Ayer, elso publicaba un post en referencia a todo este asunto:
Qué lindo sería tener un medio de prensa de circulación nacional abierto y disponible para descargar las frustraciones y la mala leche acumulada de cada uno, ¿no? Siempre en clave y sin dar pistas claras, obvio. ¡Estaría bueno!Bueno, por ahí viene la mano. Hace mucho rato que la gente de El Observador está caliente con cursos para/lelos y un par más de blogs, aunque este se lleva la mayoría de las fichitas. No voy a hacerme la pelotuda y preguntar horrorizada por qué. Aunque crea que la calentura es un poco exagerada, entiendo que aquellos que creen estar haciendo el mejor diario de Uruguay puedan sentirse un poquito ofendidos si cualquiera les hace ver que a veces es pura mierda. En un país donde existen apenas un par de medios de prensa capaces de ofrecer estabilidad laboral por más de una década, es muy jugado andar poniéndose la camiseta demasiado apretada. Y mucho más jugado es dedicar 2500 caracteres en una contratapa para hacer catarsis de un caprichoso ataque de histeria. Pero eso podría llegar a ser hasta entretenido si se entendiera de qué habla, pero seguramente el 99% de las personas que leyeron la columna siguen preguntándose qué se quiso decir. De todas maneras, resulta admirable que un diario conceda tanta libertad a sus periodistas como para obsequiarles media contratapa para vomitar odios personales. Hasta ayer pensaba que para eso alcanzaba con armarse un blog. Se ve que no.
¿Criticar la mediocridad de los otros no es ser parte de lo mismo?. De arranque nomás, la aceptación de la mediocridad está implícita. Criticarla no es ser parte de lo mismo, defenderla sí.Me aburrieron. Me aburrió el blogger y su blog político, los posteos de textos larguísimos para quejarse siempre de lo mismo y de asuntos que a menudo se resuelven en una oración, el mecanismo afinado de defensa ante las críticas (no entiendo qué querés decir, pero gracias por el aporte) y, más que nada, la obscenidad de sus intenciones. Tienen el entusiasmo descontrolado de reflejarse en su discurso de protesta antes que lamentar que la seriedad de muchos proyectos es cuestionable. Son como profetas y testigos de su verdad. (yo lo dije, está en mi blog.) Para estos narcisistas nadie está a su altura; ni el jurado del concurso de blogs de Freeway ni los lectores del blog, ni las plantillas de periodistas de todos los medios de este país juntos. Nada los conforma, y digo los porque no se trata de un blog, sino de una pequeña comunidad que ha librado una batalla con proclama: exigen vivir en un país en serio. Seguro, quién no.Blogs que critican al periodismo, periodistas que critican a bloggers, bloggers que critican a periodistas que los criticaron y no sigo porque aburre, aunque esto no termina nunca. No entiendo cuál es el problema con los blogs: hay cientos, miles, nacionales, extranjeros, de música, de cine, de política, de nada, de todo. Todos están ahí y el que quiere los lee y el que no quiere, no. Punto. Mirá que simple. Andar revolviendo mierda para ver qué olor tiene es francamente patético, digno de gente que ya tiene las bolas paspadas de tanto rascárselas y difícilmente encuentra mejor tema para hablar. Jamás se pondrán a discutir qué hacer para lograr un mejor medio o cómo pueden corregirse las burradas que publican de tanto en tanto. ¿Para qué? Es mucho más entretenido dedicarse la tarde a leer blogs narcisistas y de intenciones tan obscenas como reírse de los errores ajenos para después ir a llorarle al editor amigo, que ponerse media pila y respetar a los lectores que pretenden, como mínimo, entender de qué se habla en un diario por el que pagaron 30 mangos. Al menos en ese sentido, los blogs no estafan a nadie. Por otra parte, la falta de humor y la ignorancia que provocan que se tome en serio una pelotuda "batalla con proclama" ameritaría la exigencia de "un periodismo en serio" pero el horno no está para bollos, así que dejémoslo para otra ocasión.
Pero aun cargando la pesada conciencia de que también forman parte del cambalache nacional, reproducen el esquema típico del uruguayo: se van a llorar al cuartito, que ahora es un blog donde son anónimos y pueden mostrar los dientes escudándose en una audiencia tan pobre como la de Sánchez Padilla (aunque luego se jactan de tener el blog más leído y sufren cuando no se los considera fuentes para un reportaje sobre el tema.) Animados por una moral que pierden cuando destrozan a una persona o un colega –no solo por sus defectos profesionales–, y que recuperan para adularse entre sí o para suprimir los comentarios que los exponen demasiado. Escondidos y refugiados de su propia identidad en una personalidad artificial y soberbia, mucho más sólida que la real. Insisto, aburren, y mucho.¿Qué molesta tanto de los blogs? ¿El anonimato? ¿La posibilidad de decir lo que uno tiene ganas sin tener que rendirle cuentas al jefe? (aunque con estas pruebas a la vista, esta pregunta no corre para la gente de EO). Es difícil entender cómo espacios con una audiencia "tan pobre como la de Sánchez Padilla" pueden tener tanta repercusión dentro de la redacción de un diario. Se los lee, se los comenta, se hacen exhaustivas averiguaciones acerca de sus autores (aunque convengamos que tampoco hay que investigar demasiado) y provocan calenturas dignas de un surmenage. Hasta donde sé, a Sánchez Padilla lo mirarán pocos pero cualquiera sabe quién es. Criticar el narcicismo desde la soberbia es ponerse en el mismo lugar de aquellos a los que se enjuicia sin más conocimiento que los textos de su autoría.
