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22 julio 2009

Estúpidos hombres blancos

29 comentarios

Hace casi tres años, cuando la diaria tenía sólo unos meses de vida, publicó una nota que fue reproducida por el archivo de prensa que el Partido Nacional mantiene en su sitio web. El breve artículo informaba que ese sector político presentaría una moción ante la Asamblea General para lograr la destitución de un portero de OSE.
La absurda noticia pertenecía a "El faro del final del mundo", la sección de humor de la diaria.

Pocos meses después del episodio anterior, en una columna publicada en el semanario Búsqueda, el diputado nacionalista Alvaro Alonso adjudicaba a "simpatizantes del Frente Amplio" la autoría de un pasacalle colocado frente al Ministerio de Economía con la inscripción:"Ladran Danilo, señal de que tienen y les duele". El cartel era uno de los tantos que habitualmente coloca el programa radial Segunda pelota.

Ninguno de los casos mencionados trasciende más allá de lo anecdótico. Pero la columna que sigue a continuación relata un tercer episodio, más reciente y con un desenlace mucho más entretenido, aunque no por eso menos inquietante en cuanto a la ausencia, no ya del rigor periodístico sino de la comprensión lectora más elemental. Con más razón si el currículum del protagonista incluye un título de Maestro de Educación Primaria.

Falta de oficio
Por Marcelo Pereira
Publicado en la diaria 22.07.09

El desarrollo tecnológico ha puesto a disposición de multitudes nuevas herramientas de comunicación y, aunque esto tiene muchas consecuencias positivas, también implica ciertos riesgos. Por ejemplo, queda menos claro qué diferencia a los periodistas de otras personas que usan los mismos recursos; eso puede tener consecuencias negativas relacionadas con la calidad de la información a la que accede el público y, por lo tanto, con la calidad de la democracia, como quedó de manifiesto en un episodio reciente que involucró a la diaria.

Resulta que José Carlos Cardoso, diputado herrerista por Rocha, dueño de Diario del Este y aspirante declarado a la Intendencia de su departamento, difundió el jueves de la semana pasada, mediante correo electrónico, un artículo de su autoría titulado “Depósitos extranjeros con los días contados”, que comenzaba con dos citas:

“‘Los depósitos extranjeros en nuestro país tienen los días contados; se van a ir a la mierda cuando yo pronuncie mi primer discurso como presidente electo’
(José Mujica, la diaria, 01/04/09).”

“‘Dirigentes del Movimiento de Participación Popular coinciden con el diagnóstico de su líder, y explicaron que ‘acá no hay camisita blanca que valga. Cuando el Pepe se largue a hablar, no sólo los depósitos van a salir huyendo; lo mismo va a pasar con las inversiones extranjeras, con las multinacionales, y probablemente hasta con
un par de embajadas’ (la diaria, 01/04/09).”

Cardoso comentaba luego las frases citadas, en términos muy duros.

Ese mismo jueves, un periodista del diario El País se comunicó con la redacción de la
diaria para cerciorarse de que lo entrecomillado por el diputado había sido publicado por este medio. Ese procedimiento periodístico, muy correcto e indispensable, permitió que el colega se enterara de que las citas efectivamente procedían de nuestro periódico, pero no de la sección Política sino de la de humor (“El Faro del Final del Mundo”), que publica desde la primera edición (o sea, desde hace casi tres años y medio) presuntas declaraciones de figuras públicas.

Poco después Cardoso difundió por correo electrónicoque el artículo había sido enviado por error, solicitó que no fuera tomado en cuenta y pidió disculpas. Eso no evitó que El País publicara el domingo, en la parte superior de su página A13, un pequeño escrache al diputado, señalando que había enviado a varios destinatarios una nota con “citas estremecedoras de José Mujica aparecidas en la diaria contra los depósitos de extranjeros”, pero que “tras rastrear el original, se comprobó que no había tales declaraciones” sino que Cardoso “había levantado una columna de humor”.

Los colegas rastrearon el original, pero no el origen del malentendido. Basta con buscar mediante Google las presuntas citas para verificar que, antes de que Cardoso las recogiera, habían aparecido en otros sitios como si fueran auténticas: el 14 de julio fueron invocadas por un visitante del sitio del diario La República; el día anterior había pasado lo mismo en la página de Facebook de la lista 23 (lacallista) de Maldonado y mucho antes, el 15 de mayo, habían sido reproducidas... en el segundo párrafo del editorial principal del propio diario El País, seguidas por el comentario: “Es como piensa el fascismo izquierdista radical”.

El periodista de El País que se comunicó con la diaria la semana pasada hizo lo que no había hecho antes ninguno de los que propagaron las supuestas declaraciones del candidato frenteamplista: un pequeño esfuerzo para que sus lectores no recibieran información falsa. Valoró la veracidad de los datos que tenía en su poder antes que el efecto político que podía causar difundirlos. Como corresponde en este oficio.

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20 julio 2009

And that's the way it is

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Si la muy difundida afirmación de que cada pueblo tiene el gobierno que se merece se aplicara al periodismo, es probable que no admitiera tantos cuestionamientos como la versión original.

Mientras en Uruguay perdemos el tiempo debatiendo las obsecuentes opiniones de un megalómano, en EEUU lloran a su más respetable y estimado periodista: Walter Cronkite, conocido como "el hombre más fiable"* de su país por su tan impecable como extensa trayectoria, murió el pasado viernes a los 92 años.


Cronkite era el Forrest Gump del periodismo norteamericano, presente en cada suceso histórico de su país a partir de la II Guerra Mundial. Fue uno de los ocho periodistas elegidos por la Fuerza Aérea para acompañar a los escuadrones bombarderos en Alemania y aterrizar junto a una de las divisiones de asalto aéreo en la fallida operación Market Garden; tras el fin del conflicto, cubrió los juicios de Nuremberg como corresponsal jefe para United Press.

