El sábado pasado llevé a mi hermano menor al Museo Blanes. Llegué a las seis de la tarde y estaba cerrado. También lo estaba el Jardín Japonés, obviamente. Resulta que el museo hace horario de oficina. Un sábado, un poco fresco y con viento pero soleado, en el que va a anochecer casi a las nueve de la noche, ideal para visitar un lugar así y los señores cierran a las seis menos cuarto.
Bien, eh…
Mañana tengo que ir a Tristán Narvaja. Sé que por más que camine por Eduardo Acevedo o por Emilio Frugoni y pase por la puerta del costado de la universidad, o por el callejón que está entre esta y la Biblioteca, me va a invadir la pestilencia del olor a orina que los indigentes han dejado en esos puntos en la zona céntrica de la ciudad. Igual a la que me invade cuando paso por la calle Magallanes, al costado del edificio 19 de Junio. O a la que me invadía en la esquina de Eduardo Acevedo y Rodó hasta que los vecinos del edificio decidieron colocar rejas y quitarle a la ciudad un espacio público de sólo un par de metros, pero espacio al fin. Pero ese lugar ahora tampoco pertenece a ellos. Simplemente se creó una zona muerta, entre dos rejas y dos paredes. Una zona inodora. Curiosa. Y lamentable. Tan lamentable como cualquier respuesta que se pueda dar como justificativo a esta situación.
Fui al cumpleaños de un amigo homosexual. Llegué con una amiga y resultamos ser los únicos dos heterosexuales de toda la fiesta. Nos sentimos medio desubicados, entre gays y lesbianas, que daban la impresión de no esperarnos en absoluto. Todos disfrazados de travestis, haciendo ridiculeces, monotemáticos, “seduciéndose” de manera chabacana entre ellos, haciendo chistes estúpidos basados obviamente en lo mismo... Todos, en definitiva, reproduciendo estereotipos que supuestamente los discriminan. Y en definitiva es así: hay gente que necesita ser discriminada. Y eso no es otra cosa que lo que provoca el poder de la identidad. Hay un libro con ese título. Lo recomiendo. Por suerte uno no entiende por qué la gente hace lo que hace. El libro no lo explica totalmente, pero ayuda a cuestionarse algunos determinismos que uno pudo haber llegado a tener. Voy a pegarle una revisada al libro para ayudarme a entender por qué un importante sector de los homosexuales (no sé si importante en número pero seguro sí lo es culturalmente) necesita demostrar su orgullo con una marcha que consiste en manosearse en tanga por 18 de Julio. Creo que un saco, una corbata, un vestido elegante o un atuendo informal pero prolijo serían mucho más efectivos. Si yo viera eso, pensaría en que son ciudadanos estudiosos, trabajadores, esforzados, que pagan impuestos y que exigen respeto. Lo más seguro es que de todas formas lo sean, pero la tanga metida en el orto no transmite eso, así que yo revisaría la estrategia de comunicación. Y yo, al igual que la mayor parte de la sociedad, seré un prejuicioso pequeño burgués o merecedor de algún otro mote de hall de Facultad de Humanidades, pero es mi prejuicio lo que le da vida a su sectarismo identitario, así que me lo tendrían que agradecer. Por lo menos mientras les preocupe más transgredir que ser integrados realmente a una sociedad que no los discrimine.
La cosa es que por suerte había llegado tarde al cumpleaños y se terminó enseguida.
- “¡Gracias por venir!”
- “De nada che. Todo bien. Bien, eh…”
Hace aproximadamente un año, Emiliano Cotelo entrevistó al Intendente Ehrlich. Una de las preguntas fue acerca de la relación entre los funcionarios municipales y el resto de los ciudadanos montevideanos. Ni hace falta decir por dónde venía la pregunta y la respuesta de Ehrlich fue algo así como “Hágame esa pregunta dentro de 20 meses”. En su momento, me pregunté si yo durante 20 meses no iba a pagar los impuestos pero me contesté enseguida. También me pregunté si Ehrlich tenía intenciones reales de cambiar algo, y si bien también me respondí enseguida, podía dar un mínimo beneficio de duda. Y bueno, 14 meses después, sin que haya cambiado una mierda, ese pequeño crédito ya desapareció totalmente.
Este buen señor se va. Perfecto. Varela o Martínez, ¿Van a tomar la posta o van a pedir 20 meses más? Van 20 años, muchachos. Encima, ahora están encajando a Ehrlich como el tipo que puede coordinar la reforma de esta educación de mierda que tenemos, cuando no pudo hacer nada en una Intendencia y se raja sin ni siquiera empezar a cumplir sus promesas.
Bien, eh…
La calle debe estar más limpia y la fetidez quizás dé tregua mañana. Acaba de pasar lo peor de la tormenta y ahora la lluvia cae casi con suavidad. En determinado momento, mientras escribía, miré hacia la izquierda y vi al nubarrón negro posarse sobre la manzana cual nave nodriza de la película Día de la Independencia. Entre ese momento y el comienzo de la lluvia, paré varios minutos a contemplar el espectáculo. De mañana me habían avisado que había alerta meteorológica, supuestamente para las seis de la tarde. La tormenta se adelantó nada más que media hora y la verdad es que me da gusto saber que hay gente que hace bien su trabajo. Me da gusto que se hagan las cosas bien y se advierta con tiempo a la población para que tome precauciones, y de un par de años a esta parte creo advertir una mejoría al respecto. Capaz puede parecer un tema menor, y quizás lo sea para el grueso de la gente, pero seguro no lo es para los familiares de las 10 personas que murieron en el temporal de agosto de 2005.
Termina el año y lo cierto es que no lo estoy disfrutando como otras veces. Será que tengo cosas colgadas que voy a terminar bien entrado el verano, pero no lo veo como de costumbre sino como un par de días libres y nada más. Este año fue productivo en el sentido técnico, racional, sistémico del término. Estar en la máquina da satisfacciones. Es mentira que no. Creo que los seres humanos tenemos algo de hormigas y necesitamos estar enchufados a la matrix. Y yo, este año estuve enchufado como quizás nunca en mi vida. Hice cosas importantes y satisfactorias y no me arrepiento de haberme puesto en el rol de engranaje de la máquina. Pero el año que viene, que en lo personal empezará más o menos por marzo, voy a tomármelo de otra forma: más lectura, más música, más calle, más alcohol, más películas, más filosofía en el living, más tiempo para la familia, más descanso a ciertos hemisferios del cerebro y más laburo para otros. Y a la mierda con todo, principalmente con el futuro. Hasta me creo capaz de postear más seguido, pero ni eso me va a preocupar al decir verdad. Si no pinta, no pinta y se van todos a la putísima madre que los parió. Si pinta, nos leemos y en cualquier caso, feliz Navidad y próspero año nuevo.

