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25 junio 2008

El nuevo periodismo (uruguayo)

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Sí, soy un chanta. En lugar de generar un texto específico para esta ocasión, decidí autoplagiarme, y citar un viejo texto de mi blog. Más allá del pelotudismo, hay una excusa que justifica mi decisión: homenajear a cursos para/lelos, como una suerte de ombusman de los consumidores de medios. Y también, buscar hacer calentar media neurona a la inmensa cantidad de oligofrénicos que salen de las carreras de comunicación, entre los que me incluyo.
Salute, y aguante Unión Atlética (Gaviota, no existís).



Mediocres precavidos
Hay una frase que se repite, por parte de tantos y tantos egresados de comunicación de las hermosas instituciones de enseñanza terciaria: "no hago periodismo de periodistas". Primer grave error: en todo caso, al menos digan “periodismo sobre (lo que hacen otros) periodistas”. Evítense el papelón y aprendan gramática, analfabetos. Pero lo lamentable es que repiten su afirmación como si fuera una verdad absoluta, como si fuera tan cierto, que no necesita demostración. Para ellos, es un axioma. Y me hincha la punta de la japi. El que no quiere que los periodistas sean considerados plausibles de ser protagonistas de información, es el que tiene miedo de equivocarse y quedar pegado en el futuro. Es el que tiene cola de paja o el que tiene mala leche. Son protagonistas de un corporativismo estúpido. Me hacen acordar a los que hablan de “códigos”. Los “códigos” del fútbol, los “códigos polítios”, los de carnaval y todos los que se les ocurran, jamás ayudan a quien hace las cosas bien. Siempre están para cobijar al que metió la pata. “No lo prendas fuego, tené códigos”. A ver: si un periodista no dice que otro cometió un plagio o que un medio mintió ¿no está ocultando algo importante a sus lectores / oyentes / televidentes? ¿No es importante para la población de un país estar al tanto de la calidad de los medios que consume?


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23 junio 2008

Demandá que es gratis

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O yo estoy demasiado atenta al tema, o realmente rompe los ojos. En los últimos meses hubo varios casos de periodistas y comunicadores que se enfrentaron (o se enfrentan) a juicios por “difamación e injurias”. Cuando Daniela me invitó a participar en Cursos (y espero que con esto me pase a mejor vida), se me ocurrió escribir al respecto. Buscando más información sobre los casos en cuestión, me encontré con otros que no conocía, que no tuvieron repercusiones en los medios.



Quizá todos recordamos a Ana María Mizrahi, periodista de Canal 5, soportando los caprichos de Celeste Álvarez, sobrina del Goyo. “La Turca” entrevistó al ex tupamaro, José Luis Rodríguez, que acusó de asesino a Artigas Álvarez (padre de Celeste). La niña se sintió ofendida, y ¿qué hizo? Denunció a Mizrahi. No se quejó de Rodríguez, sino de Mizrahi. Lo que pretendía la sobrina del Goyo era que la periodista “detuviera” los dichos del entrevistado, a lo que Mizrahi respondió: “Yo no voy a censurar”. Parece lógico ¿no? Digo, la parte en que el periodista se ocupa de hacer preguntas.

La etapa del juicio es muy pintoresca, allí se sumaron la carencias de la justicia (como no saber hacer funcionar un dvd para ver la entrevista), la falta de respeto por parte de la fiscal Brenda Puppo (que olvidó apagar el celular e hizo retirar a los camarógrafos y fotógrafos de la sala, a pesar de ser una audiencia pública) y la evidente desinformación de la fiscal, que no sabía cómo se llamaba el programa de la Turca en Canal 5 (se llama “La noticia y su contexto”, Brenda). ¿Desde cuándo un periodista tiene que explicar por qué le pareció noticioso el tema a tratar, por qué eligió ese invitado, por qué pregunta tal o cuál cosa, o si conocía de antemano las respuestas del entrevistado?

En 2006, la Suprema Corte de Justicia condenó al periodista Carlos Dogliani a cinco meses de cárcel. El motivo: difamación al entonces intendente de Paysandú, Álvaro Lamas. En varios de sus artículos del año 2004, Dogliani lo acusó “la dudosa exoneración del impuesto sobre una deuda de 300.000 dólares, contraída en una inversión inmobiliaria”, como indicó Reporteros Sin Fronteras. Cuando un periodista debe demostrar la veracidad de sus dichos, pero no puede revelar fuentes: ¿qué hace? ¿Va preso?

Roger Rodríguez es uno de los pocos periodistas que investigó a fondo los crímenes de la Dictadura. Tres publicaciones suyas involucraban al militar retirado Eduardo “Zapato” Mangini en la muerte del estudiante Santiago Rodríguez Muela, ocurrida en 1972 en el liceo nº8. Esto derivó en que el “Zapato” Mangini lo acusara por difamación e injurias. ¿Cómo falló la justicia? “No hubo intención de difamar sino de informar”. Coincido con Marcelo Jelen en que “el periodista Roger Rodríguez tiene muy mala suerte o las leyes vigentes ahora en Uruguay funcionan igual que en la dictadura, 23 años después de la restauración democrática, si de libertad de expresión y búsqueda de la verdad se trata”.

Parece ser una moda, que posibles y confirmados violadores o asesinos ocupen su tiempo (y se ganen unos minutos en televisión) en denunciar a comunicadores. No hace mucho, le tocó el turno al ya difunto programa de Canal 10, La Culpa es Nuestra. El conocido Pablo Goncálvez (conocido por asesinar a tres mujeres y por aún declararse inocente) reclama cuatro millones de pesos por parte de los responsables del programa (Gonzalo Cammarota, Jorge Piñeyrúa y Carlos Tanco, aclaremos, no en su calidad de Darwin Desbocatti). El “problema” fue que Tanco hizo un informe sobre el hacinamiento carcelario, los presos “vip” y la posibilidad de una revista “Caras” para los muchachos privados de libertad. Las imágenes mostraban cómo se amontonarían, y el que aparecía primero (es decir, atrás) era Goncálvez. El serial killer, como se cuenta acá, debe tener una imaginación bastante desarrollada, ya que asumió que ese informe lo mostraba teniendo un acercamiento sexual con el resto de los personajes del informe. Además de tener una imaginación desarrollada, tiene una la web oficial tan bizarra como la situación de que se sienta ofendido ante un informe humorístico de televisión. Sí, porque el tape “perjudicó moralmente” a Goncálvez, su esposa y su hija de un año de edad, según dijo el abogado de los denunciantes, Hugo Granucci (sí, el que fue director de OSE y lo procesaron por irregularidades). Cuando esa nena crezca, ¿la señalarán por la calle porque Tanco hizo un informe sobre su papá? ¿O le van a gritar que es una hija de asesino?

¿Más casos?

Federico Gyurkovits escribió en Caras y Caretas sobre irregularidades en Cárcel Central como intentos de fuga, denuncias de coimas y amenazas de muerte; pero los involucrados (entre ellos “El Cotorra Loca”) se sintieron ofendidos. ¿Qué hicieron? Denunciaron.

El capitán de la Armada Jorge Jaunsolo, le inició una denuncia al diario La República por difamación e injurias, cuando allí se transcribió una entrevista al contraalmirante Oscar Lebel. Sí, sí, por transcribir una entrevista. El que la ligó fue Fasano, que quedó como único acusado, aunque la entrevista tenía autor y no era Fasano, sino el periodista Santiago Tricánico.

Pueblo chico, infierno grande: los casos del interior no tienen divulgación mediática, a no ser por los inexpresivos y austeros comunicados de APU (Asociación de la Prensa Uruguaya). Ejemplo uno, Cerro Largo: cinco meses de prisión para una periodista por difamación, que hizo una nota sobre el maltrato de un policía a su hijo (sin identificar al agresor). Ejemplo dos, Colonia: cuatro meses de prisión para un periodista que no tuvo la oportunidad de defenderse ni de probar la veracidad de sus dichos.

Hace muy poquitos días, APU elaboró un proyecto de ley que contó con visto bueno del gobierno, y va a pasar a estudio del Parlamento, como bien se explica en este blog; y no en este portal de noticias, donde se indica que “una de los cambios importantes que trae la nueva ley es que será considerara la veracidad de lo publicado para la evaluación de las denuncias. Hasta el momento la Justicia no ponía en consideración si lo publicado era verdad o no, para evaluar la constitución del delito de ‘difamación e injurias’.”

En algunos de los casos que nombré, los demandantes pedían la detención y la privación de la libertad para el periodista. En otros, se pide una determinada suma de dinero. Yo me pregunto, ¿el denunciante cómo determina cuánto dinero debe recibir? ¿Hacerse acreedor de ese monto, le limpia el honor, lo deja dormir tranquilo?

Hay un recurso que está dentro de la ley de prensa que se llama Derecho a Respuesta, y consiste en que si alguien se siente ofendido o agraviado (¡Hola! ¡Difamación e Injurias!) puede solicitar ese mismo espacio para defenderse. En caso de un diario o revista, el medio deberá proporcionar al difamado el mismo tamaño de la nota en cuestión; y de ser un programa radial o televisivo, la misma cantidad de minutos al aire. “…
Sin perjuicio de las penas y responsabilidad civil a que pueda dar lugar la publicación, noticia o información que provoca la respuesta”, termina el artículo 7 de la ley 16.099. O sea que luego de utilizado el Derecho a Respuesta, quien se haya sentido agraviado puede continuar con el trámite y pedir la prisión para el periodista. Pero antes, si lo que está buscando es limpiar su nombre, ¿no sería bueno aclarar los errores del comunicador al aire?

