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21 noviembre 2008

La gran estafa

4 comentarios

Publicado en la diaria
21.11.08
Por Marcelo Jelen

Sí, es cierto. El presidente Tabaré Vázquez nunca ocultó su desacuerdo con la despenalización del aborto. Pero evitó informar antes de las elecciones sobre su intención de vetar una ley que la consagrara. Un mes y medio después de asumir, el 14 de abril de 2005, anunció su plan tras almorzar con monseñor Nicolás Cotugno.

Sí, es cierto que la ministra de Salud, María Julia Muñoz, siempre alardeó de su veneración hacia el presidente Vázquez. Sin embargo, hace dos años opinaba que el problema del aborto debía resolverse a través de una consulta popular. "Todo el país debe expresarse, no a través de los representantes sino en forma directa por parte de todos los ciudadanos", dijo entonces. La única posibilidad de lograrlo era promulgando la ley. Y ella, al final, firmó el veto.

Sí, es cierto: la interrupción voluntaria del embarazo es una cuestión de conciencia. Corresponde a cada mujer, llegado el caso, tomar la decisión. La despenalización del aborto no lo es: se trata de un asunto político. ¿Qué puede serlo más que la usurpación del cuerpo femenino por parte de médicos que lucran, policías que arrestan, fiscales que acusan, jueces que condenan y legisladores y ministros que se lavan las manos? Así lo entiende el Partido Socialista, que rechaza la ley vigente al menos desde su aprobación en los años 30. ¿Ese partido tomará alguna medida disciplinaria contra su afiliado Tabaré Vázquez? ¿O apenas emitirá una declaración para rezongarlo?

No, no es cierto que los ministros deban limitarse a decir amén a lo que predica el Presidente de la República. La Sección IX de la Constitución describe un gabinete que funciona como un directorio colegiado. Cualquier miembro del Consejo de Ministros puede, incluso, convocarlo para solicitar que se revoque una decisión presidencial por mayoría simple de votos de los presentes, según los artículos 161 y 165.

No es cierto, por lo tanto, que la decisión final correspondía a un solitario jefe de gobierno. Esa percepción se debe más al estilo de liderazgo de Vázquez y sus antecesores que a una realidad institucional. El reglamento interno del Consejo, vigente desde 1967, les da a los ministros 24 horas de plazo tras recibir el texto de una resolución del Poder Ejecutivo para convocar el cuerpo y proponer su rechazo. Marina Arismendi, José Bayardi y Daisy Tourné, por mencionar sólo a tres, no lo citaron porque no quisieron o, lo que sería igual de grave, porque ignoraban esa posibilidad.

No, no es cierto que la Ley de Salud Sexual y Reproductiva fuera una cuestión de principios para los ministros que decían apoyarla. Porque esos principios cesaron ante la presencia soberana del caudillo. Porque debieron haber apelado a todos los recursos que estuvieran a su alcance para sostenerlos y no lo hicieron. Porque todavía siguen al frente de sus carteras. Y porque algunos de ellos, además, adhieren a la reelección del presidente Vázquez, reelección que prolongaría cuatro años más una aberración legal.

No, no es cierto que el oficialismo pagará un costo político bajísimo por hacer la del avestruz con sus pequeños engaños, sus omisiones y sus desinteligencias en materia de salud sexual y reproductiva. En octubre próximo, muchos votantes contrarrestarán esta claudicación monstruosa poniendo en el otro plato de la balanza la reforma fiscal, la del mutualismo, los consejos de salarios, la asistencia económica a los pobres y otros avances de este periodo. Tal vez disculpen a la gran mayoría de los legisladores del Frente Amplio porque los avasalló el líder supremo. O quizás les aterre la eventualidad de una alternativa peor.

Pero no deben ser pocos aquellos para quienes el derecho de las mujeres a decidir y a que se garantice su vida, su salud, su bienestar y su dignidad es algo básico, crucial. ¿Acaso el Frente Amplio se comió el verso conservador de que la despenalización es un berretín de una minoría pequeño burguesa? ¿Está tan seguro del triunfo, a pesar de las encuestas y de las agrias disputas internas? ¿Puede contar con la fidelidad de sus votantes si ellos no pueden confiar en él?

