenido de las mismas. Decidieron que una de las fotos mostraría a Tabaré Vázquez en la rambla de Punta Carretas (punto de partida del colector) y detrás suyo una densa humareda que partía desde las instalaciones recientemente inauguradas. El montaje se creó a partir de una foto original de la zona, sobre la cual se pegaron una imagen recortada de Vázquez y un recorte de una columna de humo. Una vez terminado, se tomó una foto del collage y el resultado fue la fotografía de tapa. Contemplada hoy, 16 años después, salta a la vista alguna que otra imperfección, sobre todo en lo que respecta a la perspectiva pero teniendo en cuenta las limitaciones técnicas de ese entonces (de Photoshop ni hablar, más vale), el resultado fue más que convincente.

Varios años después, en 2001, Fasano y Alonso Fernández tuvieron una de sus tantas peleas, que tuvo la particularidad de hacerse pública. Habían comenzado a surgir algunas denuncias acerca de la gestión de Salomón Noachas al frente del Banco Hipotecario, más que nada vinculadas a la indiscriminada adjudicación de viviendas –preferentemente en Punta del Este- a toda su parentela. Noachas argumentó que todo se había hecho público porque no había accedido a un chantaje periodístico, aunque no aclaró qué medio ofició de extorsionador. Allegados a su entorno mencionaron a la desaparecida revista Posdata, el primer medio en denunciar los impúdicos manejos de Noachas al frente del BHU. Unos días más tarde, Alonso Fernández manifestó en un programa radial que Fasano había chantajeado a Noachas y otros políticos, confirmando así la sospecha generalizada acerca del verdadero sustento de La República y la fortuna personal de Fasano. Alonso agregó que en el caso de Noachas, el diario tenía toda la información hacía tiempo pero que no la publicó porque había recibido 50 mil dólares en publicidad del BHU. Lógicamente, Fasano siempre negó todo y haciendo uso de su espléndida capacidad metafórica, llegó a decir que Alonso Fernández había perdido “el control de sus esfínteres morales”. Alonso murió no mucho tiempo después y Fasano sigue ahí nomás. Tal es el orgullo que provocó en su momento la tapa del 28 de diciembre de 1990 que sigue enmarcada y colgada en la redacción del diario. La idea se convirtió en una tradición y casi todos los años La República cumple con el rito establecido por Alonso Fernández. La tapa de este año fue ésta:


La nota anunciaba que gracias a la mediación de Hugo Chávez, Botnia había aceptado la relocalización de su planta en el departamento de Treinta y Tres, a cambio de hacerse cargo durante 25 años de la explotación del puerto de La Coronilla. Como para resarcirle la pérdida a Fray Bentos, Chávez construiría un estadio de béisbol y fútbol con capacidad para 100 mil personas. Todo traído de los pelos, en el afán de la exageración. Y atrás va Infobae y la levanta como cierta. La Diaria también se sumó al juego pero en vez de una, publicó cuatro noticias falsas: el nombramiento de la artista Jacqueline Lacasa como ministra de Educación y Cultura, la creación de una Dirección Nacional de Planificación Centralizada a cargo de Alberto Couriel, un nuevo acuerdo entre la AUF y Tenfield (incluyendo el regreso de Figueredo a la presidencia) y la sorpresa del día: coincidentemente, también anuncian la relocalización de la planta de Botnia gracias a la mediación de Chávez, aunque en este caso la mudanza sería a Entre Ríos.

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31 julio 2006

Grandes líderes políticos del Uruguay (I)

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Una nota de El País del sábado 8 de julio cuenta qué es de la vida del ex-diputado del Partido Nacional, Carlos Guani Dos Santos, más conocido como Alma Dos Santos. En un panorama político tan aburrido como el uruguayo, la presencia de personajes como Dos Santos resulta una bendición. Electo por el departamento de Artigas, Alma fue diputado entre 1995 y 2000, período en el que presentó un proyecto de ley para la independencia económica del Poder Judicial y exigió que parte de las ganancias de la represa de Salto Grande fueran a las intendencias afectadas por la construcción de la represa. Su salto a la fama ocurrió el día que descubrieron que tomaba vino en pocillo en plena sesión parlamentaria. Incluso llegó a fundar una agrupación política denominada Almismo que se presentó a dos elecciones con el número 51 y el slogan "Una buena idea". Número y slogan estaban inspirados en la marca de una conocida caña brasilera. Ahora "Alma" asegura haberse dado cuenta de que "vivió equivocado", en referencia a los días en que su vida transcurría entre la timba, el chupe y los caballos de carrera. Ahora lee a Louise L. Hay, estudia metafísica y reiki y da charlas motivadoras a alcohólicos anónimos. Dice estar convencido de que "la ley causa efecto", por lo que está intentando "revertir las ondas negativas" de su anterior forma de vida, "esperando no ser castigado por todo aquello". "Todo aquello" incluye el robo a su padre, hace 30 años, de 200 novillos porque le debía honorarios como abogado. Su padre, propietario de más de 40 mil hectáreas de campo, llegó a desheredarlo como consecuencia de su "vida disipada". Los discursos de "Alma" son famosos en Artigas. La gente de Montevideo Comm consiguió el audio del más conocido y lo publicó en su Bestiario Multimedia (de paso no se pierdan el resto de los Bestiarios). Ocurrió en la campaña electoral de 1994, durante el acto en el que luego hablaría Alberto Volonté, uno de los candidatos a presidente por el Partido Nacional:



Lo que no se cuenta demasiado es por qué a Carlos Guani Dos Santos se lo conoce como Alma. Así como la gente de Peñarol se asume orgullosamente como manya, después de años de haber sido muy itálicamente acusados de mangia merda y los bosteros exaltan su condición de tales, aunque el calificativo tenga que ver con la bosta de caballo, Alma Dos Santos decidió autobautizarse así cuando se enteró de que en Artigas todos se referían a él como Almita Podrida.

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