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04 diciembre 2006

La increíble historia del salteño mitómano y el periodista que no leía diarios

Un escocés, estudiante de arqueología, decide visitar Uruguay para conocer de primera mano, las ruinas de la civilización charrúa (¿?). Desde Montevideo viaja a Salto, donde después de pasar un par de días asoleándose en las termas de Daymán y departiendo con algunos lugareños se entera que en Tacuarembó es posible conocer algunos vestigios indígenas. Hacia allá se va, en medio de la noche. Primero decide hacer dedo, pero de la generosidad uruguaya que tanto le habían hablado ni noticias y nadie lo levanta, así que se toma un ómnibus interdepartamental del cual se baja en la intersección de las rutas 3 y 31 para continuar el trayecto a pie. Cualquiera podría preguntarse qué lleva a un turista (y a cualquier persona con más de dos dedos de frente) a bajarse de un transporte que lo trasladaría cómodamente hasta su destino, para ponerse a caminar por una ruta desolada a las 11 de la noche o a las 4 de la mañana (según la versión que se escuche). Si me decís que vas a ver las pirámides de Egipto, capaz te aguanto, pero para ir a ver tres boleadoras y un par de puntas de lanza, querido, mejor quedáte arriba del bondi. La cosa es que después de caminar unos 8 kilómetros, se encuentra con un par de tipos que lo surten a patadas y le pelan 10 mil euros, 8 mil pesos, una filmadora y un par de cosas más. No te digo yo, que en este país ya ni se puede caminar tranquilo por ninguna ruta de noche. Después de la paliza, el incauto trotamundos siguió caminando hasta que un kilómetro después encontró una garita policial donde, créase o no, había un par de agentes despiertos que le tomaron la denuncia y lo llevaron al hospital.

Bien. Hasta acá, un resumen de la crónica ingeniosamente titulada “La peripecia del escocés que buscaba “ruinas” charrúas y acabó arruinado”, publicada por El Observador el viernes 1º de diciembre. El hecho, según el artículo, había ocurrido el viernes 24 de noviembre, pero el diario decidió que era mejor tomarse unos días para verificar los datos y no incurrir nuevamente en el papelón de los dibujitos peruanos. Por eso, después de chequear todas las fuentes a su alcance, el sábado 2 publicó una nota titulada “Chasco: el escocés arqueólogo era sólo un mitómano salteño”. Ah la pelota. Puro rigor periodístico: un día sacan una noticia con 7 días de atraso y al otro dicen que era mentira. Se ve que este asunto de verificar datos no está dando buenos resultados. Una buena cosa sería cambiar de fuentes, si es que realmente las hay. O leer otros diarios nacionales, ponéle El País, que el viernes 24 ya había publicado la noticia del escocés asaltado y el lunes 27 la verdadera historia de todo el asunto.

El País - 24.11.05

El País - 27.11.05

El País la dejó pasar sin tomárselo demasiado a pecho. El Observador le dedica una página entera que, como corresponde en estos casos, no tiene desperdicio:

De vez en cuando la vida de una comunidad es alterada por hechos sorprendentes, tan misteriosos como inverosímiles. El avistamiento de supuestos ovnis suele liderar el ranking de estos hechos atípicos. Pero al cabo de mucha tinta e imágenes en los medios de comunicación el fenómeno sucumbe bajo la evidencia científica. Los mitómanos, seres capaces de inventar las historias más insólitas por motivos que en ocasiones ni ellos saben, generan una reacción similar. Las comunidades asombradas o curiosas, comentan durante días un hallazgo inesperado o la peripecia increíble de un hombre o una mujer hasta que la mentira disparadora del escándalo muere aplastada. Eso fue lo que sucedió con el supuesto turista escocés asaltado en la ruta 31 de Salto el pasado viernes 24.
Clarísimo. Ahora resulta que el cuento de un taradito aburrido es equiparable a la aparición de objetos voladores no identificados. Tal cual. El problema es que como bien dice el cronista, dicho fenómeno “sucumbe ante la evidencia científica” y la historia del escocés trucho se hubiera desplomado sin más trámite que un llamado telefónico o la lectura de un diario de la competencia. Pero eso es nada al lado de la última parte de la nota en cuestión:
EL PIANISTA. Mitómano enigmático, si los hubo, fue el célebre pianista amnésico y desmelenado que apareció vagando en una remota isla inglesa en mayo de 2004. El mundo entero siguió la evolución de aquel joven, a quien un equipo de siquiatras intentaba hacer hablar poniendo fuera de su alcance un piano al que arrancaba algunas notas. “El hombre del piano” logró que decenas de psicólogos le diagnosticaran “problemas mentales reales”. “Sólo resiste la presencia humana si esta cerca de un piano”, decía un especialista. El misterio sobre su identidad hizo que miles de hipótesis llegaran a la policía. Al final, se trataba de un alemán de Baviera que había abandonado el Reino Unido para reunirse con su familia. Hospitales y clínicas lo demandaron por miles de libras para cubrir lo gastado en curarle males que no tenía.
Pasando por alto que el famoso “hombre del piano” apareció en abril y en el 2005, poner a estos dos lunáticos en igualdad de condiciones es una falta de respeto para el trabajo del alemán que la hizo mucho mejor y supo sostener semejante puesta teatral durante 4 meses jodiendo a cuanto siquiatra se le acercara.

Pero bueno, son cosas que pasan. Al menos hay que reconocerles el mérito de que cuando se mandan un moco así, siempre tienen la delicadeza de reconocerlo en tapa:

5 comentarios:

Maria Auxiliadora dijo...

Empecé a leer y no entendía nada porque la interesección de la 3 y la 31 está un poco lejos de Tacuarembó. Tiene que cruzar todo Salto y encima medio Tacuarembó. Nadie en su sano juicio lo haría caminando. Y nadie que sepa usar un mapa publicaría esa noticia tan idiota.

Anónimo dijo...

Excelente El Observador, cada vez mejor diario, no deja de sorprendernos...

Anónimo dijo...

Increible ....delirante

Seguro que Sean Connery lo lleva al cine.....como director..claro..

¿De donde carajo saldrá la manga de pelotudos que hay por periodistas en Uruguay?

Saludos

yo dijo...

ponele no lleva tilde

Anónimo dijo...

ole ole ole ole
ole ole ole ola
ole ole ole ole
cada dia que leo te quiero mas
son los de observador
son un sentimiento
no puedo parar (de reirme)