El oficialismo olvida que la misma renovación biológica del electorado que lo llevó al poder podría aniquilarlo. Con los años, muchas uruguayas, una o dos por hora, sufrirán la clandestinidad, el riesgo de muerte, de lesiones y de esterilidad y el maltrato, como consecuencia del capricho de un hombre y de la inconsistencia de su partido. Decenas, tal vez cientos de miles de mujeres responsabilizarán de ese sufrimiento a Vázquez y al Frente Amplio, y también lo harán quienes se solidaricen con ellas. Es probable que eso sea lo que quede impreso en los libros de historia y en la memoria de la ciudadanía: un gobierno que tomó algunas medidas progresistas mientras dejaba incólume una ley perversa, sobreviviente desde la dictadura de Gabriel Terra.

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La doble moral católica

2 comentarios

Por Flora Tristán

Las cifras son por demás elocuentes. Más del 60% de los uruguayos apoya la despenalización del aborto. La conclusión es evidente: la mayoría de la población está en contra del veto presidencial. Tan evidente, que es el argumento de cabecera de la mayoría de los análisis que están circulando sobre este tema.

Sin embargo, casi un 40% de los uruguayos está en contra del aborto y aprueba la decisión de Tabaré Vázquez. Más allá de la ceguera de la mayoría de los analistas, un 40% es un porcentaje para nada despreciable. Tanto, que mientras los frenteamplistas siguen lamiendo sus heridas, Lacalle salió a respaldar al presidente en una actitud que no tiene nada de casual. Por el contrario, es una reacción oportuna ante una realidad bastante obvia: sus votantes están mirando con demasiado cariño a Tabaré Vázquez.

¿Por qué Vázquez debería preocuparse por responder a las demandas de los uruguayos más liberales que desconfían de su estilo de monje pacato, cuando puede guiñarle el ojo a otros potenciales votantes como los uruguayos conservadores? Y además, gracias a la oposición a la mayoría de los legisladores de su partido se transforma en un mártir devenido en santo. Evidentemente Dios lo iluminó.

Otra limitante que se observa en la mayoría de las notas que circulan sobre el veto presidencial es el tratamiento de la decisión de Vázquez desde el punto de vista moral. Qué el presidente será masón, pero también es católico. Que la esposa es una ferviente practicante católica, lo mismo que el hijo seminarista que también es doctor y masón. Y así sigue toda una serie de argumentos que para el 60% de los uruguayos son críticas durísimas, mientras que el 40% restante las recibe como justificaciones de la moral intachable de nuestro presidente, el doctor.

Nos estamos olvidando que el presidente Vázquez ha sido infiel a su piadosa esposa. Desde una concepción liberal, la infidelidad en general no es cuestionable. Tampoco se la discute desde la moral conservadora, dado que el infiel es el hombre. Por el contrario, más bien se la justifica con una cierta complicidad de género. Mientras, a la mujer del infiel, la “pobre” Tota, se la compadece.

La ideología católica, sin embargo, castiga la infidelidad. No sé cuántos padrenuestros deberán rezar diariamente el presidente y su señora esposa para que Dios lo perdone. Lo que es el perdón de Cotugno, sólo le costó el veto a la despenalización del aborto.

Mientras la Iglesia Católica hace la vista gorda sobre las intimidades presidenciales, se da el lujo de coaccionar a los legisladores con la amenaza de la excomunión. Todos sabemos que Dios borra con el codo lo que escribió con la mano.

En consonancia, la devota pareja presidencial no tiene ningún reparo en usar los poderes del estado democrático para imponer la moral católica.