En abril de 1962 asumió como presentador de la edición central del noticiero de la cadena CBS. Desde ese lugar, un año y medio más tarde, fue el primero en anunciar públicamente la muerte de John Fitzgerald Kennedy. Aún hoy, esa noticia permanece ligada a su imagen en la mente de millones de sus compatriotas, en especial por su espontánea y sentida reacción tras leer el cable que confirmaba el magnicidio. Todos los historiadores televisivos coinciden en afirmar que ese fue el momento que originó el prolongado idilio entre el "Tío Walter" y el público que así lo bautizó.

Su editorial de febrero de 1968 tras su regreso de Vietnam -adonde había viajado para reportar los resultados de la ofensiva del Tet-, sorprendió a una audiencia demasiado habituada a recibir una visión parcial del conflicto: "Ante lo evidente, decir que hoy estamos más cerca de la victoria es creerles a los optimistas que ya se han equivocado en el pasado. Sugerir que estamos al borde de la derrota es de un pesimismo excesivo. Asumir que estamos estancados en un punto muerto parece ser la única conclusión realista, aunque sea poco satisfactoria. En el remoto caso de que los analistas políticos y militares tengan razón y este sea el último hálito de vida del enemigo previo a las negociaciones, en los próximos meses debemos analizar sus intenciones. Pero personalmente, me resulta cada vez más claro que la única salida racional será negociar, no como vencedores sino como personas íntegras que honraron su promesa de defender la democracia e hicieron lo mejor que pudieron". El impacto de sus palabras fue tal, que de acuerdo al relato de uno de los asistentes del entonces presidente Lyndon Johnson, al finalizar la transmisión el ex mandatario declaró: "Si perdí a Cronkite, perdí a la clase media".

La crisis de los misiles cubanos, la llegada a la luna, el asesinato de Martin Luther King y el escándalo de Watergate son algunos de los más relevantes eventos cubiertos por Cronkite. Su influencia supo alcanzar nivel internacional en 1977: en una entrevista con el presidente egipcio Anwar El-Sadat, este declaró que -de ser invitado- iría a Jerusalén a entrevistarse con el Primer Ministro Menajem Begin. Al día siguiente, Begin cursó la invitación correspondiente y así se iniciaron las conversaciones que culminaron con el Tratado de Paz entre Egipto e Israel de 1979, tras más de 30 años de conflicto.

Cronkite renunció al informativo de CBS el 6 de marzo de 1981, habiendo liderado las mediciones de audiencia durante más de una década, tras superar a la cadena rival NBC a finales de los años 60. "And that's the way it is" ("Y así son las cosas") era su frase diaria de despedida. Avísenle a Jorge Traverso que ya no lo va a denunciar por plagio.

* Durante la década de 1970 e incluso en los años 90, todos los sondeos de opinión sobre los personajes públicos más confiables situaban a Cronkite en el primer lugar de las preferencias.

Enlaces:
Fotogalería de la revista LIFE
Remembering Walter Cronkite (CBS)

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11 julio 2009

El payaso del circo

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Como corresponde a un cirquero que se precie de tal, Fernando Vilar respondió a la nota publicada en el portal de la Licenciatura en Comunicación a través de una carta cuyo contenido, además de revelar una pésima capacidad de redacción y un excesivo apego a los puntos suspensivos, no hace más que confirmar su descomunal soberbia. De yapa, subieron el audio de la charla en Trinidad, como para despejar cualquier duda sobre sus declaraciones:



Carta de Fernando Vilar:

Estimados: espero que estas líneas lleguen a quién firma un artículo que me alude y que se llama Juan Manuel Chaves...

Tras haber leído atentamente la reseña, he detectado algunos puntos que no se ajustan a la realidad por lo que me gustaría hacer algunas puntualizaciones....

Es más, algunas situaciones allí escritas, son tan diferentes a lo que verdaderamente ocurrió, que estoy dudando sobre si Chaves estuvo en Trinidad o le contaron lo que allí sucedió. Y si le contaron, le contaron muy mal..

Veamos:

Primera inexactitud: No llegué dos horas tarde... En realidad avisé a la organización con mucho tiempo de anticipación que no podría estar en Trinidad a las 11.00 del dia sábado, como me habían solicitado, sino que recién podría llegar sobre las 14,30 o 15,00 horas. Llegué a las 16.00 con lo que, no creo haya alterado demasiado el orden de los factores.. Es más, estuve 6 horas, entiendase bien, SEIS horas dando vueltas en Trinidad para exponer ante un disminuidísimo auditorio de apenas un 25 por ciento de asistentes.. (yo había asistido a la disertación de Folle más temprano y la sala estaba llena). Se ve que la gran mayoría de asistentes, tenía más interés en el baile de la noche que en los contenidos de un informativo de televisión.-

Segunda inexactitud: Nunca fui designado Jefe de Telenoche. En realidad hasta marzo del 2007 era, además de conductor, Sub-gerente del Departamento de Prensa, cargo que ya no poseo. Soy solamente conductor de la edición central.-

Tercera inexactitud: Que "no aquilaté el gesto" de que me hayan permitido hablar aún fuera de hora. No tenía nada que aquilatar. Entre otras cosas porque no hubo ningún gesto de nadie... y si lo hubo, habría que ver de quién fue.. Como dije, llegué a Trinidad a las 16.00. En ese momento me dijeron que mi disertación era a las 17.00. A las 17.00 me dijeron que era un poco más tarde.... Cuando estaba a punto de hacerla, me pidieron para "intercalar a Folle" porque acababa de llegar y se tenía que volver rápido a Montevideo... Por supuesto que acepté..

