
Por Juana Jota
Había escuchado algo acerca de su existencia pero la verdad es que las referencias que tenía eran muy vagas y como no suelo mirar televisión abierta, nunca me lo había encontrado. Hasta el viernes pasado.
Haciendo zapping vi que estaba empezando y no sé por qué extraño impulso de mi tanatos, levanté el dedo del control remoto. El juego de tu vida es un programa de origen español –que allá emite la cadena Telecinco– en el que cada participante debe contestar 21 preguntas para obtener un premio final de 100 mil euros, tras superar cada uno de los niveles intermedios de 1000, 3000, 5000, 10 mil y 40 mil. En Uruguay, el programa es emitido por Canal 10 en el entorno de las once de la noche y según pude saber, varias veces por semana.
La diferencia con otros programas de preguntas es que las interrogantes son sobre la propia existencia de quien contesta y la distancia entre ganar y perder es, según el esquema maniqueo del programa, mentir o decir la verdad. Las 21 preguntas son seleccionadas entre un total de 200 que se le efectúan al participante el día anterior, mientras está conectado a un polígrafo que determina si miente o no.
Así como en un programa sobre cultura general las interrogantes son más difíciles a medida que se avanza, en este “juego” se hacen cada vez más inmorales y destructivas. Y por si acaso eso no es suficiente, también deben asistir al programa tres miembros de su familia o grupo de amigos cuya presencia, por más que la producción pretenda justificarla por la necesidad de "apoyar" al concursante, no tiene más propósito que incrementar la tortura del participante y hacer más flagrante el costo que paga por el dinero que “gana”. Eso, claro, si logra triunfar porque si “miente”, pierde absolutamente todo lo que ha obtenido.
El viernes en cuestión participaron dos mujeres. La primera lo perdió todo por “mentir” al responder si su marido la amenazaba con dejarla porque a ella le daba asco tener sexo (!!!) . Antes había confesado que la hipoteca de su casa la había dejado en una situación económica tan acuciante, que incluso había pensado en delinquir o prostituirse para solucionarlo. Su marido, su suegra y su hermana estaban sentados enfrente.
Pero fue la segunda concursante quien terminó ayudándome a encontrar nuevos modos de sentir repugnancia por los límites a los que llega la producción televisiva. Esta mujer –que junto a su marido e hijos debió mudarse con su madre tras la quiebra de la empresa de su esposo–, “ganó” 40 mil euros.
Casi 60 mil dólares sólo por el módico precio de responder a veinte preguntas sobre su vida, cuyas respuestas implicaron confesar una infidelidad con un amigo de su marido y la posterior contratación de una prostituta para lograr que la perdonase, además de asegurar que volvería a hacerlo si supiera que él no lo sabría y revelar qué tan desgraciada la hacía sentir. Y en la última respuesta, aquella con la que ganó, miró a su marido y dijo que ya no estaba enamorada. Delante de millones de personas, él la miró con los ojos llorosos mientras la conductora festejaba extasiada –y buscaba que ella la secundara– el premio percibido. En ese momento, todos los que estábamos frente al televisor, nos enteramos que la vida de esa española de Alicante vale eso... 40 mil euros.
No voy a dar excusas sobre por qué no cambié de canal a pesar del asco que sentía, de la enorme vergüenza y la repugnancia por mi propia incapacidad para mirar otro programa. El morbo a veces nos gana. Pero esa no es excusa para caer y caer otra vez en el mismo juego.
Y cuando terminó, e incluso al día siguiente, me quedé pensando en eso. En como terminé arrastrada hasta ese lugar inmundo aún cuando tengo herramientas para poder racionalizar lo que me ocurría y pensando en qué se puede esperar de quién no las tiene.
Y pensé. Pensé en los discursos de solidaridad, de plan de emergencia, de que paguen más los que tienen más y menos los que tienen menos, de un techo para mi país, de tanto etcétera. Y pensé que de repente, la solidaridad por los indefensos pasa también por no mirar un programa en el que se explota a la gente que siente que no tiene otra salida que usar su intimidad para ganar unos pesos que lo salven una situación acuciante.
Pensé que en vez de rasgarnos las vestiduras porque a los homosexuales los dejarán adoptar –y porque antes les permitieron de una vez por todas legalizar sus uniones afectivas– deberíamos preocuparnos más por los hijos de los que miran programas como esos. Deberíamos estudiar si está bien usar a la gente como condones humanos, que usamos y tiramos.