¿Por qué a la mujer públicamente humillada se la santifica? ¿Por qué nadie cuestiona el maltrato del presidente a su esposa? ¿Acaso el masoquismo es una virtud en una Primera Dama? ¿Por qué todos miran para otro lado a la hora de cuestionar la doble moral presidencial? Claro, la esposa devota y tolerante, la que se deja humillar, la pobre cornuda, es “flor de mina”, y el Taba es “hombre” y además es “humano”. ¿Por qué nadie cuestiona el modelo de mujer que impone María Auxiliadora y desde el cuál se justifica la penalización del aborto?

¿Será que la hipocresía no es patrimonio exclusivo de la Iglesia Católica y del Presidente?

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20 noviembre 2008

Manual (con los ojos en la nuca) para entender un veto

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Tabaré Vázquez tiene en su haber tres características que, para bien o para mal, seguramente lo harán entrar en los libros de historia. Es el primer socialista de la historia uruguaya en convertirse en presidente, es masón¹ y además, por diferentes proximidades afectivas y familiares, es un hombre inclinado al catolicismo más ortodoxo.

El reciente y más que anunciado veto presidencial no sorprendió a nadie, aunque indignó e irritó a buena parte de los parlamentarios, a las organizaciones que buscan regular la práctica del aborto y al 63% de la población que manifestó públicamente estar a favor de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva.

Para entender mejor este veto -y algunas posturas de la “izquierda”-, se hace imprescindible rascar un poco en las creencias religiosas y filosóficas de otros integrantes del partido de gobierno y en particular, del presidente Vázquez.

La senadora Margarita Percovich (Vertiente Artiguista) tiene una formación católica desde niña y es graduada en filosofía con los jesuitas, en lo que después se convirtió en la actual Universidad Católica del Uruguay (UCUDAL). Eso no impidió que durante la anterior legislatura (en la época del divertido gobierno de Jorge Batlle) y en la actual, votara a favor de la ley que, entre otras cosas, “legaliza” la interrupción del embarazo bajo determinadas condiciones antes de las primeras 12 semanas. Percovich, como otros legisladores de “izquierda”, cree que la opinión del presidente y su familia -casi todos fervientes católicos- no debería influir en las decisiones de un Estado laico desde hace más de 90 años. Incluso, al igual que varios de sus colegas parlamentarios, la senadora se manifestó a favor de un plebiscito popular en el cual la ciudadanía laude definitivamente este tema, que contiene aristas muy complejas.

Ahora bien, no es muy difícil entender las razones que llevaron a Vázquez al veto tan anunciado desde su “almuerzo” en abril de 2005 con el monseñor Nicolás Cotugno, arzobispo de Montevideo.

Dentro la masonería, el presidente Vázquez sería apenas un grado 3, un recién llegado en términos de la logia en eterna enemistad con la Iglesia Católica. Pero su esposa, María Auxiliadora Delgado y dos de sus hijos son católicos casi ortodoxos. Sin ir más lejos, Alvaro Vázquez -su hijo mayor y también médico-, fue seminarista.

Esa influencia familiar, sumada a su pertenencia a la masonería, lo llevó a un sincretismo difícil de entender. “La adolescencia en permanente contacto con los salesianos pareció marcar al líder de la izquierda desde el punto de vista social. No por casualidad uno de los primeros convenios que hizo Vázquez desde la Intendencia de Montevideo fue con el Movimiento Tacurú, una escuela de oficios impulsada por el padre Mateo Méndez, también salesiano” ². Hoy, el padre Méndez es el director del Instituto de Rehabilitación Juvenil (INTERJ) del Instituto del Niño y del Adolescente (INAU).

En 1991, cuando era intendente de Montevideo, Tabaré Vázquez se reunió en Roma con el Papa. “Pocas veces he sentido un impacto tan fuerte como cuando estuve en presencia del papa Juan Pablo II”, dijo en aquel entonces en una entrevista concedida a Canal 10.

Tras la muerte de Juan Pablo II en abril de 2005, los presidentes George W. Bush y Luis Inacio “Lula” Da Silva –ambos a cargo de dos de los 10 países más grandes del mundo- se hicieron un hueco en sus apretadas agendas para acudir a las primeras exequias de un pontífice católico en 27 años. Vázquez, el presidente del nonagésimo país más grande, optó por enviar a su esposa en su lugar. María Auxiliadora regresó exultante del Vaticano e hizo rimbombantes anuncios de la ayuda que la Iglesia brindaría al Plan de Emergencia (PANES), el buque insignia en los inicios de este gobierno. Una ayuda que, como es notorio, nunca llegó.