Entonces me dijeron que mi disertación iba a ser a las 20.00. A esa hora me invitaron a concurrir a un programa de radio que estaba saliendo al aire en esos momentos a través de una emisora que tenía sus estudios cerca del lugar donde se realizaba el Encuentro. Fuí hacia allí con mucho gusto. Primero porque jamás me negué a ser entrevistado por nadie y en ningún sitio. Segundo porque tengo por los periodistas del interior un particular respeto por saber con las dificultades que realizan su trabajo. Me hicieron la entrevista, nos sacamos fotos y volví al lugar donde debía disertar. En esos momentos me informan que antes de mi ponencia se iba a realizar la "puesta en común" de los talleres que se habían hecho minutos antes. "Son seis profesores que hablarán 5 minutos cada uno", se me dijo. Hice el cálculo y deduje que en unos 35 minutos por fin subiría al estrado para estar en contacto con los chicos. Hablaron entre 12 y 14 personas... en una sucesión de palabras que por momentos me pareció tan vacía que me dió pena saber que estaba ante futuros periodistas y comunicadores... Que horrible poder de síntesis, me dije. Y al instante pensé... "No. Esto es afán de protagonismo". Y no me equivoqué. Comencé a analizar cada una de las intervenciones y preguntas que se hacían desde una sala cada vez más desinteresada en aquello aburrido y pesado que estabamos presenciando.... Y más... comencé a pensar en lo lejos que estaba todo lo que escuchaba de lo que es la realidad... una realidad con la que se van a encontrar todos esos chicos años después... y me dije...." yo tengo que hablarles de la realidad tal cual es y no de la realidad que quieren los sociólogos, sicólogos, analistas en semiótica, y toda esa gran cantidad de gente que vive en una nebulosa de ideales que en la vida cotidiana no se encuentran en ningún lugar....Mientras casi me duermo en mi asiento analizando estas cuestiones y escuchando un murmullo de fondo que nunca entendí que perseguía... me invitan a subir al estrado.... Eran las 22.00 horas..

Te parece mi estimado Juan Manuel que yo era quién debía aquilatar algún gesto..? Gesto de quién..? Tu pensás que alguien me obliga a recorrer 400 kilómetros de ida y vuelta y a pasar toda una tarde lejos de mi familia y de mis cosas en las únicas horas libres que tengo en toda lansemana..? Tú pensás que no lo hago con placer..? Tu, de verdad, pensás que debo yo agradecer el gesto de regalar toda una tarde de mi vida, a alguien que en defintiva no se bien quién es...?? Creo, mi estimado Juan Manuel que si alguien tiene que agradecer no soy precisamente yo...

Pero, no importa esta es tan sólo una de las tantas inexactitudes de tu relato....Tengo más...

Cuarta inexactitud: Nunca estuve indignado por nada... Es una apreciación equivocada tuya, o de quién te contó lo que sucedió en Trinidad...

Quinta inexactitud: Nunca me presenté como conductor de un programa de entretenimientos...Mal que te pese a tí o a quié sea, soy el conductor del noticiero más visto de la televisión uruguaya... Ahhh y esto es desde hace casi 20 años...ahh y no lo digo yo, lo dicen los números que los sociólogos, analistas y especialistas no quieren ver...

Sexta inexactitud: No hice ni tengo por que hacer ningún alegato de nada. EL MEJOR NOTICIERO DEL MUNDO ES EL QUE VE MAS GENTE Y NO EL QUE LE GUSTA MAS A LOS PROFESORES Y A LOS ALUMNOS DE PERIODISMO...Yo debería hacer alegatos en defensa de Telenoche, si fuese el menos visto o el más rechazado por la gente que es a la que nos debemos....

Te agradezco mi querido Juan Manuel, el párrafo donde decís: Para Vilar lo único que importa es mostrar lo que a la gente le gusta y en ese enfoque todo vale"" Yo pregunto: a quién puede sorprender esto....?

Qué tenemos que hacer mi estimado Juan Manuel... un noticiero que le guste a los estudiantes de periodismo que se reúnen una vez por año a intentar re-descubrir América...?? Tenemos que hacer un noticiero de televisión que le guste a los profesores de la Católica, o de la UDELAR, o a algún político de turno que se cree pro-hombre.. o a algún otro iluminado de esos que se pasan diciendo como se deben hacer las cosas y nunca han tenido la oportunidad de hacerlas, tal vez porque sólo saben hablar y nunca saber hacer...???

Tu estás entre los iluminados o entre los que consideran que la gente existe...?? y que la televisión es para la gente y no para 4 o 5 que se creen los dueños de la verdad ???

La decisión sobre de que lado está uno, va a favorecer el entender o no esta dura realidad que nos toca vivir...Hay más..

Séptima inexactitud: Decís que ante mis dichos el público comenzó a retirarse en forma masiva. No es cierto. El salón ya estaba casi vacío. Es más. Si es verdad que estuviste allí, habrás notado como, después de los talleres casi nadie volvió a ocupar sus lugares. Y los pocos que lo hicieron fueron corridos por la nonotonía abrumadora de quienes hicieron la puesta en común de esos talleres.-

Octava inexactitud: Que no recibí la estatuilla y un premio de los organizadores. Ambas cosas me fueron entregadas. Es más. La jóven que me dió la estatuílla- es la tercera que tengo en casa porque fuí a casi todos los Encuentros- me pidió disculpas por la hora en que me estaba yendo y además me regaló un precioso mate con mi nombre grabado, cosa que agradecí como corresponde pero a quién correpondía y no al auditorio.

Mi estimado Juan Manuel, me parece que son demasiadas inexactitudes, para una crónica tan pequeña. Es más. Si esa crónica la hubieses hecho para algún medio que hace de su credibilidad, su capital, tendrías serios problemas para mantener tu trabajo.

Por último Juan Manuel.. no entender que es lo que hay que hacer en una empresa comercial como lo es la televisión privada uruguaya, es igual a tener un exámen sin aprobar en la carrera de cualquier periodista...

Tambien dije que a diferencia de la televisión comercial, Canal 5 hace muy buena televisión.. Eso pareció no importarte..

Tranquilo... acabo de enteder que en Uruguay hay dos tipos de periodistas. Los que trabajan y hacen lo que tienen que hacer todos los días para que haya noticias en radio, televisión y diarios y los que no trabajan y se la pasan hablando, debatiendo, discutiendo y haciendo tésis sobre cualquier cosa.

La diferencia entre unos y otros es bien clara....Unos construyen el mundo y hacen la historia con errores y aciertos.....y los otros la critican pero nunca van a entrar en ella.....

En definitiva unos son importantes y los otros si no existiesen daría lo mismo.......