Como dicen en este artículo: “En los últimos meses, a juzgar por expresiones de algunos integrantes del gobierno, de representantes sindicales y de otras organizaciones, la culpa de los males de este país la tienen los periodistas. Es decir, se invierten los papeles, e informar -derecho que está consagrado en la Constitución de la República- termina siendo un delito. Claro, siempre es más fácil, cómodo e hipócrita matar al mensajero”.Mi última pregunta: ¿voy a poder trabajar tranquila?

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23 noviembre 2007

El eterno chivo expiatorio

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Svetlana era rusa y había emigrado hacía unos años a España, donde conoció a Ricardo, a quien terminó abandonando por malos tratos. A Ricardo no se le ocurrió mejor idea que ir a un programa de televisión para mostrarse arrepentido y proponerle matrimonio en cámara. Ricardo había sido sentenciado a 11 meses de cárcel y dos años de alejamiento, pero parece ser que no se lo notificaron a tiempo. Svetlana le dijo que no ante cientos de miles de televidentes y una semana después Ricardo la degolló. El caso provocó que media España se pusiera con los tapones de punta hacia este tipo de programas que afortunadamente han desaparecido de la televisión regional, aunque supieron hacerse un lugar en algún momento. Programas a los cuales acuden todos aquellos que pretenden sus 15 minutos de fama y que Hernán Casciari describe con precisión: "Madre abandónica que hace mil años no ve a su hijito, que ahora es grandote; gordita murciana que chatea con chico peruano y no sabe que él está escondido entre bambalinas; vecina guarra con diez gatos que desconoce la presencia de todos sus otros vecinos enfadados; chico cornudo que viene a perdonar a novia putarrona sin que ella lo sepa; cuarentona divorciada y teñida que quiere cita a ciegas con telespectador solitario; señor echado de casa a patadas que ahora quiere volver con promesas de cambiar y ser mejor esposo; etcétera". Digamos que en términos comparativos, casi que ni deberíamos preocuparnos por la presencia de Tinelli y agradecer la ausencia de semejante fauna.

El problema es que en España, a raíz del caso de Svetlana, los bobos que nunca faltan empezaron a protestar por la emisión de esta clase de programas. Y a la cabeza de esos bobos se encuentran, como no podía ser de otra manera, las dirigentes de asociaciones (estatales o no) contra la violencia doméstica. España es un país que, en cuanto a su ambigüedad moral, nunca se termina de comprender. Toda la movida/destape de principios de los 80 se da de cabeza contra cierta intolerancia malentendida en la actualidad. Hay otra excelente entrada de Casciari en la que hace un resumen de la censura que han sufrido algunas publicidades en la televisión española, sólo porque un muy reducido número de personas se han sentido ofendidas de alguna manera. Entre ellas, todas las feministas, que han logrado que las publicidades del desodorante Axe no lleguen a emitirse más que un par de días porque siempre alguna protesta, la cadena teme una denuncia estúpida ante un juez idem y la fundamentalista consigue su objetivo. Está bien, las publicidades son algo misóginas, pero es el juego del marketing.

Pero claro, acá hay un asesinato y además, un programa pedorro (El Diario de Patricia), una conductora (Patricia Gaztañaga), una productora (Boomerang TV) y una cadena privada de televisión (Antena 3).Y del otro lado están: una delegada especial del Gobierno contra la violencia sobre la mujer (Encarnación Orozco), la presidenta de la Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas (Ana María Pérez del Campo), la secretaria de Mujer en Comisiones Obreras (Pilar Morales) y la presidenta del Observatorio de la Mujer del Consejo General del Poder Judicial (Montserrat Comas) y una treintena de colectivos feministas.

Orozco declaró que "no se puede mediar en situaciones de violencia machista, ya que están basadas en relaciones desiguales en las que no cabe mediación. La superación de dificultades por parte de las maltratadas para romper estas relaciones se ve truncada de pronto porque un programa de televisión facilita al agresor una nueva posibilidad de dominar a su víctima".

Por su parte, Pilar Morales manifestó que "no es adecuado intervenir de mediadores ante casos de separación o rechazo de las mujeres a sus parejas. Eso debe tramitarse en los juzgados y no forzar situaciones no deseadas para mujeres que se enfrentan a procesos dolorosos".

Varias asociaciones feministas, Pérez del Campo y Comas fueron más allá. Todas reclamaron que Antena 3 pida disculpas públicamente "por su frivolidad y su falta de responsabilidad". Incluso Comas afirmó que el programa podría incurrir en "responsabilidad civil por daños en el derecho de imagen y del honor de las personas".

El caso de Svetlana no es el primero con estas características. De diez años a esta parte, ya son cinco las mujeres asesinadas por sus parejas después de haber protagonizado algún segmento televisivo, ya sea para reconciliarse o denunciarlos. Según una nota de El País de Madrid, tampoco es la primera vez que El Diario de Patricia está involucrado en una situación similar: en 2004, Teodora perdonó ante las cámaras a otro Ricardo por sus infidelidades y unas semanas después apareció muerta en la valija de un auto. Siete años antes, una mujer de 60 años fue a la televisión a contar cómo había sido maltratada durante décadas por su marido, de quien llevaba separada un año. Semanas después, su ex marido la prendió fuego en la puerta de su casa. Durante los dos años siguientes, se produjeron otros dos casos cuya única diferencia fue el modo en que fueron asesinadas.

Boomerang TV aseguró que su equipo de producción nada sabía de los antecedentes de la relación de Svetlana y Ricardo. No porque no hayan intentado averiguarlo sino porque supuestamente, ambos ocultaron la información. De acuerdo a la productora, a los participantes se les pregunta "absolutamente todo". En este caso en particular, alegan que después de haber sido contactados por Ricardo, llamaron a Svetlana para decirle que "alguien" muy cercano quería enviarle un mensaje. Según Baldomero Limón, director de programas de Boomerang TV, "ella pensó que podía tratarse de algún familiar de Rusia, pero también barajó que pudiera ser su ex pareja" y que cuando se lo plantearon como una de las posibilidades, "no dijo que le pareciera mal".

De acuerdo a Limón, se le preguntó si había alguien a quien no quisiera ver y ella respondió que no, aunque la cara de terror de la rusa en el video deja algunas dudas sobre la veracidad de todo el argumento de la productora. El director de programas explicó que los participantes "tienen que responder si tienen causas pendientes con la justicia, si han sido maltratados física o psicológicamente por alguien, aunque sea de forma leve, y también preguntamos si existe alguna orden de alejamiento que deban respetar o si son ellos los protegidos con una medida de este tipo" y que ambos respondieron que no a todo. Limón agrega que "Svetlana contó incluso que tenía un hijo, y dijo que para asistir al programa lo podía dejar con su ex pareja" y que "todos los indicios apuntaban a una relación normal entre ellos" ya que, además, luego del programa ambos se retiraron juntos del set con el hijo de ella.

La cuota de sentido común la aporta un médico forense, Miguel Lorente, quien explica que las mujeres "no mueren por haber salido en televisión, sino asesinadas por violentos" y añade que entiende que "después de poner varias denuncias y sentirse desprotegidas, las mujeres vayan a un programa" aunque aclara que no lo recomienda, ya que "en muchos espacios se trivializa la violencia" y es el Estado el que debe "lograr que se sientan seguras".

Ese es el nudo de toda la cuestión. Es contra el Estado que deberían protestar estas pseudo luchadoras contra la violencia de género que minimizan la cuestión al punto de responsabilizar a un programa de televisión de los actos de un psicópata. Semejante ingenuidad se entendería si esta fuera la primera vez que ocurre un hecho de estas características, pero ya es el quinto y hasta ahora nadie les reprochó haberse quedado quietas cuando ocurrieron los cuatro anteriores. Exceptuando los casos de Svetlana y Teodora, las otras tres fueron a la televisión a contar cómo sus parejas las habían maltratado física y psicológicamente durante un tiempo interesante y nadie movió un pelo para denunciar a estos enfermitos. Es de suponer que si una mujer está dispuesta a contar -con toda la humillación que esto implica- hasta qué punto llegaban los malos tratos frente a miles de personas, es que ya pasó por alguna instancia legal o tiene serias intenciones de hacerlo. Frente a eso, hay que tomar medidas y ahí, discúlpenme señoras feministas, la televisión no tiene nada que hacer, salvo funcionar como herramienta de mejora. Dejémonos de pavadas: la televisión, como medio de difusión, no es mala y hay cientos de ejemplos que lo demuestran. El problema es con qué fines se utiliza. No hay que demonizar a sus dueños por intentar conseguir un par de puntos más de rating (y por ende, más anunciantes). Es su negocio y está claro que ninguno de ellos quiere ser recordado como el responsable de una muerte (salvo Canal 10, claro). Nadie pone en duda que sean unos programas de mierda, pero lo que realmente debería cuestionarse es por qué, más allá de la posible egolatría, alguien prefiere contar su historia en televisión antes que en una comisaría o un juzgado.