El Papa Juan Pablo II visitó Uruguay en dos oportunidades: primero en abril de 1987 y luego en mayo del año siguiente. De su primera visita a Montevideo quedó como recuerdo la gigantesca cruz emplazada frente a Tres Cruces, la principal terminal de ómnibus del país. En aquella oportunidad, fueron el Opus Dei y otros sectores conservadores de la Iglesia quienes gestionaron ante el entonces presidente Julio María Sanguinetti, la instalación de la cruz en pleno Bulevar Artigas, de manera que pudiera verse desde la sede presidencial del Edificio Libertad, distante más de 20 cuadras. Catorce años después, la Iglesia instaló una estatua de Juan Pablo II en la entrada de la llamada Iglesia de Nuestro Señor Resucitado, construida en el mismo terreno de la terminal de Tres Cruces. Una vez fallecido el pontífice -y a iniciativa del diputado herrerista Gustavo Borsari- se solicitó que este monumento fuera trasladado junto a la gran cruz.

En abril de 2005, Cotugno y Vázquez almorzaron juntos. Allí analizaron dos temas: el traslado de la estatua junto a la cruz, lo cual se hizo con una celeridad pasmosa gracias a la Junta Departamental de Montevideo y principalmente, a los legisladores que aprobaron el proyecto de ley que lo declaraba “de interés nacional”. El otro tema fue el veto en caso que se aprobara el proyecto de Ley de Salud Sexual y Reproductiva.

A la salida de ese almuerzo, Vázquez fue rodeado por un enjambre de periodistas ansiosos por conocer lo conversado con Cotugno. Sin muchos rodeos, el presidente anunció que vetaría cualquier intento por despenalizar el aborto. Cuando fue consultado sobre la posibilidad de plebiscitar este tema el mandatario contestó: “Es un tema que depende de la ciudadanía y no mío”. Dicho en criollo, tiró la pelota para adelante.

A esa altura ya no era un secreto que los consejos de la esposa de Vázquez no habían caído en saco roto, para beneplácito de una Iglesia que siempre ha tenido buenas relaciones con otros partidos políticos, pero que estaba en ascuas sobre cómo sería su relacionamiento con un gobierno progresista.

Luego de aquel polémico almuerzo, el presidente -masón³ y a su vez buen amigo del catolicismo- aclaró que era necesario hacer hincapié en la educación y la prevención, además de “darle a la población todas las herramientas para que pueda tener calidad de vida y para que se pueda defender la vida en todas sus manifestaciones”. Y en eso está, aunque desde una óptica médica, masónica y cuasi católica bastante difícil de entender.

¹ La pertenencia del presidente a la masonería, jamás desmentida por el propio mandatario, aparece en la biografía Tabaré Vázquez. Misterios de un liderazgo que cambió la historia, escrita por los periodistas Edison Lanza y Ernesto Tulbovitz. Editorial Al Cierre, Montevideo, 2004.

² Ídem anterior

³ Hace pocos días, el líder y senador del MPP, José Mujica, dijo que las mayorías que posee su sector, junto con los comunistas, son “relativas” para definir su posible candidatura a la Presidencia, porque “en este país casi todos los presidentes fueron doctores o masones”.

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18 noviembre 2008

Hagámonos odiar

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Hay demasiado consenso en este blog. Es muy extraño pero todos tiran para el mismo lado con el tema del aborto y el veto presidencial. Todo muy correcto pero se necesita molestar un poco. No es que vaya a llevar la contra pero sí voy a decir un par de cosas que espero que les rompan bien las pelotas.