Estimado Juan Manuel, por último quisiera pedir que esta respuesta sea enviada exactamente a los mismos destinatarios que recibieron tu crónica original sobre lo sucedido en Trinidad.. De todas formas si no es así, quedate tranquilo que yo no voy a volver a escribir sobre esto.... Tengo mucho trabajo que hacer....Telenoche se hace todos los días y no una vez al año como los Encuentros de Comunicación....

Fernando Vilar
Conductor Telenoche 4

Enlaces:
Sala de Redacción: La reacción de Fernando Vilar (audio y carta disponibles para descargar)

Gracias a todos los que avisaron de esta publicación.

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09 julio 2009

El circo de Fernandito

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Retrato de un comunicador
Por Juan Manuel Chaves
Publicado en Sala de Redacción, portal de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad de la República.

La comunicación te da sorpresas. El 4º Encuentro de Jóvenes Comunicadores, que tuvo lugar en Trinidad el pasado 4 y 5 de julio, fue concebido para que los periodistas y estudiantes compartan sus impresiones sobre la labor y la responsabilidad del comunicador. Esta fue la base del evento y así se desarrolló.

Pero la consigna, al parecer, no fue bien entendida por todos los panelistas. El sábado a la tarde el informativista Fernando Vilar, de Canal 4, desarrolló su presentación. Nadie esperaba algo distinto a la línea que se venía exponiendo.

Llegó dos horas más tarde de lo previsto. De todas formas, la Organización pudo modificar el orden de presentaciones para que Vilar tuviera su espacio. De alguna manera, la deferencia obedecía a la figura de Vilar, uno de los informativistas más reconocidos de la TV. En 2008, además de presentar las noticias del informativo central de Canal 4, fue designado jefe del informativo. Pero Vilar no aquilató el gesto. Estaba indignado, al parecer porque debió esperar para realizar su ponencia; la modificación en el orden de oradores lo llevó a tener que demorar su exposición. No era sólo eso lo que lo alteraba: parecía intuir lo que iba a venir.

Se presentó como “conductor de un programa de entretenimientos”, lo que despertó la sorpresa de todo el auditorio. Su exposición fue más bien un alegato ante las críticas que recibe por el informativo. Nadie lo había atacado aún, pero él ya se estaba defendiendo. Su programa es cuestionado principlamente por el perfil que le da a las noticias, sobre todo a las policiales. “Acusan al informativo de amarillista, pero no lo es”, sostuvo el orador.

Expresó que “hay programas muy buenos en Televisión Nacional, pero los ven 15 mil personas. Mi programa lo miran 300 mil, por lo que tan malo no debe ser”. Para Vilar lo único que importa es mostrar lo que a la gente le gusta; en ese enfoque “todo vale”.

Las caras de asombro dominaban la sala, muchos comenzaban a murmurar. Vilar prefirió provocar al auditorio: afirmó que todo (en televisión) lo hace por la plata y “si algo vende, vá”. El público reaccionó: un señor sentado en primera fila se levantó y atacó verbalmente. Vilar respondió en forma despectiva: “No sé si mi programa es bueno, a mi me miran 300 mil personas”. Con esa afirmación Vilar intentó cerrar su presentación. El moderador del evento propuso una instancia para las preguntas. El “conductor del programa de entretenimientos” aceptó a desgano.

- “¿Por qué pone música en las noticias policiales?”, preguntó un joven participante.

- “La musiquita gusta, entonces se queda”, respondió Vilar.

- “¿Considera que el periodismo se debe hacer sólo por lo que a la gente le gusta, sin importar lo que se muestra?”, consultó otro estudiante.

A lo que Fernado Vilar respondió: “Un circo está para hacer plata, mi programa hace lo mismo”.

- “Entonces ¿el periodismo es un circo?”, repreguntó el joven.

- “No. ¡Me estás haciendo enojar! Por favor, sólo voy a contestar preguntas interesantes”.

Esta afirmación, en lugar de desmotivar a los jóvenes a preguntar, los entusiasmó. Varias manos se levantaron, todos querían conocer en profundidad el sentido de la labor periodística que concebía Vilar.

“Voy a contestar sólo dos preguntas más porque mañana tengo que levantarme a las nueve para hacer el informativo” afirmó Vilar. El público repudió esta situación y comenzó a retirarse del salón masivamente. Era una forma de rechazo al contenido de sus palabras, a la forma en las que las dijo y por rehusarse a responder más preguntas. Fernando Vilar hizo lo mismo, se levantó y se retiró velozmente. Los organizadores ni siquiera pudieron entregarle una estatuilla y un obsequio que tenían previsto.

Nadie lo podía creer. Ni los periodistas presentes ni los estudiantes.

Miguel Nogueira, conductor de "Buscadores", era el próximo orador. Se disculpó, dijo no poder realizar su ponencia en ese ambiente. No llegaba a comprender la actitud de su colega y temía que que sus emociones lo traicionaran.

Los comentarios impregnaron la segunda jornada de "Comunicarte".

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13 noviembre 2008

Vueltitas en la calesita

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Por Osvaldo Cervinho

Para celebrar sus 90 años de vida, el diario El País decidió editar una colección titulada Mil fotos rescatadas del olvido. Se trata de un documento que recopila imágenes que están en propiedad del archivo del matutino, ordenadas con un criterio que mezcla lo temático y lo cronológico.

Evidentemente, un trabajo así queda para la posteridad: las personas lo guardan en sus casas y las futuras generaciones lo podrán tomar como fuente de consulta histórica. Esto debe generar una gran responsabilidad en la persona encargada de la selección del material y la redacción de los textos que acompañan las imágenes. De las decisiones que esa persona tome a la hora de elaborar el material, dependerán la imagen y las posibles interpretaciones que en el futuro se hagan sobre los hechos retratados.

Tamaña tarea recayó en el ex editor de Sábado Show, Miguel Alvarez Montero. Su nombre aparece en letras grandes en la página 3 de cada tomo, aunque curiosamente no aparecen los nombres de los fotógrafos que tomaron las imágenes. Una omisión penosa, que seguramente se debe a que las fotos no fueron archivadas de la mejor manera durante años y ahora los datos son imposibles de conseguir. Sin embargo, no deja de ser injusto para los chasiretes. Tal vez se podría haber solucionado agregando en cada tomo, los nombres de quienes han integrado el staff de reporteros gráficos de El País. Hubiera sido caballeresco, al menos.