Y confunden, porque normalmente se nutren de la gran estafa que critican para existir; el desastre justifica su acidez y, cuando se les va la mano, se desentienden apelando al género humorístico y a la ficción. Ojalá sea tal cual lo pronostican y el premio del concurso de Freeway se lo lleve algún “nabo” de los que intentan avivar. Sin embargo, la caricatura que son tiene algún interés antropológico; allá donde nadie te conoce está la fantasía de destrozar impunemente, común a toda la especie. Una pena por el género recién nacido. Uno con chances infinitas de publicar un enfoque subjetivo, la opinión cautiva de un autor que antes no encontraba canales de expresión.Aplausos para la periodista que asume públicamente la "gran estafa" que representan los diarios nacionales. Es increíble como la mediocridad y los desastres se asumen con tanta facilidad como para referirse a ellos descaradamente, sin ponerlos en tela de juicio, como si fueran lo habitual y no lo excepcional. La pena por el género recién nacido no debería ser tal, sino más bien todo lo contrario. Cualquier ser medianamente pensante debería alegrarse por la existencia de espacios donde cualquiera pueda dar su opinión sobre el tema que se le cante la gana. Lo paradójico es que alguien reclame "enfoques subjetivos" y "opiniones cautivas" y después se aburra.
Hace unos días escuché que comunicar es crear comunidad, y después de mucho tiempo de haber escuchado la última definición de comunicación, la síntesis me pareció muy valiente. Sobre todo porque en la creación de comunidad los textos de estos autores ya no son inofensivos. En parte por vivir en un país que se regocija en el pesimismo, el cinismo de estos escritores podría confundirse con lucidez, y la comunidad se crearía alrededor de una nueva “verdad”, la del cambio imposible, como lo es que estas líneas cambien algo.Los textos de un conjunto de blogs "ya no son inofensivos". Blogs que unas líneas atrás tenían menos audiencia que Sánchez Padilla, pero ahora son capaces de confundir a cientos de lectores idiotas que se dejan atrapar por una verdad que no es otra cosa que cinismo disfrazado de lucidez. El fenómeno parece ir en aumento, porque hasta se habla de la creación de una comunidad de estúpidos confundidos incapaces de distinguir lo bueno de lo malo. Como si algunos autores fueran chamanes proveedores de sustancias psicoactivas para que todos sus lectores tomaran como única su verdad y creyeran ciegamente que un blog, una nota o un diario pueden realmente cambiar algo. El problema no es sólo de los lectores: hay demasiados periodistas en la vuelta que se tragaron la pastillita de que su tarea puede servir para cambiar algunas cosas. El periodista es un traficante de información y punto. Ni sus palabras ni su trabajo pueden cambiar nada. Esa es tarea para los políticos, los médicos o los expertos en termofusión nuclear. El periodismo no cambia nada, el periodismo informa. Y a veces ni eso.
Porque todo está muy mal, cierto, ¿pero después qué?
Todo está muy mal, es cierto. ¿Y después? Es bien fácil: después del berrinche, hay que ponerse a ver qué hacer para que sea mejor.

Antes de escribir esto, quisiera aclarar que lo que viene a continuación podría ser producto de la habitual paranoia que me caracteriza. Pero algunos conocimientos de causa me indican que esto no se trata de ninguna alucinación, sino de una realidad concreta.
Pero no. Aparentemente, en Uruguay la cuestión ya pasó de moda, según se desprende de la erudita opinión de una "habitual navegante, que mantiene un weblog literario que actualiza semanalmente", cuya identidad (o seudónimo) no se da a conocer:
El único blog uruguayo mencionado que incluye dirección web es
¿Qué decir? Estando al tanto de que la autora de la nota es una ocasional visitante de este lugar, no queda otra opción que deducir que se está refiriendo a este blog, a su autora, sus visitantes y "comentaristas". No es que la alusión sea exclusiva, pero que los demás lo manejen como más les guste; yo prefiero así. De todas maneras, me gustaría agradecer la admiración por mi "constancia y dedicación" en la vigilancia "de erratas". Es la clase de cosas que pueden hacerse cuando no se está demasiado ocupado en ser condescendiente con el jefe.