Quizás la generosidad pasa también por intentar que un programa como ese no lo mire nadie o no exista. Pasa por el hecho de que un canal de televisión sienta vergüenza de emitir algo así y pasa porque si no la siente por sí mismo, al menos se la hagan sentir sus televidentes (entre otras cosas porque las ondas son de todos y no se puede hacer plata prostituyendo la dignidad de los que precisan plata). Nadie está hablando de censura, estoy hablando de leyes de mercado (como al almacén que vende berreta y no lo cierran, pero nadie le compra).
Hablo de que tenga un costo hacer plata con el sufrimiento de personas que, aunque vivan en España y no a dos cuadras de tu casa, no deja de ser gente desgraciada a la que estamos usando para divertirnos, arrastrándola por el piso y patéandola sin piedad ni un mínimo de decoro. Pero no. Por ahora, eso no pasa.
[+] Ridículo, desnudo y cornudo, pero famoso. Reportaje en El País de Madrid sobre El juego de tu vida (26.07.2008)
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25 agosto 2009
El juego de tu vida (o la fábrica de condones humanos)
04 diciembre 2007
Una más
Continuando con la apasionante serie El peladín de la inmundicia, esta vez es el turno del modestísimo (gran) Marcelo Jelen desde las páginas de La Diaria de ayer:
Sin compasión
Por Marcelo Jelen
A buena parte de los periodistas uruguayos les fascina mirar al norte. El profesionalismo de Estados Unidos es referencia obligada. Ese paradigma inspira, en las aulas y salas de redacción de por acá, valores como la precisión, el rigor, la verindependencia, la equidad, la honestidad, la claridad, la creatividad. Pero la compasión, que siempre figura entre los primeros dos o tres valores del ranking estadounidense, rara vez se menciona en esta orilla del mundo, como si se tratara de un vicio de periodistas maricones. “La pasión por la excelencia es maravillosa, pero sin la compasión estará hueca”, escribe Gregory E. Favre, que dirigió una decena de diarios y da clases de ética en la escuela de periodismo Poynter Institute, en el estado de Florida.
Todo esto viene a cuento porque Ignacio Álvarez, conductor del programa televisivo “Pan y Circo” de Canal 10, visitó el barrio 40 Semanas. Y lo que mostró el miércoles fue tan hueco como un pan sin miga o un circo sin alma. Cruel.
Varios niños del lugar se refirieron en el reportaje a sus condiciones de vida y las de sus vecinos. Álvarez y sus productores ya deberían conocer las posibles consecuencias de identificar a menores en situación de riesgo ante un público masivo: el año pasado en Zona Urbana, su programa de entonces, exhibió un video pornográfico protagonizado por una adolescente cuyos compañeros de liceo la reconocieron por el bikini.
En aquella ocasión, al menos, tuvo el prurito (inútil) de pixelar el rostro de la menor. Esta vez, no. Un gurí habló ante cámaras sobre la pistola nueve milímetros de su padre. Otro señaló la casa donde viven “una manga de lateros” y se ufanó de su bicicleta “robada de ahí, de Instrucciones”. Un hombre joven con una bebé en brazos se lamentó por los “rastrillos” que roban cables y focos del alumbrado. Un fumador de pasta base, de edad indefinida, dijo: “Si quiero salir a ganar algo salgo lejos, como Pocitos y eso.” El único rostro borrado en la edición fue el del chofer de Álvarez, quien narró el asalto que sufrió frente a la sede de una organización no gubernamental. Los miembros de esa organización se negaron a acompañar al periodista en su recorrida porque “no quieren que se estigmatice al barrio”. Y cuánta razón tenían.
La estrella invitada de Pan y Circo, el ex guerrillero Jorge Zabalza, orgulloso habitante de la periferia pobre de Montevideo, indoblegable oteador del “horizonte insurreccional”, escudo de los pobres, nada hizo desde el estudio para defender, en vivo, a sus compañeros de ignominia escrachados en la misma pantalla. Pero tu revolución, Tambero, estaba siendo televisada, y con eso estarás satisfecho.
Luego de emitir su programa, Álvarez fue a su casa, en un barrio seguro, por cierto. Aquellos niños seguían ocupando su desapacible lugar en el mundo, rodeados de padres armados, ladrones de bicicletas, rastrillos y lateros a los que minutos antes habían delatado por televisión. Si Álvarez durmió tranquilo, si logra dormir tranquilo por estas noches, la compasión le sigue patinando.