Fuentes:
"Sociópatas en el sofá" (Espoiler)
"¿Hay alguien a quien no quieras ver?" (El País)
"Exigen a Antena 3 que se disculpe (...)" (Cadenaser.com)
"El Gobierno rechaza que agresores y víctimas se reúnan en televisión" (La Voz de Galicia)

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26 septiembre 2007

En busca del 6 de setiembre

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Las declaraciones del asesor comunicacional de Antel, Michel Visillac, volvieron a poner en evidencia la paranoia gubernamental con respecto a la prensa. En una entrevista publicada el viernes pasado por el suplemento El Empresario del diario El País, Visillac manifestó aquello que todos siempre sospechamos pero nadie había confirmado públicamente: la publicidad oficial es un premio que se le da al medio que habla bien del gobierno (o sus entes) y se le niega a aquellos que osen criticarlo.


En el reportaje, el publicista declaró que "si en un programa de TV están hablando mal de Antel y están atacando a la empresa, no puede aparecer en la tanda de ese programa (...) Me puede pasar lo mismo en un diario cuando un editorial habla mal de la empresa y en la siguiente página hay un aviso entero". Según publicó El País al día siguiente, Visillac se comunicó con la redacción en la tarde del viernes y "ratificó sus declaraciones" aunque cuestionó el título de la nota ("Antel no pautará donde la critiquen") ya que "no era una frase textual suya". Visillac tenía razón y el diario admitió que "se tituló con una cita indirecta", pero como no estaban tan dispuestos a dejarse torcer el brazo, aclararon que la misma "reflejó fielmente el contenido y tono de sus declaraciones". El País se equivocó fiero al titular con palabras que jamás salieron de la boca de
Visillac, aunque se infieran de sus declaraciones. Pero también se equivocó (o no tanto) el asesor al decir lo que dijo al principal medio opositor al gobierno que, extrañamente, tuvo algo de escrúpulos como para no ponerlo como título principal de tapa y limitarse a una pastilla (eso sí, en el ángulo superior izquierdo).

Si bien en un principio podría creerse que las habilidades comunicacionales de Visillac son algo dudosas, el griterío que vino después quizás demuestra que sabía muy bien lo que estaba haciendo. Desde el día en que Tabaré Vázquez cometió la torpeza de nombrar a todos los medios que consideraba "opositores sistemáticos", su gobierno siempre ha hecho pública la sospecha de que existe una "campaña" en su contra por parte de la prensa. Ya sea por la investigación sobre los casinos (que aunque sean municipales hace más de 15 años que están en manos del partido), pasando por una supuesta idea de disover las Cámaras en caso de aprobar la legalización del aborto, hasta una "malinterpretación" de los dichos del presidente respecto a la desmonopolización de Antel, todo viene bien para denunciar presuntos complots que muchas veces no son tales. Hasta la primera dama aludió hace unos meses a la minimización periodística de los logros del gobierno, algo que parece ser una constante a la hora de quejarse sobre los grandes espacios que algunos medios dedican a lo negativo y los escasos que ofrecen para lo contrario. O al decir de Visillac: "No me "ningunees" cuando tenga una noticia importante para dar y me sacás una breve". Al parecer, Visillac considera que la eliminación de la tarifa de larga distancia nacional en un país cuyos puntos fronterizos más alejados apenas superan los 500 kilómetros, es igual de trascendente que el conflicto de los guardahilos.

Como no podía ser de otra manera, después de las declaraciones del asesor, el Partido Nacional salió al cruce a través de su diputado Pablo Abdala, quien "resolvió cursar un pedido de informes (y van...) al directorio de Antel por estas declaraciones y luego convocarlo a la comisión de Industria de la Cámara de Diputados para que explique los criterios de adjudicación de publicidad en los medios", tal como informó El País. También dio su versión Edgardo Carvalho, vicepresidente de Antel, quien lógicamente aclaró que el ente no asigna publicidad "según la opinión política de los medios" y que la de Visillac era "una opinión personal que no compromete en absoluto la opinión del directorio". Uno no puede más que sentir cierta ternura ante la torpe política en materia de comunicación de este gobierno, que parece tener algún que otro problema para encontrar asesores que sepan cuándo callarse la boca.

Pero tampoco el gobierno debería preocuparse demasiado por este asunto, ya que cuenta con dos aguerridos periodistas que harán todo lo que esté a su alcance para defender cada una de sus políticas. Uno de ellos es el ex asesor presidencial Esteban Valenti, quien en su columna del lunes en La República pretendió justificar a Visillac diciendo que "si el funcionario del área afirma que si un medio de prensa ataca a Antel no considera conveniente dilapidar el dinero público que se invierte en publicidad de Antel, en medios y en momentos que atacan a esa empresa, en realidad está defendiendo nuestros dineros, nuestra empresa y lo sustenta con un mínimo de criterio profesional". Al final resulta que todavía va a haber que darles las gracias. El otro defensor a ultranza de cuanta macacada haga el gobierno o alguno de sus integrantes, es nuestro estimado Federico Fasano, viejo amigo de la casa y director de La República. Casualmente, cuando el viernes 21 El empresario publicó la entrevista a Visillac, FF nos dormía un rato con ¿El gobierno comunica mal?, una columna dedicada a la política comunicacional actual, en la que menciona a su "multimedio plural" como uno de los pocos medios con los que cuenta "la cultura del cambio". En su lista también están Brecha, Caras y Caretas, Voces del Frente y La Diaria, además de "un puñadito de programas de radio y televisión". El resto, todo oposición. Qué jodida está la cosa.

Pero por suerte está Fasano para cambiar el panorama y publicar en la tapa del domingo que el título de El País era "falso", calificando el hecho como una "Campaña de la derecha contra Michel Visillac" y titular adentro con "Nueva ofensiva mediática contra Antel". ¿No será mucho? Parece que no, ya que según consigna la nota, "varios operadores políticos coincidieron en definir esto como 'una nueva operación política contra el Ejecutivo'". Parece que todos esos operadores políticos sin nombre afirmaron al unísono que "estos medios inventan un título priorizando sus compromisos e intereses políticos por encima de su deber de informar con veracidad y objetividad".


Si de veracidad y objetividad se trata, habría que contar cómo empezó todo. A principios de este mes, Visillac fue consultado por La República, a raíz de un reclamo público de la Asociación Uruguaya de Agencias de Publicidad (AUDAP) sobre algunos de los requisitos del pliego de condiciones de un llamado a licitación realizado por Antel, con el fin de seleccionar a la agencia a cargo de su cuenta publicitaria. En la entrevista publicada el 6 de setiembre, el publicista defiende las exigencias del pliego y al ser consultado sobre si es Antel o la agencia quien determina la estrategia de medios, responde: "Las estrategias creativas y de medios se manejan con cautela pero con inteligencia, siempre fundamentados en estudios y mediciones y asesorados por la agencia. Hoy estamos estudiando muy bien dónde pautar, ya que muchos medios han encarado una campaña muy dura contra Antel, y sabemos que es perjudicial para nuestra imagen marcar presencia en un medio que te ataca o que favorece siempre a la competencia y a nosotros' nos ningunea. Eso es algo que se debe evaluar en todos los organismos públicos y no se realiza". Esto, que no tiene nada que envidiarle -incluso es superior- a lo declarado el viernes pasado, no tuvo repercusión en ninguno de los otros medios nacionales. Fue justamente esa declaración la que le supo recordar el periodista de El empresario( "Usted dijo a La República que Antel no pautará en medios que la "ninguneen...") y conseguir que Visillac repitiera casi lo mismo que dos semanas atrás.

Pero hablábamos de veracidad y objetividad, algo de lo que Fasano presume constantemente pero jamás supo tener. De otra manera no se explica por qué es imposible conseguir la entrevista a Visillac en la página de La República. No se molesten en usar el buscador. No aparece. Tampoco intenten poner la dirección correspondiente a ese día en la barra del navegador. Remite al día anterior. Y menos que menos se les ocurra indagar en el archivo. El 6 de setiembre no existe. Fasano tampoco.

Como posdata, vaya un extracto de la columna de Jelen publicada en la diaria de ayer, al respecto de todo esto: "Para que cumpla con sus objetivos comerciales, la publicidad de una empresa debe figurar en medios que abarquen la mayor cantidad de posibles clientes, de acuerdo con mediciones de audiencia y encuestas de consumidores. Si una empresa, pública o privada, retira su pauta de un diario, una radio o un canal de televisión porque cree que ese medio la critica, deja a una porción del público a merced de un único mensaje: el que la menoscaba. Este mecanismo no representa ningún beneficio comercial. Constituye, más bien, una represalia. Sin embargo, es habitual que las empresas lo apliquen, aunque el periodista estadounidense Joseph Pulitzer constató, ya en el siglo XIX, que los anunciantes suelen regresar, tarde o temprano, al periódico del que retiran sus avisos por discrepancias con la información que publica. El cerebro acostumbra a corregir los errores que otros órganos cometen".

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22 septiembre 2007

Anestesistas S.A.

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Nota de tapa de Caras y Caretas del 21 de setiembre.