El tomo VIII de la colección dedica 31 páginas a imágenes vinculadas a los años previos a la dictadura (pág. 50 a 61) y al período en que el gobierno colorado de Bordaberry primero y de los militares después, decidieron ignorar la Constitución, además de los derechos civiles y humanos (pág. 62 a 81).

A la primera parte, Alvarez Montero la titula “Aquellos años del odio y el terrorismo”. Casi suena divertido. “Aquellos locos años veinte”. Ocurrente, Miguel para escribir. La segunda se llama “La dictadura cívico-militar”. No quiero detenerme en el detalle de que siempre que aparece la palabra "tupamaros", figura así como lo escribí, entrecomillado , pues escapa a mi capacidad de comprensión el por qué se hizo así. ¿Será porque Alvarez Montero está citando a alguien cada vez que los nombra? ¿Porque pretende ser irónico? ¿Es un intento estigmatizador? Tanto da.

Sí quiero referirme a una parte del último párrafo de la introducción al capítulo:

El ejército se hizo cargo de la situación en las calles convocado por el gobierno de Pacheco Areco y en 1972, al cabo de varias exitosas acciones (ya bajo el gobierno de Juan María Bordaberry) se pudo dar por prácticamente derrotada a la guerrilla urbana. Pero para entonces los militares habían asumido un rol preponderante del que ya no querían “bajarse”
(esas últimas comillas también son de Alvarez Montero, seguramente en un intento de comparar la palabra “tupamaros” a “bajarse”)

Por fin veo que alguien interpreta la historia como yo, hecho que se nota específicamente en una palabra: bajarse. Porque está claro que los militares eran como unos niños subidos a una calesita y querían dar alguna vueltita más. Se encapricharon estos chiquilines tan simpáticos. Entonces, sin pagarle al señor que vende las entradas en una boletería con forma de hongo en el Parque Rodó Infantil, los muy pilluelos garronearon unas vueltitas. Y encima no dejaron que otros niños se subieran, qué feo.

Luego vienen las fotos. Las primeras once páginas muestran la cárcel de Punta Carretas y la de Miguelete. También se ve el Club de Golf tras ser atacado con una bomba. Otra imagen muestra a dos niños, los hijos de un señor llamado Dan Mitrone. Ese señor fue ejecutado por los “tupamaros”, dice Alvarez Montero, “bajo el argumento de que era un experto norteamericano en la lucha anti-guerrillera que vino a asesorar a la policía en cómo extraer de los detenidos, mediante métodos no ortodoxos, información valiosa”. Un grande Miguel, dueño de una pluma desbordante de talento para el eufemismo. En las 31 páginas logra no escribir nunca la palabra tortura (ni siquiera “tortura”).

No hay necesidad de seguir versando sobre las fotos. A esta altura está claro. No aparecen jamás fotos de las marchas populares de resistencia a la dictadura (sólo una de un caceroleo en los ’80), tampoco hay imágenes de la represión a los estudiantes y a los obreros. Ni siquiera aparece un miliquito a caballo corriendo a un hincha en una cancha de fútbol. Gran editor, Miguel.

Sí se puede ver a un grupo de militares ingresando al Parlamento, a Bordaberry y su familia recibiendo sonrientes a un también sonriente Juan Domingo Perón, al mismo dictador uruguayo desfilando con Augusto Pinochet -cuyas muecas similares a una sonrisa asustan-, la inauguración del puente Fray Bentos – Puerto Unzué (llamado “El puente de la discordia” por Alvarez Montero, al Goyo saludando también entre risas al dictador argentino Leopoldo Galtieri, al mismo Goyo con el Rey Juan Carlos caminando por la Plaza Independencia, al Coronel Bolentini chupando en un boliche con periodistas, y poco más. Vueltitas en la calesita.

La edición de este trabajo muestra una intencionalidad clarísima, al punto que no quiero caer en un remate interpretativo, porque lo que escribiría sería demasiado obvio. Es más, prefiero terminar con un disparate. Si pueden ver este tomo, miren la foto de la detención de Lucía Topolansky. Más allá que la tienen parada con los brazos puestos como si fuera una heroinómana mostrando las marcas que le dejó picarse, se descubre que de joven estaba fuertísima.


Nota de la redacción: al parecer, Alvarez Montero tiene otros grandes antecedentes de ignorancia.

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20 octubre 2008

Defensa parcial

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Si hay algo poco habitual en los medios nacionales -además del conocimiento de las reglas básicas de ortografía y gramática- es la presencia de la figura del defensor del lector u ombudsman. Hasta julio de este año, la única publicación que hizo el intento fue Riesgo País, la fallida revista de María Urruzola. En Argentina, el espejo más cercano que tiene la prensa nacional, la historia no es muy diferente: tras algunos cortos intentos por parte de la revista La Maga (QEPD), el primer medio en brindar un espacio permanente a la defensoría fue el diario Perfil en su primera etapa (mayo a julio de 1998). Tiempo después, tanto Clarín como La Nación crearon un cargo similar, que nunca nombraron como tal y cuya función estaba básicamente limitada a responder cartas de lectores. También a esa tarea se dedicó el periodista Nelson Castro en la actual segunda etapa de Perfil, razón por la cual terminó siendo erróneamente bautizado por el propio medio como "Ombudsman del diario Perfil". Según la Organization of News Ombudsmen (ONO), el ombudsman de prensa es quien "recibe e investiga quejas de lectores, espectadores u oyentes de radio y televisión sobre precisión, justicia, imparcialidad y buen gusto en la cobertura de la información", siendo su función principal "recomendar medidas o reacciones apropiadas para corregir o aclarar reportes de prensa". La enorme mayoría de las veces, la labor de Castro en Perfil se limitó a agradecer a los lectores por su participación.