Los periodistas de Estados Unidos, en cuyo espejo quieren mirarse muchos de sus colegas uruguayos, repiten una frase para resumir la buena práctica de la profesión: “Conforta al afligido y aflige al acomodado.” Lo que hizo Pan y Circo el miércoles también puede resumirse, y con menos palabras: periodismo de mierda.
Sin compasión
Por Marcelo Jelen
A buena parte de los periodistas uruguayos les fascina mirar al norte. El profesionalismo de Estados Unidos es referencia obligada. Ese paradigma inspira, en las aulas y salas de redacción de por acá, valores como la precisión, el rigor, la verindependencia, la equidad, la honestidad, la claridad, la creatividad. Pero la compasión, que siempre figura entre los primeros dos o tres valores del ranking estadounidense, rara vez se menciona en esta orilla del mundo, como si se tratara de un vicio de periodistas maricones. “La pasión por la excelencia es maravillosa, pero sin la compasión estará hueca”, escribe Gregory E. Favre, que dirigió una decena de diarios y da clases de ética en la escuela de periodismo Poynter Institute, en el estado de Florida.
Todo esto viene a cuento porque Ignacio Álvarez, conductor del programa televisivo “Pan y Circo” de Canal 10, visitó el barrio 40 Semanas. Y lo que mostró el miércoles fue tan hueco como un pan sin miga o un circo sin alma. Cruel.
Varios niños del lugar se refirieron en el reportaje a sus condiciones de vida y las de sus vecinos. Álvarez y sus productores ya deberían conocer las posibles consecuencias de identificar a menores en situación de riesgo ante un público masivo: el año pasado en Zona Urbana, su programa de entonces, exhibió un video pornográfico protagonizado por una adolescente cuyos compañeros de liceo la reconocieron por el bikini.
En aquella ocasión, al menos, tuvo el prurito (inútil) de pixelar el rostro de la menor. Esta vez, no. Un gurí habló ante cámaras sobre la pistola nueve milímetros de su padre. Otro señaló la casa donde viven “una manga de lateros” y se ufanó de su bicicleta “robada de ahí, de Instrucciones”. Un hombre joven con una bebé en brazos se lamentó por los “rastrillos” que roban cables y focos del alumbrado. Un fumador de pasta base, de edad indefinida, dijo: “Si quiero salir a ganar algo salgo lejos, como Pocitos y eso.” El único rostro borrado en la edición fue el del chofer de Álvarez, quien narró el asalto que sufrió frente a la sede de una organización no gubernamental. Los miembros de esa organización se negaron a acompañar al periodista en su recorrida porque “no quieren que se estigmatice al barrio”. Y cuánta razón tenían.
La estrella invitada de Pan y Circo, el ex guerrillero Jorge Zabalza, orgulloso habitante de la periferia pobre de Montevideo, indoblegable oteador del “horizonte insurreccional”, escudo de los pobres, nada hizo desde el estudio para defender, en vivo, a sus compañeros de ignominia escrachados en la misma pantalla. Pero tu revolución, Tambero, estaba siendo televisada, y con eso estarás satisfecho.
Luego de emitir su programa, Álvarez fue a su casa, en un barrio seguro, por cierto. Aquellos niños seguían ocupando su desapacible lugar en el mundo, rodeados de padres armados, ladrones de bicicletas, rastrillos y lateros a los que minutos antes habían delatado por televisión. Si Álvarez durmió tranquilo, si logra dormir tranquilo por estas noches, la compasión le sigue patinando.
Los periodistas de Estados Unidos, en cuyo espejo quieren mirarse muchos de sus colegas uruguayos, repiten una frase para resumir la buena práctica de la profesión: “Conforta al afligido y aflige al acomodado.” Lo que hizo Pan y Circo el miércoles también puede resumirse, y con menos palabras: periodismo de mierda.
29 noviembre 2007
El peladín de la inmundicia*
Si ayer no vieron Pan y circo, les recomiendo que primero miren acá, después acá y recién ahí empiecen a leer esto, que no es mío sino de un amigo de la casa que dice todo lo que me daba mucha pereza escribir:
Circo asqueante con payasos hundidos en la miseria
Por Coatí
Nacho visita un barrio pobre.
Miércoles 28 en Pan y Circo.
Como siempre, el concepto de Zur Infotainment es ajenizar.