Los camioneros del CURARE
Las renuncias efectivizadas por 57 de los anestesistas del Hospital Pereira Rosell provocaron la puesta en marcha de un plan de contingencia, ideado por el Ministerio de Salud Pública para evitar la omisión de asistencia a los pacientes que se atienden en ese nosocomio, en particular mujeres y niños.

Por Leandro Grille

Ayer a las nueve de la mañana ASSE abrió el llamado para la provisión de cargos de anestesistas con el objetivo de sustituir a los renunciantes, con tres tipos de categorías contractuales: de 96 horas por mes y un salario de 19.872 pesos, 144 horas por 30.432 y 196 horas por 41.616 pesos mensuales. El piso de la retribución en el llamado es de 207 pesos la hora, tal como se acordó en el documento firmado en las negociaciones que se realizaron en el Parlamento. El techo es de 216 pesos.

La corporación de anestesistas, pese a haber dicho que no haría nada contra el llamado, en una contraofensiva singular convocó al resto de los especialistas que trabajan en las demás dependencias de Salud Pública de Montevideo a renunciar solidariamente, porque, según declaraciones de su dirigente José Carlos Vera, el llamado del ministerio "da risa", puesto que en cualquier entidad privada los anestesistas ganan más.

Ayer de tarde, tras las primeras horas de apertura del concurso de oposición y méritos, nadie se había presentado "presencialmente"-valga la redundancia- ante la División Recursos Humanos del Hospital Pereira Rosell, pero llamaban por teléfono de modo de evadir la mirada de la Sociedad de Anestesiología, que en la voz de su presidente José Vera, "quería ver" quién se presentaba.

En conferencia de prensa realizada en la tarde de ayer en el local de la corporación, la Sociedad de Anestesiología anunció que la mayoría de los anestesistas de Montevideo renunciaba a partir de la hora 0 del día de hoy a sus cargos en Salud Pública. El gobierno se disponía a decretar nuevamente la esencialidad y a no aceptar las nuevas renuncias por ilegales, dado el marco en el que se producen.

GOLPE BAJO
Los anestesistas no peleaban por la plata, peleaban por las condiciones de trabajo. Así era su discurso en el momento más dramático del conflicto. Casi que peleaban contra un decreto de esencialidad. Su pelea era moral, contra el despotismo ministerial, contra el "revólver en el pecho" que los quería obligar a ir a trabajar. Todo eso era así, hasta ayer. Ayer quedó claro que la pelea, que el conflicto, que las renuncias eran únicamente por la plata. No tenían ni tienen otro objetivo que exigir lo que creen que pueden lograr ahora, que gobierna la izquierda. Más dinero y, por supuesto, que nadie les obligue a cumplir con su horario de trabajo. Antes nunca se habrían atrevido a esto. Jamás.

Su prédica fue mendaz, su reclamo verdadero era inconfesable por su improcedencia en un país pobre, de gente mayoritariamente pobre, de más de 200.000 personas atendidas por un Plan de Emergencia, de más de un millón y medio de personas que ganan menos de 8.000 pesos trabajando el doble o el triple y sin ausentismo ni tarjeteo ni nada.
Transcurrida la mitad del período de gobierno, pocos trabajadores públicos han obtenido mayores incrementos salariales que el personal médico y, entre los médicos, pocos ganan más que los anestésico-quirúrgicos. Su exigencia era impresentable e inatendible, pero lo peor, lo que evidenció el carácter no sindical sino mafioso de la corporación, fue el método: chantajear a la sociedad uruguaya poniendo en vilo la salud de los pobres en un plan concertado para crear la alarma, la preocupación, el miedo de la gente más pobre de Uruguay, empezando por los niños del Pereira y continuando por cada uno de los hospitales públicos.

Si todos o la mayoría de los anestesistas renuncian, no hay plan de contigencia que valga. La esencialidad puede contribuir a aminorar el problema, pero tan sólo mientras pueda durar la esencialidad. Nada es para siempre. La solución de fondo, por más que a la izquierda le pueda costar, es asumir que no estamos ante un gremio o ante una reivindicación gremial legítima sino ante una corporación capaz de soslayar la importancia del derecho a la vida ante sus pretensiones económicas. Ello junto a la excepcional capacidad de extorsión que puede exponer una comunidad profesional bloqueada, imprescindible, y con un cupo de menos de 10 personas por año* para su especialidad en la Escuela de Graduados de la Facultad de Medicina.

LA CORPORACIÓN
Si bien esto nunca pasó en Uruguay, la izquiera mundial tiene mucha experiencia en el poder conspirativo y destructivo de las corporaciones, tanto empresariales como profesionales. Cada uno es capaz de medir la dimensión del daño que puede provocarle a la sociedad si se ausenta o paraliza sus actividades o, llegado el caso, si resuelve no trabajar para el sistema público utilizando como un elemento de negociación o de poder su condición monopólica, en este caso, del conocimiento obtenido en estudios financiados por toda la sociedad.

No hay más anestesistas en Uruguay que los formados en la Universidad de la República. Y, lamentablemente, pese a la gratuidad, en la Universidad todavía no estudia el que quiere sino el que puede, y de los muchos que pueden empezar, muchos menos pueden continuar sus estudios hasta el egreso. Eso convierte a todo universitario en un privilegiado, más allá del derecho que todos tenemos a estudiar y del esfuerzo que ello le implique al estudiante.
Semejante privilegio supone obligaciones legales y morales. La primera obligación de los profesionales universitarios de la salud es no dejar nunca a la sociedad sin asistencia.

Si es controversial en la propia comunidad sanitaria la procedencia de las huelgas médicas, resulta indiscutible que el mecanismo de la renuncia masiva, concertada, que no puede admitir ni siquiera la guardia gremial o la atención excepcional de los casos de urgencia, es, en la práctica, un monumento a la omisión de asistencia. Es mucho más grave que una huelga, es el abandono de la gente a su suerte, imposibilitada de gozar de una atención, ya no digna, mínima. Es un escándalo civil que debería estar previsto en la primera página del código deontológico, una deserción contra el pueblo, una traición dirigida contra los más débiles de nuestra sociedad. Todo porque no les sirve ganar 42.000 pesos por trabajar seis horas al día, pero mucho menos les sirve que esas horas se las exijan efectivamente.

Para resolver el problema de fondo hay que quebrar a la corporación. Si es necesario, abriendo las fronteras a otros médicos más comprometidos con los pobres. Para hacerlo hay que entender que se está ante eso. No ante una sociedad científica y menos ante un gremio. Estamos frente a una corporación, como los camioneros chilenos, pero en lugar de administrar camiones, administran la supresión farmacológica del dolor. Una corporación que -basta hablar con la gente para darse cuenta- ya perdió el conflicto en la sociedad, pero mucho antes perdió la vergüenza, y aún batiéndose en retirada, puede hacerle todavía mucho daño a la gente.

¿Listo?¿Terminaron? Bueno, ahora hagan lo siguiente:
1) Imaginen que esa nota no la escribió Leandro Grille.
2) Dejen de lado la descomunal burrada que habla de un país "de más de un millón y medio de personas que ganan menos de 8.000 pesos trabajando el doble o el triple"
3) Por último, exprímanla bien para eliminar toda la apestosa demagogia que contiene.

Si se siguen los pasos en forma correcta, se obtendrá una idea aproximada de lo que pienso de ese nido de sátrapas roñosos más conocido como Sociedad de Anestesiología.

* El cupo limitado obedece a que la Sociedad de Anestesiología está tan temerosa de que sean demasiados y se le termine el curro, que determina el número de plazas anuales para el ingreso según la cantidad de miembros que se hayan muerto o jubilado durante los 12 meses anteriores.

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17 agosto 2007

De Tucumán a Venezuela (breve pausa vacacional)

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Leyendo Del 1/2, me entero que en Tucumán un grupo de agentes municipales secuestró una muestra de contratapas de la revista Barcelona. Según cuenta el dueño de la librería exhibidora, primero intentaron sobornarlo y ante su negativa, empezaron a arrancar las gigantografías, que cargaron en camionetas que ni siquiera tenían patentes legales. Me resulta difícil transmitir el enorme grado de indignación que me producen esta y algunas otras cuestiones que han sucedido en los últimos días, que no hacen más que darme ganas de transformarme en William Foster por 24 horas nomás. Sólo eso pido: un día de inimputabilidad por emoción violenta o demencia paranoide, para salir con la Itaka y darme un par de gustos.


Podría pensarse que 15 ñoquis idiotas andaban aburridos por las calles de Tucumán y no se les ocurrió mejor idea que pretender coimear a un librero para hacerse con unos pesos para las empanadas. Pero no. Eso sólo lo harían tres o cuatro, pero no 15 juntos. Y no en Tucumán, el reino de Domingo Bussi (Wikipedia debería ahorrar espacio y limitarse a poner reverendísimo hijo de puta), donde esta clase de prácticas -y muchas otras peores- fueron habituales durante años. Es más que obvio que las contratapas de la revista Barcelona están lejos de ser potenciales elementos desestabilizadores de gobierno alguno, aunque es sabido que a la hora de bajar línea, el humor es la mejor excusa para evitar lidiar con juzgados y gente demasiado sensible. El asunto es que los ignorantes no necesitan pretextos sino chivos expiatorios: lo mismo les da Barcelona que una exhibición de acuarelas marinas de la cuñada del líder de la oposición. El objetivo es que se sepa que un grupo de quince personas que dijeron formar parte del gobierno municipal (aunque nunca exhibieron identificación alguna), se robó una exhibición entera, previa solicitud denegada de soborno y encima repartiendo alguna que otra piña. Seguramente no pase nada, más allá de una denuncia del librero y un par de líneas en algún diario.