A mitad de este año, la diaria se convirtió en el primer diario nacional en crear un espacio para la defensoría de sus lectores, a cargo de Darío Klein. La nueva sección se presentó el 21 de julio, fijándose como objetivo "mejorar la calidad de la relación entre periodistas y lectores, [...], ayudarnos a procesar demandas, darles respuesta y corregir errores, [...]; ayudarlos a conocer mejor los procedimientos periodísticos y el modo en que los aplicamos, para fortalecer su capacidad de análisis y de incidencia". También, para evitar posibles suspicacias, aclaraba que el trabajo de Klein no sería costeado por el medio sino por la filial uruguaya de la Fundación Friedrich Ebert.

Tengo que admitir que -no por falta de interés sino de tiempo- en estos últimos tres meses no estuve muy al tanto de los casos tratados por la defensoría de la diaria: apenas recuerdo una explicación acerca de la política de escribir dios con mayúscula o minúscula y no mucho más. Sin embargo, esta vez esperaba la columna de Klein porque intuía que podía tocar un tema que, quiero suponer, habrá generado algún que otro debate en la interna del diario. Las expectativas fueron cumplidas, incluso superadas, aunque todavía no sepa si en el buen o mal sentido.

A la columna de Marcelo Jelen publicada el pasado viernes 10, le siguió una poco feliz aclaración de Marcelo Pereira -director del medio en cuestión- que pudo leerse en la edición del lunes 13:

Aclaración necesaria

la diaria ha señalado desde su primera edición que “las opiniones vertidas en los artículos firmados son de exclusiva responsabilidad de sus autores”, y este criterio se aplica, obviamente, a las columnas de opinión, entre ellas la de Marcelo Jelen publicada el viernes pasado en la página 2.

En esa columna se atribuyen al Frente Amplio como tal una serie de posiciones e intenciones, sin aclarar si han sido expresadas por las autoridades de dicha organización, por el gobierno nacional o alguno de sus integrantes, por sectores del Frente o por individuos con o sin representatividad política. Pienso que así no se ayuda a comprender la realidad ni a resolver problemas.

Por otra parte, el autor no parece percibir que ser frenteamplista pueda tener algo de positivo, y concluye que es mejor sentirse ajeno al Frente Amplio para poder cambiar de opinión cuando a uno se le ocurra, sin asumir responsabilidades en un proceso colectivo. No estoy de acuerdo.

Marcelo Pereira

De acuerdo a la columna de Klein, la publicación del recuadro "desató la ira de numerosos lectores", cuya mayoría apoyaba a Jelen por considerar que el director estaba ejerciendo una presión sobre el columnista. Pero para que se entienda mejor lo que pretendo cuestionar después, este es el texto completo del defensor:

Aclaración de aclaración

Sabido es que lo que los humanos solemos llamar “realidad” es una masa amorfa, inabarcable e inaprensible. Los periodistas, con humildad, tratamos simplemente de seleccionar una ínfima parte de ella, y contársela a un lector, televidente, internauta o radioescucha, que asumimos que está del otro lado. Para ello, en la prensa, contamos con distintas herramientas gráficas y narrativas.

Desde el punto de vista escrito, lo primero que decide un periodista, a la hora de contar una historia, es dónde se ubicará en relación con la “realidad” observada. ¿Se limitará a contar lo que vio, preguntó o le contaron? Entonces escribirá una noticia o nota informativa. ¿Lo hará de manera más o menos cronológica con cierta dosis de interpretación? Entonces tiene en sus manos una crónica. ¿Contará solamente lo dicho por otra persona? Publicará una entrevista. ¿Hará un análisis de los hechos? En ese caso estará frente a una columna o un artículo de opinión. ¿Esa opinión es el punto de vista oficial del medio? Editorial.

Reportaje, testimonio, reseña, crítica, humor… son otras de tantas formas de contar el cuento.

la diaria ofrece a sus lectores varias columnas fijas, incluyendo la de este defensor de los lectores. También cuenta con secciones aisladas de opinión, firmadas, sobre temas específicos. A diario los lectores pueden leer noticias, entrevistas, reportajes, críticas.... Pero, contra lo que es habitual en la mayoría de los medios, este diario carece de un editorial formal. Es decir, no le dice a sus lectores cuál es la posición oficial del medio frente a ningún tema.

Tras una columna de opinión firmada por Marcelo Jelen que se publicó el 10 de este mes, el director de la diaria, Marcelo Pereira, creyó conveniente manifestar que él no estaba de acuerdo.

Ese recuadro, publicado el lunes 13, desató la ira de numerosos lectores, que vieron allí una presión al columnista y que consideraron que el recuadro titulado “aclaración necesaria” era absolutamente innecesario.

La mayoría de los que escribieron lo hicieron para darle su apoyo a Jelen y expresar su identificación con su punto de vista, y otros para discrepar y expresar el propio.

Consultado por este defensor, el columnista negó haberse sentido presionado, y en cambio elogió el debate de ideas. También consideró injusto achacarle “autoritarismo” al director de la publicación quien, según Jelen, es el encargado de editar las columnas y quien jamás impidió ni impediría –dijo- ninguna publicación o argumento.

Por su parte, Pereira aclaró que su nota fue escrita a título personal y no como director del medio.
Explicó, además, que el papel del director periodístico en la diaria “no es igual al de directores-dueños de otros medios, por el detalle de que la amplia mayoría de la directiva –cuatro en cinco- es elegida y removible por los trabajadores”.

Por otra parte, ambos aclararon que estuvieron en contacto previo a la “aclaración” de Pereira, y que Jelen la avaló, según dijo, porque serviría para que quede claro, de una vez por todas, que sus columnas “son columnas, y no editoriales”.

Este defensor de los lectores conoce la relación personal que existe entre columnista y director de la publicación, lo cual lo hace descartar cualquier sospecha de presión indebida. Sin embargo, reconoce que es cierto que la impresión que pudo haber dejado en cualquier lector es esa: la de la de un jefe retando en público a su subalterno.

Una de las reglas de la lucha contra la corrupción pública reza que no sólo es necesario que los gobernantes sean honestos, sino también que lo parezcan. Eso también se aplica a los periodistas.

Por eso, salvando las enormes distancias con este caso, no es apropiado que un periodista viaje con gastos pagos por una empresa, ni que reciba regalos de una fuente de información. Por eso no es conveniente que un periodista sea a la vez encargado de prensa de una empresa o vocero de una oficina pública.