Cuando veo una situación desgraciada como la actual, suelo utilizar el sencillo método de comparar a nuestro país con otras sociedades para ver qué tan particulares somos. Y en el tema de mezclar vetos con abortos al parecer no estamos solos. No sé si me deja más tranquilo saber que en países teóricamente más avanzados, y en la práctica receptores de compatriotas descontentos con Uruguay, pasen cosas similares. Me hace sentir menos patético pero al mismo tiempo tengo la sensación de que no hay dónde mierda rajar. El hecho es que para poner un ejemplo, podemos recordar la decisión del senado de los Estados Unidos en 1996 de prohibir el aborto por nacimiento parcial con 63 votos a favor contra 34, que fue vetada por el entonces Presidente Clinton.

No es necesario decir que NOW, Planned Parenthood y el resto de las feministas no parecen haber considerado que esto fuera una acción digna de un dictador de una republiqueta bananera, por más que el senado y la abrumadora mayoría del pueblo estadounidense esté en contra de la legalidad de dicho procedimiento. Tampoco es necesario decir que la Iglesia Católica en ese momento si consideró que el veto era reprobable. No es necesario decirlo, pero igual lo digo porque me da la gana. Tampoco es necesario decir que no se puede esperar mucho más de quienes un año antes organizaron una conferencia en un país donde el gobierno decide que las mujeres pueden tener un solo hijo y las somete en algunos casos a abortos forzados. Aparentemente no ven esto como un atropello al derecho de las mujeres de hacer lo que deseen con su cuerpo, y si lo ven así no es motivo de mucha queja que digamos. Y mucho menos es necesario decir que tampoco se debe esperar nada del otro lado, como si tuvieran en su historial una pasión inquebrantable por la democracia y por la toma de decisiones gubernamentales basadas siempre en la voluntad popular.

No es necesario pero lo digo porque se me cantan las bolas, y porque es bien ilustrativo de la perdida de la racionalidad en nuestra política posmoderna. Esto nos muestra a las claras el carácter tribal de los conflictos culturales de nuestra época, donde a nadie, desde ningún lado, se le ocurre pensar que la solidez de criterio, la objetividad, y la frialdad para evaluar situaciones similares como merecedoras de medidas similares y equilibradas sea un valor. Algo que destacar en personas y grupos que anteponen el interés general por encima de su (generalmente pedorra) opinión personal. Que dicho sea de paso, en mi caso, es que una mujer es dueña de su cuerpo en cualquier momento, y ese derecho no se lo saca ni un presidente, ni noventa y nueve diputados, ni dos millones de personas en un plebiscito.

Pero no. La manito naranja, el rosario, el slogan, el griterío, el disfraz de monja, el rezo del Ave María en la puerta del parlamento, la puteada, el happening… Y Habermas, Rawls y algún que otro salame pidiendo racionalidad en una época en la que lo único que falta es bailar un haka antes de hacer una manifestación.

¿Y que pasa tanto acá como en el resto del mundo? ¿Se busca el diálogo? ¿Se busca una solución común que quizás no deje totalmente insatisfecho a nadie pero parcialmente satisfechos a todos? Algo como que el estado se desinterese totalmente del tema, cosa de que la mujer sea dueña de su cuerpo y las que tengan problemas económicos reciban ayuda en una situación tan complicada como la de tener que abortar de parte de ONG´s que estén financiadas por los que se sienten más sensibles a su situación (si acá el 63% pone diez mangos por mes sobra la guita, por ejemplo). O algún que otro proyecto que reconozca que la sociedad está dividida con RAZÓN, porque los dos lados tienen argumentos sumamente sólidos para justificar su posición. Pero no, ni en pedo. O se prohíbe totalmente, o aborto libre y gratuito. A la lucha por meter mi versión de la ley in your face. Y bueno. Vayan a luchar, pero vayan sabiendo que en la lucha se puede perder.