Porque a la hora de la verdad, últimamente no pasa nada. Mejor dicho: pasan cosas pero no hay consecuencias. Desde hace un tiempo, parece que todos quienes nos gobiernan a nivel regional se han puesto de acuerdo para tomarnos por imbéciles. Para colmo, ya ni siquieran se molestan en inventarnos alguna historia algo creíble sino que se lavan las manos de la manera más impune que se haya visto en las últimas décadas. Por lo menos algunos de sus antecesores tuvieron la delicadeza de endulzarnos con paridades monetarias insostenibles, por lo que durante un buen tiempo no tuvimos tiempo de ver sus cagadas porque estábamos muy ocupados viajando o comprando licuadoras en 12 cuotas.

A la cabeza de esta moda gubernamental se encuentra el presidente argentino, que debo aclarar merece el mayor de mis respetos, por su enorme capacidad para hipnotizar a un pueblo entero que está siendo saqueado por los cuatro costados y aun así elegirá a su mujer como futura presidenta de la Nación. En cuestión de dos meses, se destaparon tres o cuatro tarros que en un país medianamente serio producirían una crisis institucional preocupante (acá, un excelente resumen de Carlos López Matteo, cuándo no), pero no en Argentina. Y el caso de la valija del venezolano es el mejor ejemplo de toda esta cuestión. Chávez y Kirchner dicen que ellos nada tienen que ver, aunque estén involucrados funcionarios y empresarios de ambos gobiernos. Se tiran la pelota uno al otro y de este lado todos miramos, dejándonos tomar por idiotas.

Uruguay también tiene su capítulo en esta historia. Aunque se habló más por el hecho de que el venezolano huyó hacia Miami vía Montevideo, lo cierto es que en el cuestionado vuelo también viajaba Ruth Berhrrenes, que en primera instancia fue identificada como funcionaria de PDVSA en Uruguay. En un principio, la petrolera desmintió la información pero ayer confirmó a El Observador que Berhrrenes acaba de ser nombrada gerente de Relaciones Interinstitucionales de la empresa y se radicará en nuestro país. La pregunta entonces sería por qué PDVSA insiste en hacerle creer a la opinión pública que nada tiene que ver con el asunto, a través de comunicados como este, publicado ayer en todos los diarios nacionales.



Finalmente, no fue la posible invasión venezolana la que me hizo retornar brevemente. Gracias a El Observador, logré darme cuenta que lo mío no era más que paranoia infundada. Dudo que 15 balas les alcance para mucho:


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20 junio 2007

Merienda, almuerzo y cena

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En febrero de este año, el ex senador y ex ministro de Economía, Ignacio De Posadas criticó el -por ese entonces, reciente- Congreso de la Educación de la ANEP organizado por el gobierno, calificándolo de "merienda de negros". El término, que según el Diccionario de la Real Academia Española es de uso figurado y familiar, corresponde a una "confusión y desorden en que nadie se entiende". Cuando el periodista que lo entrevistaba preguntó a qué se refería, De Posadas no contestó. Con la pedantería que lo caracteriza, hizo un comentario irónico acerca de cómo el Frente Amplio "gobierna desde el Palacio Peñarol", en referencia al recinto dónde se celebró el debate educativo. De más está decir que todas las organizaciones anti-discriminación se le vinieron al humo y lo acusaron de racista, oligarca, aristócrata, etc. Para colmo, a De Posadas se le ocurrió terminar su alusión al mencionado lugar pidiendo disculpas y diciendo algo así como "no tengo nada contra los de Peñarol". El ex senador se la pasó justificando su correcto uso del idioma español y aclarando su condición de integracionista ante cualquier micrófono que le metieran por delante, contento por su breve resurrección pública. El caso es que la expresión utilizada por De Posadas generó una mini polémica acerca de si Uruguay es o no un país racista. Hablaron todos lo que creyeron conveniente decir algo y el asunto duró lo que dura cualquier debate acerca de un tema que a este país le ponga los pelos de punta y haga temblar su imagen de pueblo diplomático y civilizado: o sea, tres días. Por aquel entonces, la Dra. María Elena Martínez, directora de Derechos Humanos del Ministerio de Educación y Cultura, habló de la posibilidad de presentar una denuncia penal contra De Posadas, por violar la Ley de lucha contra el racismo.

Bien. Entonces hoy, Cerdos y Pimienta publica un muy buen post comparando unos folletos informativos sobre el SIDA publicados a instancias de vaya a saber uno quién y auspiciados por diferentes organizaciones estatales e internacionales. La mente iluminada que creó los mencionados impresos no tuvo mejor idea que distinguir la información equitativamente: folletos para blancos, folletos para negros. Más allá de la alevosa diferencia de diseño para ambos (temática rasta y dibujos en lugar de fotografías para los "afrodescendientes"), lo interesante es la desigualdad en cuanto a la cantidad de auspiciantes. Los folletos para blancos cuentan con el apoyo de 10 organizaciones, entre ellas el Ministerio de Salud Pública (MSP), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Unicef, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la Red de ONG´s Uruguayas que trabajan con Sida (ROUS), la Comunidad Internacional de Mujeres Viviendo con VIH/SIDA (ICW), la Red de Pacientes del Servicio de Enfermedades Infectocontagiosas y la ANEP-CODICEN. Misteriosamente, los otros sólo cuentan con el apoyo del MSP, la OPS y otro que no se distingue claramente. De la ANEP, ni noticias. ¿Será la Dra. Martínez capaz de insinuar una denuncia penal contra una dependencia ministerial?


Y que conste que esto no es, ni por lejos, una defensa a De Posadas. Juera, bicho.

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31 mayo 2007

Carta abierta

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Estimado diputado Víctor Semproni:
Motiva esta carta el hecho de hacerle saber que, según mi modesta opinión, usted es un verdadero imbécil. Sólo el hecho de poseer una capacidad de razonamiento semejante a la de una ameba puede justificar sus recientes manifestaciones acerca de la no renovación de la licencia a RCTV en Venezuela. Podría cuestionar su público respaldo a la decisión de Hugo Chávez pero lo que me preocupa en mayor medida es que un representante nacional declare abiertamente, pretendiendo hacerlo pasar como un chiste, que "habría que proponer clausurar algunas televisoras de acá también". Sinceramente, no sé qué me indigna más: que un diputado haga (malos) chistes sobre hipotéticas clausuras de medios nacionales o que usted sea tan pero tan idiota como para mencionar la palabra "clausura", término que se han emperrado en no dejar salir de su boca todos aquellos que defienden la medida del demente venezolano. Como si su acto fallido no bastara, encima se da el lujo de opinar que el gobierno debería empezar "a poner condiciones a las televisoras uruguayas (...), porque el elemento fundamental generador de violencia de la sociedad parte de lo que se pasa en los televisores". Disculpe si la memoria me falla, ¿pero no fue usted el sicópata que pretendió reinstaurar la instrucción militar, aduciendo que "todos los ciudadanos tienen la obligación de saber empuñar las armas"? Hablando en serio, Semproni, ¿de verdad cree que una persona que basó su argumentación en la necesidad de preparar a la población para la defensa del país en caso de guerra, tiene el mínimo derecho a cuestionar el contenido violento que emita un canal de televisión? Cállese la boca, háganos el favor.