Por eso, no es apropiado que el director de la publicación, aunque sea un director con cargo precario y perecedero, contradiga a un columnista, con otra columna en la que, sin fundamentar, dice que no está de acuerdo.

Entre los fundamentos de los géneros periodísticos expuestos previamente, figura el que indica que la dirección de ningún medio se hace jamás cargo por la opinión que tienen sus columnistas. la diaria además lo aclara en cada número.

Y así debe ser. Eso es libertad, eso es independencia, y eso es garantía de variedad de voces para el público.

O sea que decir en un recuadro que no está de acuerdo parece haber sido tan inútil como lo sería decir que está de acuerdo cada vez que ello ocurre. Hubiera sido deseable que, en lugar de negar, Pereira expusiera su propio punto de vista, en una columna aparte.

Este defensor considera que en esta ocasión, el director de la diaria se equivocó.



No puedo más que coincidir con Klein y la validez de todos sus argumentos. La decisión de Pereira es algo en lo que prefiero no ahondar sólo para no hacer esto más largo de lo que ya es y además porque tampoco diría nada muy distinto de lo anterior. Lo que sí me resulta cuestionable es la sentencia final de tan particular alegato, en el que se hace difícil encontrar otro objeto de defensa que no sea Marcelo Jelen, que será lector pero es, ante todo, un periodista del medio en cuestión.

Un técnico informático muere de risa contándoles a sus colegas que un usuario novato le preguntó cómo apagar su computadora, un abogado penalista puede llegar a suponer que Aberratio Ictus es un término manejado por cualquiera y un periodista podría pretender que todos los lectores conozcan la diferencia entre un editorial y una columna de opinión. La aclaración de Marcelo Pereira no fue ni una cosa ni la otra y si bien muchos pueden haberlo considerado un error, otros habrán sentido que estuvo en lo correcto. Tanto unos como otros son lectores; el problema es cuando su defensor abandona la imparcialidad y se transforma en el "defensor-de-los-lectores-con-los-que-estoy-de-acuerdo".

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30 junio 2008

Cómo cagar un diario más o menos bueno

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El Observador deja de usar correctores. Fasano cambia su personal a un ritmo de media redacción cada dos meses. El País contrata buenos periodistas jóvenes por chirolas mientras mantiene a vejertos impresentables a sueldos de diplomático. ¿Cómo hacen los empresarios periodísticos más serios para hacer mierda sus propios diarios?

Nos lo cuenta Pablo Pardo, del madrileño El Mundo, a propósito de la primera visita de Rupert Murdoch a su nueva fábrica de hard candies: el muy neoconservador The Wall Street Journal. Ajo y agua, queridos colegas de por allá. ¿Vos no estabas para sacar la foto, Dani?

Otrosí, después de leerlo verán cuán justificada está la etiqueta "obituario" para este post.


ASPIRA A QUE EL 'JOURNAL' SEA COMO EL 'TIMES'
El periodismo 'serio', según Rupert Murdoch

PABLO PARDO

WASHINGTON.- A veces, una simple caja de cartón puede hacer las funciones de un pedestal. Así lo debieron de pensar los redactores de 'The Wall Street Journal' el pasado 13 de diciembre, cuando Rupert Murdoch, cuyo conglomerado News Corporation acababa de comprar ese periódico y todas las demás cabeceras de la empresa Dow Jones, se dirigió a una plantilla que le profesaba una mezcla de odio y desprecio indisimulados subido a una caja en la que se guardaban folios para las impresoras.

Fue el primer encuentro de Murdoch con sus nuevos empleados, una casta periodística que no se distingue exactamente por su humildad, y a quienes el nombre de su nuevo dueño les recuerda lo contrario de lo que se supone que el 'The Wall Street Journal' es: sensacionalismo, chicas en 'topless', interferencia de la propiedad del medio en su línea editorial, noticias cortas y un inequívoco tono conservador (esto último es algo muy peculiar para 'The Wall Street Journal', cuya sección de noticias es la más izquierdista de la prensa estadounidense, mientras que la de Opinión es la más conservadora).

Son unas diferencias irreconciliables. Acaso porque, como señala Mark Bowden –ex redactor del Journal– en el último número de la revista The Atlantic Monthly, Murdoch está en la línea de magnates como Hearst o Pulitzer cuando "los periodistas no eran escritores, sino macarras y estafadores".

Murdoch quiere hacer un poco más macarra el periódico que acaba de comprar, para que arrebate el título de diario de referencia de EEUU 'The New York Times', la némesis del Partido Republicano y, de paso, el único diario aún más elitista que 'The Wall Street Journal'. Y, más o menos, así se lo ha explicado a la plantilla. Primero, en su reunión de diciembre. Y ahora, en otro encuentro, hace un mes, en California. Éstos son los 'Cinco Mandamientos de Rupert Murdoch' para que sus chicos del 'Journal' se coman a los del 'Times':

1. "No te pasarás editando los textos". A Murdoch le molesta que en 'The Wall Street Journal' corrijan los textos hasta dejarlos absolutamente impecables. "En este momento, cada historia en el diario está siendo corregida o editada, en promedio, por 8,3 personas. Todo el mundo que ve una noticia dice «qué pasa con esto, qué pasa con esto otro", dijo en mayo.

2. "Escribirás noticias cortas". Eso es algo que provoca sarpullidos a los redactores del Journal, porque les parece que es caer a los niveles de 'Financial Times', un periódico que siempre ha tratado, sin éxito, de alcanzar el puesto prominente del diario financiero neoyorkino. Pero Murdoch opina que las noticias eternas que son marca de la casa de The Wall Street Journal no tienen razón de ser: "No hay una sola noticia en la que no puedas meter todos los hechos en la mitad de espacio".

3. "Buscarás exclusivas". Una de las primeras consignas que Murdoch dio a los jefes de The Wall Street Journal es que quiere exclusivas. Algo más que notable porque ese diario destaca, entre otras cosas, por las noticias que levanta, sobre todo en su edición online. Pero eso no es suficiente. Como dijo en mayo, "tenemos que tener más periodistas donde los necesitamos".