Y ustedes perdieron. Les vetaron la ley. Y ahora se joden. “¡Vetó la ley! ¡Tabaré es un intolerante totalitario!” ¿ Y recién se dan cuenta? ¿Ahora saltan? ¿Tenía que pasar esto para darse cuenta de que entre Tabaré y Khamenei hay solo una diferencia de grado? ¿Acaso no pasaron suficientes cosas como para haberse dado cuenta de eso antes? ¿Es esto particularmente lo que les molesta del gobierno como para no votarlo más? ¡Bien, eh! Les prohíben fumar y se calientan pero bueno…"peor es la derecha". Les prohíben chupar y “que cagada, pero peor es la derecha”. Les prohíben las drogas y ni se inmutan. Les meten la mano en el bolsillo para financiar deudas de la oligarquía rural y “pensar que hace años pedíamos reforma agraria…pero hay que darle para adelante porque la alternativa son los blancos”. Van a hacer el desastre de meterle guita al agujero sin fondo del CASMU, cosa que el mismo Jorge Bermúdez está diciendo en este momento en la televisión que es algo lamentable, y ustedes ni se enteran. Emiten bonos de deuda pateando el problema para nuestros nietos. Les firman OTRO convenio a ADEOM. Aumentan la burocracia metiendo miles de empleados públicos más. Destruyen la educación sin tener una puta idea y regalando su gobierno a los pithecantropus que la manejan, que no paran de decir imbecilidades una y otra vez. Se pelean con Argentina, Brasil mira para otro lado, le dicen que no a los yanquis, y al final parece que la estrategia de inserción internacional la tienen armada con Palau y Malawi. Por primera vez en la historia del país se privatiza una empresa pública que sigue siendo una mierda, ni siquiera paga la nafta y a la que como somos socios, le tenemos que seguir metiendo guita. Hacen un tinglado conventillero metiendo al país entero en un debate estúpido mientras la economía del mundo se cae a pedazos y estamos con el culo a dos manos esperando que no nos pegue como nos pegó la última porque no pueden arreglar una puta fórmula presidencial. Hacen todo eso. Hacen mucho más. Y ustedes se calientan. ¿Cómo no se van a calentar? No son ningunos nabos. Pero meten sus putos peros y los van a votar de vuelta, porque claro, ¡la alternativa es la derecha! Ahora, les vetan la despenalización del aborto y “Tu veto te costó mi voto”.

Jódanse. Jódanse y jódanse. Jódanse treinta y siete mil veces recontra bien jodidos ¿Y saben por que? Porque ya vienen jodiéndonos a todos, incluidos ustedes mismos, hace bastante, y tenía que llegar la puta hora en que se quemaran los que juegan con fuego. En vez de enfriar la cabeza fueron al todo o nada y se quedaron sin nada. Y después de bancar a estos mafras durante todo este tiempo ahora se hacen los héroes luchadores por la libertad. Este enfermo les dijo que iba a tener dos biblias: la constitución y el programa del Frente. Les pareció bárbaro. Y ahora les utilizó una, y encima se las utilizó con la Biblia. Y se ve que el problema de ustedes no es con el veto, sino con el veto contra el aborto. Así no, muchacho. Así ganás hoy pero perdés la fecha que viene. Y bueh… Pero miren que no todo está perdido. Hoy se joden, pero mañana capaz que no. Porque a partir de ahora, capaz que se dan cuenta de una recontrareputísma vez que, si ustedes quieren guardar las libertades particulares que a ustedes particularmente les interesan en situaciones particulares, la forma más efectiva para lograrlo es pelear por la LIBERTAD. Empiecen a pensar la próxima vez que vayan a poner la puta papeleta en que los que vayan a elegir no están para darles derechos sino para reconocerlos. Y no algún derecho que otro como les indiquen sus fetiches políticamente correctos sino todos ellos. Los suyos y los de la otra tribu. Y si entre las papeletas no hay opciones no metan nada y déjense de joder de una buena vez con tragarse sapos. Miren el que se acaban de tragar. Les vetaron la ley. Y ahora váyanse a la mierda. Si están de acuerdo con esto actúen en consecuencia de ahora en adelante. Y si no están de acuerdo, me pueden putear un cacho en los comentarios y después se siguen tragando los sapos. Bon appétit, super luchadores libertarios.