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07 mayo 2007

De bueyes perdidos

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El periodista Gerardo Bleier, director del Área de Comunicación de Presidencia de la República, participó esta noche de un debate en la Universidad ORT con motivo del Día Mundial de la Libertad de Prensa. Además de Bleier, el panel estaba conformado por Joel Rosenberg y Alejandro Nogueira como invitados y Leonardo Haberkorn - coordinador académico de periodismo de la universidad - como organizador del evento.
La charla comenzó con una algo extensa alocución de Bleier acerca de la libertad de prensa en Uruguay y sus intenciones (y por ende, las del gobierno actual) en referencia al tema. También hizo referencia a la manoseada reforma del estado (esa de la que todos hablan pero nadie sabe muy bien qué es) que al parecer, también incluye "reglas claras" en cuanto al ejercicio de la libertad de expresión y de prensa. Si bien su afirmación de que el gobierno frenteamplista es el que, en los últimos 25 años, ha ejercido menos presión sobre los medios o periodistas provocó varios gestos de sorpresa en las caras de los presentes, los otros dos participantes confirmaron sus dichos basados en sus experiencias personales.
En medio de alguna de sus múltiples intervenciones, Bleier mencionó al pasar un hecho que en el momento no generó demasiadas reacciones, pero a la hora de las preguntas del público se convirtió en el punto más caliente de la noche. El periodista contó el caso de una colega, afín al Partido Nacional, que trabajaba en una radio del interior de la que fue despedida por su permanente postura crítica al gobierno departamental, en manos del mencionado partido. Luego de su despido, la periodista llamó a Bleier para contarle lo sucedido y acto seguido, Bleier se comunicó con el director de la radio para solicitar, con éxito, la reincorporación de la funcionaria despedida. La anécdota pasó sin demasiada pena ni gloria hasta que casi sobre el final del debate, un colega sugirió que dicha actitud era reprobable. Bleier se mostró sorprendido y se justificó diciendo algo así como que mientras estuviera a su alcance, ningún periodista sería despedido a causa de sus opiniones. Venía bien hasta que alguien le recordó que era un funcionario presidencial y que lo que él veía como su buena acción del día, otros podrían interpretarlo como un acto de presión de esos que una hora antes había aclarado que no tenía este gobierno. Pero la mejor parte llegó cuando una estudiante le manifestó su desconfianza acerca de cuán claras serían las reglas que pretendía imponer si él era el primero en corromperlas. Esta última palabra, que la estudiante pronunció en forma casi inaudible seguramente porque anticipó la respuesta, provocó que Bleier levantara su tono de voz monocorde y prácticamente le gritara que "de ninguna manera" iba a permitir que lo llamara corrupto. Las caras de sorpresa volvieron a aparecer acompañadas de alguna que otra risa por lo bajo, hasta que Bleier bajó las revoluciones y solicitó disculpas aduciendo que la sola mención de la palabra "corrupción" lo sacaba de sus casillas. Acto seguido comenzó una breve discusión gramatical entre los asistentes acerca del uso del verbo corromper, a la que Hugo Machín supo darle sabio final con un chiste de esos que le salen tan bien. Los cuestionamientos continuaron cuando el periodista Sergio Israel echó más leña al fuego al manifestarle que el error era aun más grave pensando que se trataba de un funcionario de un gobierno frenteamplista solicitando la reincorporación de una periodista que criticaba a un partido de la oposición. Acorralado por los cuatro costados, Bleier terminó admitiendo que "probablemente" había sido "un error", aunque reiteró haberlo hecho "con la mejor de las intenciones".

No se puede negar que la intención es loable, aunque errada. Casos como ese deberían ser inmediatamente trasladados a la Asociación de la Prensa Uruguaya (sobre la cual Bleier prefirió no hacer declaraciones) o hacerlos públicos para evitar suspicacias. Es de suponer que haya cometido el error por su inexperiencia en un cargo asumido 9 meses atrás aunque siendo asesor de comunicación de un presidente que ha sabido identificar públicamente a los medios "opositores" con nombre y apellido, debería medir un poco más el alcance de sus decisiones.

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24 abril 2007

Si la vida es un flujo y reflujo, el arte es un curro recurrente

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Esto es parte de La vida es un flujo y reflujo, la obra ganadora del primer premio en la última edición (la 52ª) del Premio Nacional de Artes Visuales. La que yace semi enterrada es su autora, Cecilia Vignolo, conocida artista plástica bastante afecta a estos horrores conocidos en el mundo del arte como "performances". Como si enterarse de que semejante payasada se llevó 10 mil dólares de recompensa no provocara suficiente indignación, una excelente nota de Inés Moreno publicada ayer en la diaria echa más leña al fuego: "además de pagar los US$ 10.000 destinados al primer premio, el Ministerio de Educación y Cultura exhibirá esta obra todos los años en ocasión de la apertura de cada Premio Nacional durante 35 años".

¿Pero estamos todos locos o qué mierda? Según explica Moreno, "al tratarse de un premio adquisición, y al no poder el Ministerio disponer a su antojo de la obra en su totalidad por razones obvias, la artista ofrece exponer y exponerse durante 35 años". Como no se me ocurre ningún comentario digamos elegante para calificar a Vignolo o al MEC, voy a evitar cualquier epíteto que pueda ofender a alguno de los involucrados: es sabido que últimamente los artistas andan un poco más susceptibles que de costumbre.

De todas maneras, no puedo evitar imaginar el momento de la inauguración de la 82ª edición del Premio para poder ver a Vignolo a las puteadas por un compromiso asumido 30 años atrás. Sí, seguro.

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09 abril 2007

Justicia para los ingleses ya

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Los marinos británicos recientemente liberados por Irán siguen dando muestras de extrema imbecilidad. No conformes con haberse metido sin permiso en sus aguas territoriales y haber sido liberados tras trece días de detención, sin siquiera haber recibido un merecido voleo en el tuje, ahora se quejan de ¡los regalos que recibieron del gobierno iraní! Arthur Batchelor, el integrante más joven del grupo, declaró al diario inglés Daily Mirror que los obsequios del presidente Mahmud Ahmadinejad eran "un montón de basura". Antes de su liberación, como si fuera una entrega de los Oscar, los soldados recibieron una bolsa de cortesía conteniendo, entre otras cosas, caramelos de pistacho, un CD y un DVD (que aparentemente no funcionan) y unos 11 libros sobre Irán y el Islam. Pero lo más indignante fue la decisión de proporcionarles unos trajes grises confeccionados por un diseñador local y una camisa Hugo Boss ¡trucha! Increíble. Es hora de que Inglaterra considere seriamente la posibilidad de denunciar a Irán ante la Corte Internacional de Justicia por esta flagrante violación a los derechos humanos del buen vestir, señores. Por favor, la tierra de Mary Quant y Vivienne Westwood no puede tolerar semejante afrenta... una Hugo Boss FALSA. Horror. Y si no, que lo diga Batchelor: "Esos trajes fueron un insulto. No sólo me quedó chico sino que además era berreta y de mal gusto y la camisa Hugo Boss era una truchada. Podría haber conseguido mejor ropa en una feria americana".
Encima, al pobre Batchelor no sólo lo vistieron como el culo sino que además le robaron el iPod que le había regalado su novia, por lo que se quedó sin poder escuchar en loop la canción que sonaba cuando se conocieron. En fin, hay que reconocer que los iraníes son unos excelentes comerciantes. Según el Daily Mirror, a cambio de las baratijas y las camisas truchas, se quedaron con un botín valorado en más de 700 mil dólares, consistente en dos botes rígidos inflables, un GPS, 14 rifles SA80, dos pistolas 9 mm, varios radiotransmisores, 440 paquetes de cigarros y un iPod. Está claro que el negocio de esta gente no es el petróleo.

Y si se andaban preguntando qué cara puede tener semejante pelotudo, este blog les ofrece una foto de su álbum personal:

Después de cargar con ese uniforme encima, ¿quién puede quejarse por un traje mal hecho?
(¿es idea mía o están bailando YMCA?)

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28 marzo 2007

Pura Pose

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(Spin-off de este otro post, cortesía de lalorubio)

La edición de ayer de la diaria abrió con una nota acerca de la desaparición de Leticia Urrutia, ocurrida casi cuatro años atrás en la ciudad de Minas (Lavalleja). La razón por la cual una noticia que, a priori, debería ir a parar a policiales o sociedad termina ocupando una página y media en la sección de política, no parece ser resultado de un ataque caprichoso del redactor ni un delirio de su editor. La noticia involucra a tres personajes harto conocidos en la mencionada ciudad, dos de los cuales han extendido su fama a nivel nacional. En la escena entran el popular conductor radial Abel Duarte, el ex jefe de Policía de Lavalleja José Pose Sanmartín y Roque Munua, un empresario minuano, propietario de un par de boliches y restaurantes. En el texto que originó este post, se cuestionaba qué tanto tenía que ver esta noticia y la política, arriesgando que quizás la decisión se debería a que Duarte es convencional del Partido Colorado y terminaba preguntando qué sucedería si "un convencional del MPP revienta a trompadas a su compañera". Bien. Las preferencias políticas de Duarte nada tienen que ver en esto; el problema surge cuando Duarte utiliza el aparato partidario (o sus contactos) para tapar cagadas propias o ajenas.

La historia es más o menos así: Leticia Urrutia y su familia se trasladaron a Minas a principios de 2000 para que la chica pudiera ingresar a un programa de desintoxicación de drogas de la Fundación Manantiales. Dos años después, Leticia estaba casi recuperada: había retomado los estudios y comenzado a armar un grupo de amigos, entre los cuales habría algunas personas que la indujeron nuevamente al consumo y empezó a ser figurita repetida en los boliches minuanos.
Por aquel entonces, Pose aún era el jefe de Policía del departamento y Abel Duarte pasaba discos y se encargaba de las relaciones públicas de La Cava, un pub ubicado en el complejo turístico San Francisco de las Sierras y cuyo propietario era Roque Munua. Vale destacar que Duarte y Pose mantienen una amistad de larga data.

Según las declaraciones de varios testigos, el 27 de julio de 2003, Leticia Urrutia estuvo en La Cava, donde permaneció durante buena parte de la noche junto a Duarte, a cuenta de quien tomó varias cervezas, servidas por Munua. Existen versiones -todavía no comprobadas- que afirman que Urrutia se retiró a las 3 de la mañana, acompañada por otras personas. Otra de las conjeturas que se manejan (y sobre la cual sí hay indicios firmes) es que una vez cerrado el boliche, Leticia se dirigió a una de las cabañas del complejo, acompañada por otras mujeres y al menos tres hombres: Duarte, Pose y Munua.