Ajenizar la pobreza, ajenizar la violencia, ajenizar la miseria.
No son nuestras, son de los otros.
De los pobres, de los ignorantes, de los sub-uruguayos, de los sub-humanos.
De los que solo conviene mostrar así, con cumbia villera argentina de fondo.
Rinde más esa musiqueta porque es más terraja aún que la cumbia nuestra, que está de menos.
Me hace acordar a aquellos libritos "Mónica descubre la granja": Nacho descubre el cantegril. Entonces se viste más "sencillo". Cambia la camisa polo por una chomba gris, a la que le debe haber recortado el cocodrilo de Lacoste para no marcar demasiado. Debe haber visto a Victoria recorriendo los cantes de Maldonado vestida como una modelo en A conciencia, y entonces tomó las medidas del caso para no quedar tan mal. De todos modos, aunque lo intente, no puede disimular su cara de asco, ni el miedo que siente de estar ahí.
Pobres pobres que no tienen todo lo que yo tengo.
Álvarez descubre que hay gente que toma pasta base, que hay gente que roba cables para comer, que hay niños que conocen las armas porque sus padres las dejan al alcance de su mano.
"Ahora vamos a entrar en el 40 semanas, la zona más temida de Montevideo, un lugar por donde pasar es impensable", dice Nachito. De paso le tira un palito a una ONG —creo que Gurises Unidos o Tacurú, no me acuerdo— porque no los acompañó aduciendo que el informe estigmatizaría al barrio, lo cual, a la luz de los hechos, es cierto, y hace muy compartible la negativa de la ONG a prestarse a ese circo inmundo.

Alvarez les tira de la lengua, y la gente simple no oculta y se muestra tal cual es, sin miedo de la cámara. Los induce a decir que se falopean, que tienen antecedentes, que estuvieron en el Comcar o en Libertad, que rapiñaron, que coparon... Los expone a represalias, a ser estigmatizados, a que la policía los registre y después los reprima por sus dichos.
El director de cámaras enfoca de cerca todo cuanto tiña la pantalla de amarillo: los porros, las palancas de pasta base, las botellas con vino, las cicatrices, los dientes ausentes, las orejas mutiladas, tal cual lo hizo hace poco en Sudán con niños pequeños con sus cabezas destrozadas por bombas incendiarias.
En una increíble muestra de subestimación a sus televidentes, Nachito registra el momento en que unos policías le piden documentos a un motocicista. Lo tratan muy bien, y el tipo dice que nunca tuvo problemas con los policías. Claro... pequeño detalle... lo dijo delante de una cámara de televisión encendida.
Se hace el bueno y los saluda. Les da la mano, al tiempo en que los escracha ante todo el país, desnudando sus miserias. Seguramente el que roba cables o el guacho que dijo que su padre tenía una nueve milímetros deben haberse ligado una paliza ni bien se emitió el programa.
Cerca del final del informe, Alvarez anuncia el momento más intenso: "Vamos a entrar de noche al 40 semanas, vamos a ingresar a tierra de nadie, a la zona más roja del país". Pues bien, no estoy muy seguro que realmente haya estado en el 40 semanas. No hay cómo comprobarlo. El foco no alcanzaba a iluminar más de 5 metros, y la verdad es que Pan y circo no me inspira ninguna credibilidad. Lo único que encontraron ahí adentro fue cientos de gurises revoloteando alrededor de la cámara, unos veteranos jugando al truco y tomando vino —lo mismo que yo y tantos otros hicimos cientos de veces en nuestra vida—, y niños comiendo en condiciones deplorables.
No pudieron mostrar violencia física, que era lo que iban a buscar estos mercenarios mediáticos. Se quedaron con las ganas de mostrar sangre.
En síntesis, Pan y circo chupó sangre pobre en su provecho, y defecó en los ojos de cientos de miles de uruguayos. Nada más. No aportó nada nuevo ni útil. No informó. Deformó.
En estudios, Jorge Zabalza —invitado de esa noche— no dijo nada sobre el espectáculo lamentable que acababa de presenciar en primera fila. Él, que se llena la boca hablando de los pobres, no fue capaz de enrostrarle a Alvarez el sucio e indigno acto que acababa de cometer. Se calló porque le convino, porque le servía esa pantalla para jugar el partido que ahora ha comenzado a jugar, de cara a las elecciones, justamente tildando de electorera a toda la estructura política frentista.