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14 noviembre 2008

Ayatolás

11 comentarios

Publicado en la diaria
13.11.08
Por Marcelo Jelen

La Iglesia católica tiene al mundo harto con sus reflejos fundamentalistas.Cuando fracasa en la tarea de convencer a sus propios fieles, pretende que el Estado le extienda sus mandamientos a toda la población. Hace medio milenio les pedía a los reyes que expulsaran de sus dominios a los adoradores de otros dioses, a menos que se bautizaran. Hace un siglo, conminó sin éxito al Parlamento uruguayo a mantener un crucifijo custodiando cada cama de hospital, aun en aquellas donde reposaban pacientes no cristianos. Como se rompían matrimonios católicos, logró frenar la aprobación de leyes de divorcio en decenas de países. En Chile no hubo una hasta hace cuatro años.

A nadie debe extrañar, por lo tanto, que la Conferencia Episcopal uruguaya haya declarado fuera de “la comunión eucarística” a los legisladores católicos que avalaron la despenalización del aborto. Eso implica que se les prohibirá tener participación plena en ritos como la misa. Para un diputado o un senador que desee bautizar a un hijo, por ejemplo, resulta una sanción muy dura, hasta dolorosa.

Soportar en silencio que las autoridades de la Iglesia católica dispongan lo que se les antoje en relación con sus feligreses significaría menospreciarla, reducirla al papel de mero ente privado, como si se tratara de una empresa, un club deportivo o una organización no gubernamental. Pero una decisión así sería inaceptable aun si ése fuera el caso: las leyes vuelven remota la posibilidad de que instituciones privadas afines a esa comunidad religiosa, como el Club Juventus, el Círculo Católico de Obreros o la Universidad de Montevideo, nieguen sus servicios a partidarios de la despenalización. A la Iglesia, en cambio, se le permite actuar con impunidad.

El Estado uruguayo se separó de la Iglesia católica y abrazó el celibato religioso en 1917. Desde entonces, los sacerdotes de esa comunidad se han reservado la atribución de pronunciarse sobre la cosa pública. Mientras tanto, gobiernos y dirigentes políticos se abstienen, en general, de referirse a las cuestiones de la fe.

Además de decirles a las católicas que no deben abortar por respeto a Dios, monseñor Nicolás Cotugno y sus pares exigen al Estado amenazarlas con la cárcel, no sólo a ellas sino a todas las mujeres. Como si el Comité Central Israelita reclamara al Parlamento la circuncisión compulsiva para todos los bebés al cumplir ocho días de nacidos, con el fin de asegurarse de que los judíos la practiquen con sus hijos.

No es incoherente que un católico rechace el aborto como posibilidad en su familia y que, al mismo tiempo, acepte que lo tolere la ley. Ésta que el Parlamento aprobó el martes no obliga a las católicas ni a ninguna mujer a abortar si no lo desea. Apenas permite que lo hagan aquellas que así lo decidan.

El presidente Tabaré Vázquez hizo gala de un fundamentalismo similar al del episcopado con su veto a la despenalización, basado sobre sus convicciones “filosóficas y biológicas”. Sus ideas eran tan respetables como la fe de los obispos, pero dejaron de serlo, igual que las de ellos, porque cedió a la tentación de imponérselas al resto de la sociedad. Por eso tienen más de capricho que de ciencia. Porque no se puede jugar al truco con los derechos humanos, con la vida ni con la salud de las mujeres.

Su doble condición de oncólogo y presidente no lo convierten en el brujo de la tribu. Infalible es el papa, y sólo para quien crea en él. Vázquez no es más médico que la senadora Mónica Xavier, que el ginecólogo Leonel Briozzo ni que la inmensa mayoría de sus colegas. Su opinión como profesional no tiene más valor que la del Sindicato Médico del Uruguay.