4. "No buscarás el prestigio". A Murdoch no le importa demasiado la respetabilidad. En la reunión de diciembre, su mano derecha en 'The Wall Street Journal', Robert Thomson, explicó a la redacción que "es importante ser respetado; pero quedar enterrado en la historia es, ciertamente, mortal". El dueño de News Corporation, además, opina que la presión de internet está haciendo que los periódicos hayan iniciado una carrera cuesta abajo en cuestión de calidad.

En otras palabras: hay un amplio margen para empeorar. El mes pasado ya dijo que las empresas de medios impresos de EEUU "han realizado todas las reducciones de costes posibles en la producción, pero no en el periodismo. Ahora van a empezar a hacerlas en el periodismo, y éste se va a deteriorar tremendamente".

La estrategia comercial de Murdoch refleja que el prestigio no le importa. Dentro de unos meses, 'The Wall Street Journal' se venderá conjuntamente con el tabloide 'The New York Post', también de News Corporation, por un dólar (0,64 euros).

5. "Asumirás riesgos". Sacar más exclusivas, editarlas menos y no preocuparse por la reputación equivale a asumir grandes riesgos. En el primer trimestre del año, el número de rectificaciones en 'The Wall Street Journal' ha crecido un 25% en relación al mismo periodo de 2007. Aunque eso no parece preocuparle a Murdoch. Porque, como dijo Thomson, "el que se quede quieto, será arrasado".

Y, aunque eso no lo dijo, el que no esté de acuerdo, puede irse, como ya ha hecho una parte considerable de la plantilla de 'The Wall Street Journal' desde que el diario pasó a manos de News Corporation. Es algo que a Murdoch parece que no le importa. Ahí está para confirmarlo la frase con la que se despidió de sus empleados en diciembre: "Bueno, esto es todo lo que tengo que decir. Así que volver a vuestros sitios y aseguraros de que no os pisen ningún tema mañana".


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25 junio 2008

El nuevo periodismo (uruguayo)

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Sí, soy un chanta. En lugar de generar un texto específico para esta ocasión, decidí autoplagiarme, y citar un viejo texto de mi blog. Más allá del pelotudismo, hay una excusa que justifica mi decisión: homenajear a cursos para/lelos, como una suerte de ombusman de los consumidores de medios. Y también, buscar hacer calentar media neurona a la inmensa cantidad de oligofrénicos que salen de las carreras de comunicación, entre los que me incluyo.
Salute, y aguante Unión Atlética (Gaviota, no existís).



Mediocres precavidos
Hay una frase que se repite, por parte de tantos y tantos egresados de comunicación de las hermosas instituciones de enseñanza terciaria: "no hago periodismo de periodistas". Primer grave error: en todo caso, al menos digan “periodismo sobre (lo que hacen otros) periodistas”. Evítense el papelón y aprendan gramática, analfabetos. Pero lo lamentable es que repiten su afirmación como si fuera una verdad absoluta, como si fuera tan cierto, que no necesita demostración. Para ellos, es un axioma. Y me hincha la punta de la japi. El que no quiere que los periodistas sean considerados plausibles de ser protagonistas de información, es el que tiene miedo de equivocarse y quedar pegado en el futuro. Es el que tiene cola de paja o el que tiene mala leche. Son protagonistas de un corporativismo estúpido. Me hacen acordar a los que hablan de “códigos”. Los “códigos” del fútbol, los “códigos polítios”, los de carnaval y todos los que se les ocurran, jamás ayudan a quien hace las cosas bien. Siempre están para cobijar al que metió la pata. “No lo prendas fuego, tené códigos”. A ver: si un periodista no dice que otro cometió un plagio o que un medio mintió ¿no está ocultando algo importante a sus lectores / oyentes / televidentes? ¿No es importante para la población de un país estar al tanto de la calidad de los medios que consume?


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06 diciembre 2007

Pugilato periodístico I

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Hace ya un tiempo, Carlos Tanco le tiró un palito a Daniel Figares desde una entrevista en Voces del Frente:

Pero además te estás peleando con tu propia generación.

Con parte de ella. Aunque en realidad con generaciones más grandes. Después están aquellos que quedaron perdidos a partir de la apertura. Esa etapa que vivió su casi tierna adolescencia y juventud en la dictadura y la cosa se les abrió cuando tenían 18 ó 20 años. Son los tipos, como Daniel Figares por ejemplo, que tiene una concepción de sí mismo tan exagerada, que están como paranoicos. Se consideran grandes personajes de la historia y de la cultura nacional. Cada vez que veo una entrevista a Figares no lo puedo creer. El loco está convencido de que está censurado y que el Frente Amplio le tiene mucho miedo. Gente que estuvo en esa primavera en la que eran jóvenes, donde se sintieron que manejaban todo. Hay una especie de cosa mesiánica en esa generación: "yo ya las viví todas y me manejo con la verdad" y también bajo una "pulcritud moral", el "yo nunca transé". Es un poco rudimentario hablar de quienes transan o no con esa facilidad. Sí, uno a veces en la vida tiene que transar y negociar.

Y por supuesto, aunque un poco tarde, Figares le contesta con el mismo mesianismo que Tanco le cuestiona.

Me preocupa un poco que el mismo tipo que cuenta haber pasado La marcha de la bronca en el SODRE en plena dictadura sea uno de los principales responsables de la llegada de Petinatti a los medios. No tengo la más pálida idea de qué tiene que ver una cosa con la otra, pero en algún momento de la tarde me pareció un buen cierre.


Dicho sea de paso...¿alguno de ustedes, amables lectores, recuerda el jingle que cantaban ambos personajes en ocasión del "partido" que habían creado para las elecciones de 1989? Porque si mal no recuerdo era algo así como Figaaares y Petinaaatti votan lista doble cero/luchando por el futuro/les van a dar por el cu... (no, no se decía culo en la radio por aquel entonces) pero hasta ahora nadie parece recordarlo y tengo una apuesta pendiente. ¿Era así o sólo es producto de mi amplia imaginación?

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