Hizo mutis. Tragó. Especuló. Se aguantó. Porque le convino. Me dio el mismo asco que Alvarez y su troupe.
Dos seres tan opuestos en su discurso y su accionar coincidieron en generar en mí la misma repulsión. Dieron pena y cuentan con mi más profundo rechazo.
* El peladín de la inmundicia es creación exclusiva de MJ
© Todos los derechos reservados.
Actualización: Ya está el resto del informe arriba.
Parte III
Parte IV
Parte V
20 septiembre 2007
Reíte de Rial
A través de una carta documento, Canal 12 intimó a Canal 10 y a la productora ZUR Infotainment a no hacer uso "de la imagen de los señores Martin Sarthou y Eunice Castro", a raíz de una promoción del programa Mundo Cruel en la que se anunciaban imágenes exclusivas del reciente viaje de la parejita a Río de Janeiro. La noticia - que ya circulaba en algunas redacciones -, fue dada a conocer por el informativo de Canal 10 en su resumen final, algo que le vino al pelo al conductor de Mundo Cruel, Orlando Pettinati, para reeditar sus eternos (pésimos) chistes de Malos Pensamientos en televisión, provocando la misma gracia que causa por radio, o sea: ninguna. Primero apeló al vetusto recurso de la falsa seriedad para relatar lo que había pasado y mandarle "un par de mensajes" a Canal 12, que por supuesto remató con comentarios carentes de humor pero muy celebrados por toda la claque de imbéciles que tiene alrededor. Mientras mostraba el escrito enviado por Canal 12, explicó que se trataba de una carta documento y mirando serio a la cámara agregó: "esto es muy común en la televisión argentina, no acá. Que pasen televisión argentina no quiere decir que lo sean". ¡Chan! Refrésquenme la memoria. ¿Este no es el mismo conductor que en dos de sus cuatro programas emitidos hasta ahora ya entrevistó a Luis Ventura y Graciela Alfano y su marido? ¿O es el que imita a la perfección el formato del programa a cargo de (oh, casualidad) Roberto Pettinato?Si bien Martín Sarthou ya había intimado a Canal 10 y a ZUR en junio pasado, el trasfondo de la situación esta vez es otro. En aquel entonces, Sarthou estaba un tanto harto de que "Bendita TV" (otro de los programas de la productora) le tomara el pelo semanalmente, más que nada por su relación con Eunice Castro. Convengamos que el periodista tampoco colaboraba demasiado: sus llamados telefónicos al aire al programa conducido por su mujer o desearle una pronta recuperación a su suegra enferma en medio del informativo de última hora son cosas que sin duda se prestan para esto. Pero esta vez la cuestión es distinta. No son ni Sarthou ni Castro quienes intiman sino el canal que los tiene contratados, lo que hablaría más que bien de la capacidad de Martín Sarthou para saber qué escritorios hay que golpear para conseguir ahorrar en abogados.
La semana pasada, la tapa de la edición local de la revista Caras mostraba a los tortolitos de luna de miel "adelantada" en Río de Janeiro, anunciando sus planes matrimoniales. Este tipo de notas son un clásico de la revista argentina, que en 15 años de existencia ha bancado cientos de viajes como este, con el único objetivo de conseguir "la exclusiva". Es de suponer que, dada la nula farándula autóctona, quienes están al frente de Caras Uruguay consideren que una "exclusiva" de Sarthou y Castro sea lo más arriba que pueden llegar y así justifiquen una pequeña inversión que se verá compensada por la enorme cantidad de revistas que venderán. Ese habría sido el razonamiento de Marcos Grolero, ex relacionista público del Hotel Conrad y actual encargado de la versión uruguaya de la revista. Grolero logró la "exclusiva", pagó el viaje y todos los gastos, además de filmar imágenes de la producción fotográfica de la pareja y algunas de las salidas que compartieron. Al día siguiente de la salida de Caras, Eunice y Martín volvían a contarnos qué tan enamorados estaban pero desde las páginas de Galería, sin viaje gratis de por medio, lo que provocó una calentura mayúscula de Grolero, que en un acto de genuina generosidad decidió donar a ZUR todo el material fílmico obtenido en Brasil.
PD: Y no, no hay ningún video porno.