La opinión de Vázquez como ciudadano no vale más que la de alrededor del 60 por ciento de los uruguayos que, de acuerdo con las encuestas, prefieren despenalizar el aborto. La opinión de Vázquez, Cotugno y el pastor Márquez sobre el origen de la vida y de la personalidad humana vale mucho, muchísimo menos que la de cualquier mujer que, por la razón que sea, tome la difícil decisión de interrumpir su embarazo.

Sin abdicar de sus convicciones, el presidente contaba en esta coyuntura con opciones que habrían supuesto un avance en la calidad de la democracia: dejar que la ley se promulgara sola dejando pasar los 10 días de plazo, o abrir paso a una votación del Consejo de Ministros, en lugar de resolver el veto por sí y ante sí. Luego, el bando fundamentalista y él mismo podrían haber promovido un referendo para que la ciudadanía decidiera.

Pero Vázquez eligió el camino de los ayatolás. Si los previsibles recursos contra la cuestionable legalidad del veto fracasan, habrá que esperar. Habrá que esperar un presidente que siga las enseñanzas de Jesucristo: darle al César lo que es del César, a dios lo que es de dios, y a las mujeres la libertad de decidir que sólo a ellas corresponde.

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07 abril 2008

Los efectos de la (federación de la) bebida

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Por mucho que a Tabaré Vázquez le guste acusar a la prensa de conspirar en su contra, hay ocasiones en las que debería agradecer que algunos de los medios que alguna vez calificó de "opositores", le perdonen la vida ante un desliz que no pocos podrían juzgar como una burrada considerable.

El lunes 31 de marzo, el presidente visitó la sede de la Federación de Obreros y Empleados de la Bebida (FOEB) donde, entre otros temas, se refirió a la "fuerte" apuesta de este gobierno a la educación, destacando el compromiso asumido al inicio de su período de asignar el 4,5% del PBI a ese rubro. Después de escuchar su discurso, quizás habría que pensar en destinar una ínfima parte en la educación del mandatario, que de medicina sabrá mucho pero de literatura poco y nada.

La crónica del error presidencial sólo pudo leerse en la sección Rincón y Misiones publicada por El Observador el miércoles 2 de abril:
"El poeta, pintor y filósofo indio Rabindranath Tagore nació el 7 de mayo de 1861 y murió el 7 de agosto de 1941. El poeta y pintor Khalil Gibran nació el 6 de enero de 1883 en el Líbano y murió el 10 de abril de 1931. Extrañamente, para el presidente Tabaré Vázquez, Tagore y Gibran son una sola persona. “Hay un poeta, Rabindranath Tagore que es más conocido como Khalil Gibran que escribió muchas cosas hermosas, entre otras, un poema sobre los hijos, que dice: Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida. No vienen de ti sino a través de ti y no te pertenecen. Pertenecen a la casa del mañana –y en esto quiero insistir– a la que nunca podrás visitar, ni siquiera en sueños”, recitó Vázquez el lunes 31 recién comenzado su discurso en el sindicato de la bebida. Tal vez el presidente se confundió porque Tagore también era conocido como Ravindranatha Thakuna, que es su nombre en bengalí"
Conjeturar sobre el posible motivo del moco presidencial es de una benevolencia tal que sólo se explica por el tono trivial de la sección en que fue publicado el relato. Vázquez no sólo aunó dos autores diferentes sino que además le atribuyó el poema de Gibran a Tagore. Y por si eso no bastaba, la realidad delatada por el audio del discurso es muchísimo más desopilante (pasando apenitas la mitad, ese es el momento clave):


Para el presidente, Rabindranath Tagore es "Rabindranath Ragores" y su "alias" (no su seudónimo, claro) es "Kail Jabrin". Bruto es poco.

Gracias a MJ por la colaboración.

ENLACE:
Discurso completo (.mp3) en página de Presidencia (sí, todavía lo exhiben orgullosos)
.

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01 noviembre 2007

Tabarenator

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Y a propósito... ¿Algún integrante de este gobierno podría tener la decencia de explicarnos por qué nuestro benemérito Presidente acude a congresos médicos en un viaje al que -a pesar de haberlo pagado- nadie nos invitó?

Y de paso, gracias a Ana I por la foto.

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