Al parecer, la fiesta privada en la cabaña contó con alcohol y merca a rolete. Al día siguiente, Leticia apareció en su casa pasadísima de rosca y sin su cartera. Según el relato de su madre, Beatriz Travers, cuando le preguntó si la había perdido, contestó que la había dejado "en lo de Munua" y se acostó a dormir. Al despertarse, tomó un taxi para ir a buscarla y cuando llegó, el mismo Munua le dijo que ahí no estaba. Durante los días siguientes, Leticia estuvo más que alterada: no dormía, estaba paranoica y hablaba sola. En la mañana del 2 de julio, su madre decidió internarla en el hospital, donde los médicos aconsejaron atarla a la cama. Dado que la perspectiva era que su hija dormiría toda la noche a causa de los sedantes suministrados, se fue a su casa a descansar y acompañar a su hijo menor.

Al día siguiente, Leticia apareció en su casa con el pelo mojado, fue a su cuarto, sacó algunas cosas y se fue mientras su madre llamaba al hospital para preguntar si le habían dado el alta. Días después, Beatriz recibió la cartera y la cédula, enviadas desde el complejo y llamó para saber qué había pasado. Le explicaron que la habían encontrado entre unos casilleros que estaban al lado de la cabina del disc jockey, precisamente donde había estado Urrutia junto a Duarte. Otra versión, también avalada por algunos elementos del expediente, indica que la cartera fue hallada en una de las cabañas y luego escondida entre los casilleros. De Leticia no se supo más nada desde que se fue de su casa.

Entre los comentarios del post mencionado, se encuentra uno de Marcelo Pereira, director de la diaria, que explica que la inclusión de la nota en esa sección se debió a que "los problemas para llevar adelante la investigación han sido básicamente políticos" y recuerda que el caso del edil de Lavalleja que asesinó a su esposa también fue incluido en la misma seccion, por similares razones.

Duarte, Pose y Munua han sido citados como indagados en la causa que investiga la desaparición de Leticia. Duarte es propietario de una radio FM en Minas, cuya frecuencia le fue otorgada directamente por el ex presidente Julio María Sanguinetti, hecho que Duarte no tiene problema alguno en reconocer. Así lo declaró en una entrevista publicada en Guambia en 2004, citada por la diaria: "[...] en su momento le pedí una radio a Sanguinetti. Le pedí la concesión de una frecuencia cuando se habilitaron varias ondas. Y bueno, se me concedió una radio en Minas. Por eso sé que es un hombre solidario". Alguien que proclama amiguismos tan abiertamente parece más que desconfiable y aun aplicando el beneficio de la duda, su reconocida amistad con Guillermo Stirling no hace más que aumentar las suspicacias. Stirling fue designado ministro del Interior por Sanguinetti en 1998 y fue ratificado en el cargo por Jorge Batlle, tras su asunción presidencial en el año 2000. En marzo de 2004, Stirling renunció para postularse a las elecciones internas de junio de ese año, cuyos resultados lo convirtieron en candidato presidencial por el Partido Colorado.

Por aquel entonces, Duarte manifestaba públicamente su apoyo al ex ministro a través de su radio minuana y de su programa en Radio Oriental de Montevideo, donde en numerosas ocasiones entrevistó a José Pose Sanmartín, quien merece un capítulo aparte en toda esta historia.

En agosto de 2003, el diputado socialista Artigas Melgarejo presentó una denuncia contra Pose por presuntas irregularidades administrativas en su gestión que -entre otras cosas-, incluían desvío de donaciones para la construcción de una nueva cárcel, presuntos vínculos con un narcotraficante a quien dio alojamiento cuando estaba requerido y escuchas telefónicas ilegales.

Para llevar a cabo su proyecto de cárcel modelo que presentó como el buque insignia de su gestión, Pose Sanmartín inició una campaña propagandística en la que instaba a diversos organismos públicos y privados a efectuar donaciones para que la construcción fuese más rápida. Entre las entidades donantes estuvieron Ancap, la Administración Nacional de Puertos, AFE y varias empresas privadas del departamento. Las denuncias contra Pose revelaban que los elementos donados fueron empleados para arreglos en viviendas de su propiedad.

Además, luego de diversas investigaciones se confirmó el uso indebido de propiedades del Estado destinadas únicamente a hospedar funcionarios que necesiten alojamiento temporal en el departamento por motivos laborales. Al parecer, en una de esas viviendas permaneció escondido el narcotraficante Julio D´Eal, mientras estaba requerido por la justicia de Cerro Largo.

El 26 de marzo de 2004, a pedido del entonces presidente Batlle, Pose presentó la renuncia. La dimisión se produjo 10 días después de la dimisión de Stirling, quien fue reemplazado por su vice ministro, Daniel Borrelli. La gota que terminó con la ceguera de Batlle (además de los manijazos de Borrelli) fue una denuncia realizada por una prostituta que acusó a Pose de haber querido drogarla y matarla por celos. Según publicó la diaria, la mujer contó a los investigadores "la relación que la unía con Pose, las fiestas privadas que organizaba y cómo circula la cocaína en esos ámbitos". Al parecer, la denunciante también habría participado en la fiesta del 27 de julio en la cabaña donde habría estado Leticia Urrutia.

Seis meses después de su renuncia, Pose fue procesado con prisión por "peculado en calidad de autor" y estuvo recluido cerca de dos años. La nota de la diaria también rescata una entrevista a Pose, realizada hace poco tiempo por Abel Duarte en su espacio en Radio Oriental. Allí, ambos conversaron sobre los procesos judiciales que involucran al ex jefe policial, incluido el relacionado con la desaparición de Leticia Urrutia, sobre cuya suerte ambos participantes se mostraron "preocupados e interesados", aunque nunca mencionaron la comparecencia de Duarte en la sede judicial.

De acuerdo al relato de la diaria, en la emisión se escuchaba de fondo "una voz, que por las cosas que indicaba (a Pose), parecía ser la de un abogado". La misma nota destaca que Duarte y Pose, además de una bella amistad, "comparten en distintas causas al mismo abogado: Daniel Lescano, que a su vez cuenta con un procesamiento por encubrimiento de homicidio en un sonado caso de la crónica político policial de Minas."

Las implicancias políticas de todo este asunto están más que claras y tienen consecuencias que van más allá del departamento de Lavalleja. Un más que interesante recuadro incluido en la nota, recuerda que cuando Pose fue removido de su cargo, el reemplazo designado por el ex presidente Batlle fue el inspector general Sidney Ribeiro, "que debía dar las garantías para continuar las investigaciones que involucraban a su antecesor", aunque jamás movió un dedo para aclarar algo. Para colmo, mantuvo como secretario personal al comisario Waldemar Lanzaro, que estaba siendo investigado por su desempeño en ese mismo cargo durante la gestión de Pose. Al día de hoy, existe un expediente abierto en su contra, "conexo" al de su ex jefe.

Tras la asunción de Tabaré Vázquez, se designó a Ribeiro al frente de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII), "organización que encabezaba las pesquisas en los distintos expedientes abiertos sobre la conducta funcional y privada de Pose y su entorno". La información consigna que Ribeiro habría intentado llevar a Lanzaro a la DNII, lo que le fue impedido. También agrega que "durante su paso por Inteligencia, Ribeiro le quitó apoyo a las unidades que colaboraban con la Justicia de Minas, al punto de desplazar a uno de los comisarios que más participación tenía". Actualmente, desde agosto de 2005, Ribeiro ocupa el cargo de director nacional de Policía, el más alto del escalafón policial. Lanzaro sigue en Lavalleja.

La nota está firmada por Federico Gyurkovits, que algo del tema sabe. En noviembre de 2003, cuando era el editor de Policiales de La República, Pose, su esposa y su hijo iniciaron una demanda civil en su contra en la que también incluyeron a su director, Federico Fasano y al diputado Melgarejo. Exigían 6 millones de pesos por la lesión a su "intimidad, tranquilidad y seguridad, honor y reputación" a causa de una serie de notas publicadas en el mencionado diario, que dicho sea de paso fue el único medio que le dio amplia cobertura a todo el asunto.

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07 febrero 2007

Dos de ministros

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Con respecto a la aprobación de la renuncia de Nicolini, tengo la idea de que es el primer día en años en que todos los integrantes del Senado estuvieron de acuerdo en algo. Y creo que es algo para destacar, más allá de todos los intereses partidarios que estaban en juego. De todas maneras, el asunto es bastante incoherente con el discurso anticorrupción pregonado por la izquierda. Lucía Topolansky no tuvo pudor alguno en confesar que su sector "estaba en conocimiento de la situación desde el mes de diciembre", lo que a las claras certifica que nunca sabremos qué hubiera sucedido si no aparecía la nota de Búsqueda, por más que digan que igual pensaban hacer público el caso. Pero de todas las declaraciones chotas de estos días, me quedo con las de la ministra de Salud Pública, María Julia Muñoz, a la que calculo que tantos años de borocotóborocotóchaschas le están haciendo mella en el intelecto y cuando va al Parlamento dice cosas así:

Parece que después de una rigurosísima investigación de su ministerio sobre el caso, se concluyó que la culpa es de la "debacle del sistema" actual y los "obsoletos soportes informáticos que existen en el hospital Pasteur". Los registros del Pasteur se hacen en un libro, así que en vez de obsoletos bien podría haber dicho inexistentes. De paso le hace bombo al futuro Sistema Nacional de Salud, su proyecto estrella, diciendo que una vez puesto en marcha, "todas esas falencias quedarán a un lado". Contáte otro, María Julia. En definitiva, que lo que más molesta de esta clase de asuntos, no es que sean tan garcas como cualquier otro, sino que nos tomen por boludos. Nicolini queriendo hacer creer que desconocía necesitar un carnet de asistencia para atenderse en Salud Pública o que su hijo -estudiante de Letras- no lee un papel antes de firmarlo, Topolansky jurando que esto iba a hacerse público aun sin periodistas de por medio y Muñoz imputando todo a algo que ni ella misma sabe qué es. Pero como se ve que para algún parlamentario, la "debacle del sistema" no era suficiente, le preguntó si había algún responsable con forma humana. Y fue cuando María Julia mencionó como al pasar que quien le había otorgado el carné a Nicolini era un becario de 22 años, estudiante de arquitectura, "que no está preparado para esa función". Ahora sí se puso bueno. No se entiende cómo nadie le cuestiónó que si no está preparado para ese trabajo, por qué no lo ponen a cebarle mate a los policías de la puerta. Pero la cosa no terminó ahí, sino que la ministra lo defendió aduciendo que "no se dio cuenta ni quién era Nicolini. Yo a un tipo así, aunque sea una irregularidad, no voy a tomar ninguna medida", lo cual es toda una garantía para la inamovilidad de los empleados públicos, así sean unas mulas iletradas. Pero no es el caso: este es un universitario de 22 años, al que hay que sancionar ya, no por inepto sino por burro ignorante.

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Si a Gargano le quedara algo de vergüenza, debería renunciar hoy mismo. Hoy de mañana, consultado acerca de la noticia publicada en algunos medios sobre la próxima visita de Bush a Uruguay, declaró no estar al tanto de la misma y llegó a ponerla en duda, dada la poca anticipación con que se anunció (ver video). Pocas horas después, Presidencia confirmaba la noticia a los medios (acá y acá). Se entiende, Gargano es un inútil al cuadrado, ¿pero hay necesidad de hacerle estas camas permanentemente a ver si se va solo?

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02 febrero 2007

Eso de lo que todos hablan

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Hace unos días llegó un mail de una visitante de este blog en el que me señalaba que no había hecho mención alguna al caso de Natalia Martínez, la chica desaparecida en Piriápolis. Las razones del mutismo son varias pero la principal es que ya estoy hasta el cogote del asunto. No porque sea un tema menor sino porque me cansé de ver y escuchar toda clase de hipótesis estúpidas y demasiado palabrerío al pedo en cuanto medio escrito, televisivo o radial existe en este país. Me harté de ver en cada noticiero no menos de dos o tres salidas desde el balneario, donde cada movilero, anclado en la puerta de la comisaría, no informa absolutamente nada, porque no hay nada para informar o porque no saben encontrarle la vuelta.

La cuestión principal del citado mail no era esa sino el tratamiento periodístico que se le está dando al asunto y los conceptos éticos que se están manejando: a las claras, ninguno. Y en eso se lleva todos los premios Canal 4, cuyos gerentes informativos agradecen profundamente una noticia de este calibre para así poder dar rienda suelta a sus instintos más sádicos y morbosos. Prueba fehaciente de ello es el informe citado por la lectora, (que para eso era el mail, gracias Matilde) emitido el viernes 26 de enero, cuando se cumplió una semana de la desaparición. La crónica consistió en un rejunte de todas las noticias conocidas hasta el momento sobre el caso, además de testimonios y cuestiones por el estilo. Alguna mente brillante del canal decidió que el informe fuera musicalizado adecuadamente y no tuvo mejor idea que elegir una poética obra de arte cumbiero llamada “Su florcita”, del grupo argentino Agrupación Marilyn:

Tan bonita, tan chiquita / Tan llena, de sonrisa / Perfumada flor / Que crecía.
Doce años cumplía / De la escuela / No volvía / Preocupada se le ve a mamá.
Cuatro horas, se demora / ¿Que pasó? / ¿Por qué lloras?
Dijo una mujer / Y luego la abrazaba/ De repente / Suena fuerte / El teléfono y quien atiende
La mamá / Secándose las lagrimas / Tu florcita / La encontraron / En un gran descampado
Su madre grita sin compasión / Sin vida, estaba / Tirada, golpeada
¿Por qué? ¿Quién fue? / Como es que matan / A una niña tan pequeña / Solo tenía doce años
Toda una vida por vivir...

Lo que se dice sutileza en su máxima expresión.

Cuando hoy todos los diarios nacionales parecen obligados a dedicar no menos de cuatro mil caracteres por día, la diaria es el único medio que se bajó del tren, quizás porque no tiene necesidad de llenar 30 páginas con boludeces, o porque saben medir hasta dónde llegar con la información que otros repiten hasta el hartazgo. Sean cuales sean las razones, un respiro en medio de tanto bombardeo es para agradecer. Y de paso también le doy las gracias a Marcelo Jelen, porque con su columna de hoy me ahorró el trabajo de escribir todo lo que quería decir al respecto:

¿El show debe continuar?
Publicado en la diaria (02.02.2007)

Una serie de televisión sobre policías neoyorquinos que buscan a personas perdidas. El título, en inglés, es “Without a Trace”. Los canales de televisión abierta de los países de habla hispana que la emiten optaron en general por una traducción literal, clara y sobria: “Sin rastro”. El canal uruguayo prefirió “Desaparecidos”, título que remite a la desdicha inacabada de las víctimas del fascismo latinoamericano. Y la banaliza. La elección no es casual. La televisión uruguaya sigue la tendencia universal a imantar el público a la pantalla por su polo más negativo. Entre las honorables excepciones no figura la cobertura de la desaparición de Natalia Martínez en Piriápolis, que cayó cual maná infernal sobre la mesa de producción de los noticieros. En verano suele pasar poca cosa en Uruguay. Pero éste ha sido inusual, con una generosa cantera de noticias: el conflicto con Argentina por la fábrica de celulosa en Fray Bentos, la posible privatización parcial de PLUNA, el TIFA, la pugna interna del Frente Amplio de Maldonado, el campeonato juvenil de fútbol, los reclamos sociales en el campo. Pero se trata de información que merece un mínimo de reflexión y análisis. De trabajo. Los noticieros son el espacio televisivo que más recurre al dato puro y duro. No por eso dejan de apelar a la emoción, a veces con tino, como es el caso del espacio regular que destina desde hace meses “Telenoche 4” a las personas que faltan de su hogar. Ahora, la ausencia de una mujer de 19 años dio a los tres canales privados la oportunidad de llenar varios bloques al día, desde hace dos semanas. Y no porque sobren datos. Durante largos minutos (de 60 segundos, igual que todos, pero que se hacen eternos), los periodistas divulgan desde Piriápolis pistas que, al cabo del noticiero, podrían reducirse a diez líneas de texto. O a cuatro palabras: no pasó casi nada. ¿Acaso los productores de informativos actúan así por sensibilidad? La realidad es mucho más taimada. Las empresas que miden la audiencia lo hacen minuto a minuto, aunque parezca inútil en un mercado enano y difícil de segmentar como el uruguayo. La fragmentación de noticias y la promesa de nuevos datos en el siguiente bloque sirven para encadenar el televidente a la tanda. El sufrimiento de una hermana, el esfuerzo de un policía, el grito de un amigo en la calle terminan en un papel con hileras de números, sobre el escritorio de una agencia de publicidad. ¿Acaso el periodismo, en estos casos, apoya la investigación policial? Más bien ocurre lo contrario, al margen de que un periodista no es policía ni debería querer serlo. En caso de que esto sea un secuestro, un rapto o un homicidio, el criminal puede obtener, en la misma pantalla frente a la que otros se emocionan, datos útiles para ocultar su rastro. Si se trata de un psicópata, el revuelo televisivo también alimentará sus ansias de volver a actuar. Además, estimula la participación de voluntarios en la búsqueda, y muchas manos en una escena del crimen hacen mucho garabato. También alienta el apresuramiento en la pesquisa y en el señalamiento de supuestos culpables. La información divulgada sobre la desaparición de Natalia Martínez abundó en rumores, datos tajantes luego desmentidos con timidez, detalles nimios (un pelo, monedas, los centímetros que separaban un vehículo de otro), acusaciones veladas y hasta perogrulladas falaces (¿desde cuándo un cuidacoches sabe al detalle lo que sucede en la calle y dentro de los automóviles?). Si algo faltaba para convertir este falso reality show en un circo eran adivinos e hipnotizadores. “Telenoche 4” aseguró que la policía seguía las pistas aportadas por uno de ellos, Luis Orsi, y dedicó dos bloques a entrevistarlo. El rostro de este “sanador” salpica su página web, desde la que ofrece “consultas por Internet”, pero, vaya a saber uno por qué, en esta ocasión se sometió al devoto interrogatorio de espaldas a la cámara. Por todo esto, una desgracia como la desaparición de una mujer termina dibujando en el público una sonrisa triste, como de payaso. Se banaliza. Por una vez habrá que coincidir con el conductor televisivo argentino Jorge Rial, que dijo a El Observador: “Es difícil encontrar ética en la tele. La televisión es entretenimiento puro”. Habrá que esperar que los canales uruguayos lo desmientan. Por el bien de Natalia Martínez y de su familia.

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