12 julio 2007
Pacatos
Canal 10 comenzará a transmitir en breve la miniserie colombiana Sin tetas no hay paraíso. Al parecer, los programadores del autodenominado "canal uruguayo" adhieren a la escuela de Victoria Rodríguez y reemplazaron tetas por pechos. Mostrarlas sí, mencionarlas jamás.27 abril 2006
Sociales
Tal como adelantara aceprax, Canal 10 presentó su programación 2006 con una fiesta en el Hipódromo de Maroñas a la que la mayoría de los conductores concurrieron vestidos de negro, por pedido expreso de la dirección del canal.Al entrar a la fiesta, cada uno de los 500 asistentes era invitado a colocarse una pulsera de color a elección entre seis opciones disponibles. El por qué se reveló un poco más tarde: la gran atracción de la noche sería una carrera de 6 caballos, cada uno marcado con un color diferente. Los dueños de la pulsera correspondiente al color del animalito que llegara primero a la meta participarían del sorteo de un Chevrolet Celta 0 km. Ganó el color gris y el auto se lo llevó un ignoto invitado. Ante su desconcierto acerca de qué hacer con el coche, desde el escenario, Humberto de Vargas le explicó que tenía que llevárselo para su casa. Obvio, no lo va a dejar ahí, pensarán ustedes pero resulta que el auto no estaba empadronado. El inocente invitado le gritó que no tenía chapas a lo que Humbertito respondió textualmente "Eso es problema tuyo, lo tenés que sacar. Acá no lo podemos dejar". Pero el gris no fue el único color ganador: todos los demás también tenían premio, de acuerdo a la posición en que había llegado cada caballo. Así, varios afortunados se retiraron de la fiesta con un vale por un televisor Punktal de 21 pulgadas y el premio consuelo para los rezagados fueron barras de chocolate envueltas papel con el logo del canal, botellas de vino y libros.
Además de la considerable cantidad de premios, Canal 10 agasajó a sus invitados en un salón ambientado por Nelson Mancebo y repleto de enormes reproducciones de imágenes de la historia de la emisora. Para que no se quedaran con hambre, dispusieron tres enormes paelleras de aproximadamente metro y medio de diámetro, sumadas a numerosos quioscos que proveían seis tipos diferentes de pasta y otro tanto de salseados, además de pizzetas elaboradas en varios hornos industriales distribuídos por el salón. Todo esto regado con refrescos y alcoholes varios.
Una fiesta cuyo presupuesto no debe haber bajado de los 70 mil dólares (incluyendo el Celtita). Pero no los juzguen mal: fueron vestidos de luto.Ustedes, tontos que hicieron su donación al engendro de programa creado para recaudar fondos "para la gente de Young": jódanse, nabos.
04 abril 2006
Sotelo, Carozo y Narizota
Hoy Dicho y Hecho emitió un informe acerca de la presencia policial sobre la avenida 18 de julio. Uno de los integrantes del programa realizó una exhaustiva investigación sobre el tema. Recorrió las dos cuadras y media que van desde Yaguarón hasta la Plaza Cagancha y luego volvió a hacer lo mismo pero en la vereda contraria. Como en su recorrido de 5 cuadras, solamente se cruzó con un policía uniformado, llegó a la incuestionable conclusión de que en 18 de julio no hay la suficiente vigilancia policial. ¿Nadie le habló de los policías de civil?
30 marzo 2006
Cola de paja
Canal 10 está anunciando para el próximo domingo un programa especial destinado a recaudar fondos para la gente de Young. Es indignante que el mismo canal que no supo tomar los recaudos necesarios para que 8 personas no terminaran aplastadas por una locomotora, sea ahora capaz de salir a pedirle al "solidario pueblo uruguayo" que done dinero para paliar un poco la cagada que se mandaron. Más obsceno será el programa del domingo, que probablemente conducirá un lloroso Humberto de Vargas que no hará otra cosa que lamentarse por la desgracia ocurrida. Y más indecente será el resultado del programa, que rozará el melodrama teletonesco y obtendrá una interesante suma de dinero donado por cientos de personas conmovidas hasta el tuétano, incapaces de advertir que Canal 10 es el principal responsable de todo este asunto. El "accidente" está siendo investigado y quizás hasta se encuentre algún culpable. Si esto no resulta en lo penal, derivará en alguna demanda civil. Entonces la gente del canal no tiene mejor idea que hacer un programa para recaudar guita a costa de los demás, porque ellos son incapaces de salir a poner un mango y se cubren haciendo un programa pedorro para juntar unos mango a costa del sacrificio ajeno. Asco.
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